La historia detrás del 9 de junio, día del estudiante caído

Como dijo José Martí en 'Nuestra América': "El estudiantado es el baluarte de la humanidad y su ejército más firme"

Por: Farid Sanchez Gomez
junio 09, 2020
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La historia detrás del 9 de junio, día del estudiante caído
Foto: Vidal Romero

Un 7 de junio de 1929, una marcha estudiantil se tomó las calles de la fría y gris capital de Colombia. Muy cerca al Palacio de Nariño, los estudiantes agitaban consignas contra el gobierno del conservador Miguel Abadía Méndez, mal llamado dirigente del país, quie ya contaba entre sus estadísticas el saldo de la masacre perpetrada por el ejército colombiano y la United Fruit Company contra miles de trabajadores bananeros de Ciénaga, Magdalena.

Entre las tantas exigencias de los estudiantes, la que más retumbaba entre las concurridas calles del centro de Bogotá era la de la renuncia de Abadía Méndez al cargo de presidente de Colombia. Como era de esperarse, el tratamiento a la manifestación fue el mismo que se la da hoy a la protesta social: bolillo, tiros y patadas.

Los estudiantes no se intimidaron con los hostigamientos de la fuerza pública que respondió con disparos. Gonzalo Bravo Pérez, estudiante de Derecho de la Universidad Nacional, recibió una de esas balas que le cegó la vida en la plenitud de su juventud.

El fatídico hecho provocó que al día siguiente (8 de junio), en el sepelio del estudiante Gonzalo se movilizaran miles de ciudadanos para acompañar el féretro y rechazar rotundamente el accionar violento del gobierno de Abadía Méndez contra los estudiantes que exigían las peticiones (aún vigentes) de igualdad, superación de la pobreza y educación para la inmensa mayoría de excluidos de nuestra vilipendiada patria colombiana, saqueada y gobernada por indignos de la herencia de nuestros próceres.

De inmediato, el 8 de junio se colocó en la historia como el día del estudiante caído y combativo. Sin embargo, otro horroroso hecho salpicó de sangre esta fecha. Esta vez, en medio de las marchas conmemorativas del día del estudiante (8 de junio de 1954), hubo un enfrentamiento contra la policía que pretendía desalojar la Universidad Nacional. Esta acción terminó con la vida de Uriel Gutiérrez, estudiante de filosofía y medicina. Una ráfaga de disparos acabó con su vida.

Al día siguiente, 9 de junio de 1954 diversas universidades marcharon hasta las puertas del Palacio de Nariño, donde residía el presidente Rojas Pinilla. La manifestación fue bloqueada por el Batallón Colombia (que recién había participado en la guerra de Corea) que abrió fuego a discreción contra la masa estudiantil. El acribillamiento dejó el trágico saldo de nueve estudiantes asesinados y varias decenas de heridos.

Sin duda, la historia del movimiento estudiantil colombiano está llena de amargos pasajes. Los casos más recientes (porque hay muchos casos de estudiantes asesinados y desaparecidos por el Estado) son el del joven Dylan Cruz, asesinado por la policía, y el de Manuel Cubillos, de un disparo en la cabeza con escopeta calibre 12 en medio de las manifestaciones del 21 de noviembre del 2019, cuando las calles estaban colmadas de personas exigiendo asuntos fundamentales para una vida digna, como acceder a la educación superior, escenario propicio para la superación de la pobreza.

En este día de los estudiantes cabe recordar que hay miles y miles de jóvenes que ansían poder tener la valiosa oportunidad de acceder a un cupo en una universidad pública y convertirse en profesionales, pero son contados los que logran dar el salto al escenario académico. Para nadie es un secreto que acceder a la educación superior en Colombia es un privilegio y no un derecho fundamental. Muestra de ello son las altas matriculas financieras en las universidades privadas y los escasos cupos disponibles en universidades públicas, disputados en su mayoría en una competencia desigual.

A diario muchos estudiantes se enfrentan a perturbadores enemigos: el hambre, la escasez de recursos, el alto costo de la vida, la desigualdad socioeconómica y la zozobra por no tener el dinero de la matrícula. Estos enemigos no dan tregua, a diario son romantizados y normalizados por los medios de comunicación con frases como esta: “estudiante se supera en medio de las dificultades”... Como si estudiar en medio de dificultades fuera un asunto normal.

Las banderas de una educación pública de calidad y con cobertura son las consignas más vigentes. Estas se agitan con fuerza en las manifestaciones coloridas de los estudiantes de este pedazo de tierra llamado Colombia, donde con ímpetu y con la munición certera del pensamiento crítico han mostrado su solidaridad con la causa noble de alcanzar una paz con justicia social para los desamparados.

“Vivan los estudiantes porque son la levadura del pan que saldrá del horno con toda la sabrosura para la boca del pobre que vive con amargura” (Mercedes Sosa).

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