La ignorancia de los que votarán No en el plebiscito

“Quienes rechazan los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc están guiados por la desinformación”. Opinión de Pablo Obando

Por: Pablo Emilio Obando
Septiembre 21, 2016
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La ignorancia de los que votarán No en el plebiscito

Seguramente me lloverán sapos y culebras, insultos, agravios e injurias por esta columna. Pero la considero necesaria y  oportuna para la coyuntura política, social, económica e histórica que decidiremos los colombianos el próximo 2 de octubre, fecha en la cual decidiremos sobre la suerte colectiva de nuestro país en materias tan importantes como la paz y la reconciliación. Por supuesto que mi voto es por el SÍ y tengo muchas razones para ello.

Me parece, después de análisis de documentos, lectura de los acuerdos de PAZ,  de escuchar a destacados e importantes especialistas en materia de procesos de PAZ y de  sondear comentarios de las distintas redes sociales, además de reflexionar sobre la historia dolorosa de Colombia en los últimos decenios, en el caso concreto de la lucha fratricida Estado-Farc, que no existe motivo o razón alguna para apoyar el No. Salvo, los fanatismos políticos, la ignorancia, el desconocimiento y la falsa percepción promovida por personajes que con su actuar han dado muestras de criminalismo, corrupción y oportunismo electoral.

No encuentro intelectual alguno que esté contra los procesos de PAZ. Por el contrario, pensadores e intelectuales del mundo apoyan irrestrictamente estos acuerdos y recomiendan apoyarlo en las urnas. El mismo Vaticano se ha pronunciado a favor y el papa ha dado muestras fervorosas para que la PAZ y la reconciliación toquen el corazón de los colombianos. Organizaciones como la ONU se han pronunciado abiertamente a favor, la Corte Penal Internacional ha dado su visto bueno y recomienda iniciar en Colombia un nuevo camino hacia la PAZ, los diferentes estados y gobiernos del mundo han manifestado su beneplácito por este logro histórico, la Unión Europea ha mantenido un compromiso continuo y permanente,  el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo  (PNUD), la Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito (UNODC) y la Organización de Estados Americanos (OEA), promovieron y aconsejan apoyar los acuerdos logrados. Estados Unidos, la primera potencia mundial, en todo momento ha mostrado su acuerdo con lo alcanzado en los acuerdos de PAZ. Altos mando militares, activos y retirados, se complacen en celebrar y aprobar lo acordado. Las mismas víctimas de las FARC han dado muestras de perdón y reconciliación y se han sumado a promover entre la sociedad colombiana un apoyo irrestricto al SI. Grato mirar a hijos, esposas y nietos de los diputados del Valle, asesinados en su secuestro por las FARC, perdonando a sus victimarios y estrechando su mano en un verdadero acto de reconciliación y PAZ.

Seguramente quedarán algunas heridas difíciles de sanar y olvidar. Pero es más grato saber que estamos a punto de escribir una nueva historia para los colombianos. No podemos seguir en la cotidianidad de la guerra y la muerte, que condenamos y deploramos. De ahí que no podemos permitir que un grupo de resentidos, manipulados y desinformados opositores al proceso de PAZ tiren por la borda todo lo logrado y acordado y que, sabemos, es un punto de partida para la construcción de una nueva Colombia. Se habla en sus huestes de desintegración de la sociedad, de anulación de los derechos civiles, del fin de la propiedad privada, de impunidad total y  la reiteración de un “castrochavismo” que ni siquiera se sabe qué es o en qué consiste, de unos costos altos de un post conflicto, de entregar el país a fuerzas oscuras y peligrosas, de aniquilar las estructuras jurídicas y democráticas de Colombia. Argumentos todos falsos y falaces. Sus promotores Álvaro Uribe Vélez, Pacho Santos o Fernando Londoño, entre otros,  no tienen ni el peso político ni moral para hablar de integridad pública o ética política o democrática. Y, por el contrario, así parte de la sociedad trate de ignorar sus acciones, el dedo de la historia los señalará como corruptos, inmorales y oportunistas.

Y como se trata de materia tan importante como la misma Paz y sus incidencias en lo social, económico, cultural o psicológico para los colombianos, no podemos callar en aras de una supuesta tolerancia con las diferencias. Los respetamos en la medida que no los odiamos o despreciamos, en la medida que nos hemos permitido diálogos sin escuchar argumentos válidos, en la medida exacta en que los vemos y los sentimos como seres obnubilados, equivocados, resentidos y manipulados, pues ninguno de ellos, existirán las excepciones,  se ha tomado la molestia patriótica de leer los acuerdos, de  recorrer en los textos las páginas de nuestra historia sangrienta, de reconocer el valor de la vida en cualquiera de los bandos. Y repiten maquinalmente frases incoherentes, consignas aprendidas, ofensas reiteradas y cargadas de odio y rencor.  Y, justamente por ellos nos corresponde votar por el SÍ, porque solo así seremos capaces de crear y fundamentar un nuevo ciudadano, más tolerante, más crítico, más pensante y más humano. No creamos que el país más poderoso el mundo apoya ciega y estúpidamente unos acuerdos que ponen en peligro la estabilidad del planeta o de una parte de él, o que el papa es un soberano cretino que no sabe lo que dice o apoya. O que los cientos de intelectuales del mundo son  peleles y que todos sus méritos y triunfos académicos y científicos son producto de su estulticia.

Tiene mucho de estupidez apoyar por el NO, pues pretende atarnos a un pasado de guerra, de muerte y dolor. Es más, nos hace ver en el concierto internacional como una sociedad carente de sesos y capacidad para pensar y discernir. Tanta estupidez únicamente podría aceptarse en hechos que afectarían en material familiar o personal, y creo que ni siquiera así, pero no cuando lo que está en juego  es el inicio de un proceso que nos permitirá salir del atolladero en que estamos metidos hace más de sesenta años. El No es una clara demostración de irracionalidad, de deshumanización total, de resentimientos inútiles y barbaros, de anticristianismo.

Pero aún es tiempo de pensar, de tomarse la molestia de leer o de realizar unas nuevas miradas a nuestro momento histórico.  La estupidez únicamente puede ser disculpada cuando es consecuencia de la falta de criterio o inteligencia. Atrevámonos a ver qué pasa, tengo la certeza de que jamás nos podría ir peor de lo que estamos y, por el contrario, nos ahorraríamos muchos muertos, cientos de desplazados, ingentes recursos del presupuesto  nacional y superaríamos esta enfermedad critica de la violencia que nos ata a la guerra y al dolor.

Estamos dispuestos a la crítica, pero que sea inteligente, argumentada, sustentada, analizada o tan solo sentida. No queremos ver palabrerías de pastores chantajistas y bandoleros que han hecho de la palabra su negocio personal, mucho menos escuchar a resentidos y desubicados colombianos que únicamente hablan de cárcel y venganza o la estulticia de políticos corruptos y clientelistas que abren su boca pensando con los músculos de su estómago o sus posaderas. Bienvenida la crítica y ello no debe implicar odio o rencor, debe significar pensamiento y cambio. Pero si de elegir entre la PAZ o la guerra se trata, estar con la segunda, en verdad, lo veo y lo siento como un verdadero acto de estulticia y rencor. Quizá Pacho Santos pase a la historia como el nuevo Gandy de la Guerra, o Fernado Londoño como el paladín de la moral y la justicia. No sé, todo es posible en una tierra como la nuestra.

@peobando

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