Texto escrito por: Carmelo Antonio Rodríguez Payares
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“Miro pasar la vida y sus encantos
y ya no siento ninguna ilusión,
yo solo miro tan solo cosas negras,
negra es la noche de mi corazón”.
Reconozco una cosa: cada vez que escucho esta canción, de inmediato me veo sentado en una de las mesas de una heladería llamada “El Paraíso”, ubicada en una esquina del parque principal de Bijao, en El Bagre, un lugar de “ambiente familiar”.
En aquellos tiempos la ingenuidad lo llenaba todo y nunca se me pasó por la cabeza que aquella voz era la de un costeño de racamandaca que se fue por la senda estrecha de interpretar boleros, a contramano de lo que hacían sus paisanos cumbiamberos y vallenateros.
Ocurre que cuando uno consulta en las redes algo sobre este personaje que en días pasados tuvo un percance de salud, le aparece lo siguiente: Alcibíades Alfonso Acosta Cervantes (Soledad, Atlántico, 5 de noviembre de 1938), conocido como Alci Acosta, es un cantante, músico y compositor colombiano de boleros. Además es uno de los más conocidos intérpretes colombianos del bolero, además de pianista.
Por cosas de la vida alguna vez tuve la suerte de visitar Soledad y el único recuerdo que se me quedó en la memoria para siempre fue una cancha de fútbol, que en vez de grama era toda de arena, razón por la cual cada vez que el viento era más fuerte de lo normal —que entre otras cosas era muy frecuente— el partido era suspendido, pero jamás se me ocurrió pensar que estaba en los terrenos de ese gran cantante que hizo de su piano la herramienta más poderosa para hacernos querer sus canciones.
Esta es la segunda estrofa de la canción que lleva por título “Tango negro”, autoría de Belisario De Jesús García De La Garza.
“Ese querer tan hondo y arraigado
que no lo puedo de mi alma separar
esa es toda la causa de todos mis quebrantos
y esa es toda la causa de todo mi penar”
Alci Acosta pasó su infancia en Soledad, Atlántico y luego se trasladó a la ciudad de Barranquilla, donde estudió piano y más tarde empezó a trabajar como pianista en varias orquestas locales.
Su carrera como solista data del año 1965 cuando tiene la oportunidad de grabar su primer sencillo bajo el título Odio gitano, una composición de Cristóbal Sanjuán.
Años más tarde graba a dúo varias canciones con el ecuatoriano Julio Jaramillo entre las cuales hace otra versión de Odio gitano y Dos rosas. Hizo varias giras al exterior, en las cuales visitó países como México, Venezuela, Perú y Ecuador, donde es recordado con gratitud por grabar con Julio Jaramillo la mencionada canción.
Con una extensa discografía, sus seguidores casi siempre se detienen en canciones como Traicionera de Jaime R. Echavarría, El contragolpe de Miguel Ángel Valladares, Si hoy fuera ayer de Edmundo Arias, La cárcel de Sing Sing de Bienvenido Brens, El último beso y su mayor éxito: La copa rota de Benito de Jesús.
En el año 2022, después de la muerte de su esposa, Ruth Agudelo, se retiró de los escenarios y volvimos a saber de él por su estado de salud, noticia que ha manejado con acierto su hijo el Checo Acosta.
“Tango negro” continúa de la siguiente manera:
“Jugome, una negra traición
por otro querer me dejó
tan negra tenía su alma de hiel
que toda mi vida por siempre manchó
su amor fue un infierno voraz
quemó la ilusión de mi ser
qué negro destino, qué largo camino
qué abismo se abre a mis pies”
Y es ahí cuando uno queda a dos cervezas de “El Paraíso”.
Y así, entre las nostalgias de un piano y los suspiros que se esconden en cada canción, Alci Acosta ha sido el compañero de siempre en el corazón de quienes hemos encontrado en su voz un refugio para el amor, el desamor y los recuerdos que nunca se marchan.
Su canto, profundo y cargado de sentimiento, ha acompañado despedidas, amores imposibles, noches de soledad y lágrimas que muchas veces no encontraron palabras.
Porque hay artistas que no solo cantan: también sienten por nosotros, les ponen melodía a nuestras heridas y nos recuerdan que hasta el dolor puede convertirse en una hermosa canción.
Alci Acosta es uno de ellos, un hombre que hizo del bolero una manera de abrazar el alma y que, con cada interpretation, nos enseñó que mientras haya un corazón dispuesto a recordar, su voz seguirá viva, como un eco eterno de amor, nostalgia y vida.
Los seguidores de ayer, hoy, mañana y de siempre, le pedimos a los dioses del olimpo del bolero que le permita estar con nosotros otro tiempo más.
Y así concluye su canción “Tango negro”:
“En un café de céntrica avenida
bailaba tango, suspirando amor
era de negro, como ella se vestía
y resaltaba más su perdición
Oh negra vida, cómo te desprecio
tú eres la causa de todo su baldón
porque tú le ofrendaste el oro en abundancia
porque tú le pintaste de negro el corazón
Jugome, una negra traición
por otro querer me dejó
tan negra tenía su alma de hiel
que toda mi vida por siempre manchó
su amor fue un infierno voraz
quemó la ilusión de mi ser
qué negro destino, qué largo camino
qué infierno se abre a mis pies”
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