La incomprendida zarigüeya

Los mitos han mostrado a este animal como feo, sucio, peligroso y violento, cuando eso no es cierto. La educación ambiental tiene un papel vital para cambiar esa mentalidad

Por: Francisco Javier Flórez Oliveros
febrero 05, 2019
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La incomprendida zarigüeya

“No era más que una zarigüeya semejante a cien mil otras. Pero yo la protegí, le cuidé, ahora es única y especial en el mundo, es mi amiga” Tomado y adaptado de El Principito (Le Petit Prince, 1943), Antoine de Saint Exupéry

Historia

Desde que, en febrero de 1500, el explorador español Vicente Yáñez Pinzón y sus hombres descubrieron en Brasil una zarigüeya hembra con sus cachorros, estos mamíferos del Nuevo Mundo, que tienen recién nacidos embrionarios, han constituido para los europeos un motivo de excesos retóricos. Como es el caso de muchos animales exóticos, la primera descripción de la zarigüeya la consideraba un conjunto de retazos de especies conocidas. Por ejemplo, Richard Eden, en su traducción de 1555 del De Orbe Novo de Pedro Mártir de Anglería, describía la zarigüeya como "una bestia monstruosa con el semblante de zorra, cola de tití, orejas de murciélago, manos de ser humano y pies de mono, que lleva consigo sus cachorros en un vientre externo muy similar a una gran bolsa o saco". El capitán de navío John Smith, jefe de la colonia de Jamestown, que transcribió el vocablo algonquino que significa "bestia blanca" al inglés "opossum" (del que deriva el actual "opossum" que designa, en ese idioma, la zarigüeya) fue algo más comedido e hizo de ella una mezcla de rata, gato y cerdo (Tomado Steven N. Austad, 1988).

 Oración a la Chucha

“Piensen los hombres de ti, animalia de Dios, cuando fueren servidos… Hueles cierto no a nardo y azucenas, pero bañas el mundo con el perfume de tu amor maternal y si es abominable tu hediondez vives aislada y huida de las gentes como que sabes de la persona de mal aliento no debe vivir en sociedad y que si no fuera por tus glándulas mefíticas enfadarías menos que el hombre, que de su cuerpo todo exhala incomportable hedor".

Mitos sobre la chucha común o zarigüeya

Los mitos que han mostrado a la zarigüeya o chucha común como un animal feo, sucio, de mucha peligrosidad, de bastante cuidado porque puede ser violento, peligroso y que puede transmitir enfermedades como la rabia, son únicamente eso: mitos. Por esta razón, se ha venido trabajado con estrategias de educación ambiental para cambiar esta mentalidad. Sin embargo, la ignorancia generalizada sobre este marsupial se presenta a diario en las diferentes ciudades y departamentos de nuestro país (Fundación Zarigüeya – Fundzar 2016).

Frente a los mitos e historias creadas sobre la zarigüeya, el Pbro. Roberto Jaramillo Arango, en su escrito Monografías Botánicas y Zoológicas, trabajo realizado entre los años 1944 - 1945, y reimpreso en el año 1986, realiza unos apuntes muy particulares sobre la chucha, donde, entre otras citas importantes, realiza apuntes sobre la clasificación, caracteres, lugares que habita, etología, especies colombianas, nombres, folklore y por último una oración a la chucha.

Biología de la chucha común o zarigüeya

En América actualmente se mencionan casi 100 especies pertenecientes al orden Didelphimorphia (Voss y Jansa, 2009). Cerca de 50 especies para Colombia y 12 para los municipios del área metropolitana del Valle de Aburrá (Solari et al, 2013).

Las zarigüeyas son mamíferos, parientes lejanas de los canguros, los koalas y los ualabíes. Son originarias del continente americano y se distribuyen desde Canadá hasta Argentina. Se les conoce con diferentes nombres, dependiendo de la región y del país. Existen casi 100 especies (Gardner, 2008; Voss y Jansa, 2009) en total y se estima que 38 de ellas habitan en Colombia (Solari et al., 2013).  América del Sur tiene un gran número de especies endémicas y la mayor diversidad. Las condiciones medioambientales actuales y el desconocimiento acerca de la importancia de esta especie, incrementan su vulnerabilidad, esto como una aproximación al conocimiento de la biología de la zarigüeya común, una especie amenazada por el crecimiento urbano el desconocimiento generalizado, y la poca inversión en la investigación de esta importante especie.

La alimentación es de carácter omnívoro, comen desde frutas maduras, vegetales, hojas, néctar, flores, invertebrados, pequeños vertebrados, hasta carroña (Feldhamer, 2003). El periodo de gestación promedia 12 a 15 días, posteriormente las crías pasan al marsupio y permanecen allí durante 60 o 70 días más; luego son resguardadas en nidos fabricados por sus madres con hojas y ramas secas, generalmente en el suelo o en oquedades de árboles, dichos nidos son empleados como guaridas (Vaughan, 1999).

Estado actual de la chucha común o zarigüeya

En las ciudades y su periferia, las zarigüeyas deben enfrentarse a varios escenarios que potencialmente las conducen a la muerte: ser atropelladas por vehículos motorizados; ingresar a viviendas y a urbanizaciones; entrar a fincas que contengan aves de corral y encontrarse con personas que las matan porque piensan que son ratas gigantes, y la presencia de animales de tenencia doméstica como perros y gatos que las atacan. Según las categorías establecidas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el estatus de conservación para la especie Didelphis marsupialis, se define o interpreta como una especie en riesgo menor y de preocupación menor (UICN, 2012).

Las zarigüeyas se encuentran en un nivel intermedio de la cadena trófica, siendo los grandes carnívoros y las rapaces nocturnas, sus principales depredadores (Martin, 2001). Actualmente en muchas regiones de Colombia, debido al aspecto y sabor de su carne, parecido al pollo, son cazados para alimento, sin embargo, la población de zarigüeyas puede ser benéfica, debido a que pueden controlar las poblaciones de roedores, serpientes venenosas para el hombre, insectos, arañas y alacranes.

 

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