Opinión

La jubilación de los delincuentes

La visita del papa Francisco y el jubileo para varios miles de prisioneros tendrá efectos que irán mucho más allá de las personas directamente involucradas

Por:
marzo 22, 2017
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La jubilación de los delincuentes

Todo parece indicar que la esperanza del gobierno y el trabajo de los medios será que la venida del papa repita lo que sucedió con el Premio Nobel de Paz al presidente.

Comenzamos por los debates alrededor del ‘jubileo’ con propuestas de todas las toldas, desde la oposición, pasando por las de la lagartería, hasta las del gobierno.

‘Jubileo’ será en el sentido bogotano de que ‘nos jubilarán’, nos saturarán, nos aburrirán con las noticias y los debates sobre el tema.

Pero ‘jubileo’ también porque como proyecto puede ser una especie de jubilación a quienes como prisioneros han pasado más de las 4/5 partes de su sentencia en la cárcel.

Si ‘solo serán 3 000 el primer año’ o si como número total en el tiempo beneficiará a unos 40 000, lo que no hay duda es que sus efectos irán mucho más allá de las personas directamente involucradas.

Nuestras cárceles no tienen por propósito ‘resocializar’ como supone ser su razón de ser, sino tanto por desviación de su objetivo como de su funcionamiento solo sirven como parte de un sistema represivo, de venganza de la sociedad contra el delincuente.

Sobre pocos temas hay tanta unanimidad respecto a fallas del Estado como sobre la falta de una política criminal y sobre el horror de lo que significa el hacinamiento en nuestras cárceles como violación a los derechos humanos.

 

La impunidad que caracteriza nuestro sistema judicial
se contrarresta con la arbitrariedad institucional
cuando la mitad de los encarcelados no han sido vencidos en juicio

 

Además, la impunidad que caracteriza nuestro sistema judicial se contrarresta con la arbitrariedad institucional cuando la mitad de los encarcelados no han sido vencidos en juicio y muchas veces ni siquiera se ha iniciado su proceso.

Así quien cae en manos de nuestro sistema carcelario entra a una escuela de delincuencia.

Pero también es un hecho que, independientemente de los datos que produzca el gobierno, la sensación de inseguridad en la ciudadanía se ha disparado, y si algo la puede multiplicar es la idea de que los graduados de esa escuela salgan a ejercer.

Ahora pareciera que el nuevo ministro de Justicia hubiera llegado como opositor al gobierno Santos: como si antes de posesionarse no se hubiera enterado que entró al gobierno que dirigió las políticas de su cartera durante los últimos siete años, destacó que en los últimos diez años se han promulgado 56 reformas penales, todas para aumentar los castigos sin que eso haya disminuido en nada la delincuencia…

 

 

En los últimos diez años se han promulgado 56 reformas penales,
todas para aumentar los castigos
sin que eso haya disminuido en nada la delincuencia…

 

 

Bien señala que es respondiendo a la coyuntura medática que se hacen esas reformas al Código Penal, sin ninguna línea directriz ni referencia diferente de la presión de quienes crean y/o explotan las noticias.

Sin embargo no encuentra grave que se repite el proceso pero en sentido inverso. Se proponen medidas ahora de alivio pero sin ninguna coherencia o insersión a un desarrollo previsto.

Quienes han vivido y logrado adaptarse por años a las reglas y condiciones de nuestras prisiones obligan a los individuos a convertirse en seres diferentes; difícilmente podrán encontrar en el nuevo espacio respuesta a las costumbres adquiridas. Serán otra forma de desplazados, aún más desarraigados y con menos acogida que los insurgentes. Pocas alternativas tendrán diferentes a las de retomar el camino que casi naturalmente o exclusivamente se les presentará.

A los exguerrileros por lo menos se les ofrece vías de reintegración a la sociedad. A la mayoría no les sirve ni creen en ella pero podrán aprovechar lo que los beneficia.

Lo menos que deberían contemplar los proyectos de ‘jubileo’ serían las condiciones para que quienes ganen así su libertad puedan integrarse a ese mundo inevitablemente agresivo contra ellos; para que no sean sentenciados a un destino peor y además peligroso para el resto de la ciudadanía.

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