Opinión

La geometría de la vida

Un recorrido por el legado de la estrella en el firmamento del arte latinoamericano, a los 97 años de su nacimiento

Por:
agosto 31, 2019
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La geometría de la vida
Eduardo Ramírez Villamizar, fotografía de Hernán Díaz, Biblioteca Luis Ángel Arango Banrepública

Eduardo Ramírez Villamizar cursó unos años de arquitectura en la Universidad Nacional de Bogotá, entre 1940 y 1943. Que siempre es camino fácil para muchos que no encuentran la ruta directa en acudir las artes plásticas.

El paso definitivo al arte abstracto lo dio en París, poco después de su llegada a esa ciudad en 1950. Siempre vinculado al arte geométrico, Ramírez realizó una obra personal, caracterizada por la relación estrecha de unas formas planas presididas por la línea recta.

Entre 1959 y 1964, Ramírez Villamizar realizó numerosos relieves. Los de 1962 fueron dedicados a la geometría americana.  El artista le interesaba la orfebrería precolombina, y era un estudioso del Museo del Oro, donde fue descubriendo el diseño y la organización de las formas.

 

16 torres, Bogotá

Desde antes de sus primeros relieves, el artista ya había realizado incursiones en el campo de la escultura. En 1963, en medio de su producción de relieves, trabajó la escultura que hizo como su Homenaje al poeta Jorge Gaitán Durán. Entre 1964 y 1966 Ramírez realizó otras esculturas: una dedicada al poeta Eduardo Cote, Saludo al astronauta y otra Reliquia.

Ramírez Villamizar vivó en Estados Unidos desde los primeros años cincuenta. Vivió en Nueva York de 1967 a 1974 y trabajó al lado de Edgar Negret. Allí comenzó a trabajar láminas de plástico, inclinó los planos que siempre se habían mantenido como paredes, y estableció la dinámica del espacio interior dentro de la escultura.

De 1967 a 1968 aparecen las Construcciones de donde salen los Círculos intersectados, “Construcciones suspendidas”, las Construcciones topológicas. Pese a sus diversas morfologías, todas estas series están íntimamente relacionadas. En 1971, Ramírez Villamizar realizó cuatro torres en concreto en una autopista de Vermont. A partir de esta obra trabajó la Columnata en Fort Tryon Park de Nueva York, y las 16 torres en los cerros orientales de Bogotá, a la altura del Parque Nacional con las que pretendía darle un sentido de optimismo al carácter capitalino.

 

Flor-Pájaro-Caracol

En 1973 hizo otras esculturas públicas en Estados Unidos: Hexágono, en Nueva York, y De Colombia a John Kennedy en los jardines del centro cultural Kennedy Center de Washington.

En 1974 el artista regresó al país y se instaló en la lejana Suba a trabajar en una casa y estudio que contaba con un bello jardín en donde le buscaba formas a la naturaleza. Allí tenía en un impecable orden sus colecciones y libros de obras precolombinas y cientos de caracoles. Ese contacto silente y cercano a la naturaleza se manifestó de muchas maneras en su obra. Por esos en esos años realizó su tema de mundo natural como Peines del viento, Insectos policromados, Caracol-pájaro, Flor-pájaro-caracol.

 

Doble victoria alada, basada en la Victoria de Samotracia, Avenida El Dorado, Bogotá

Finalmente, 1994 el artista realiza algunas construcciones públicas como la Victoria de Samotracia en la Avenida El Dorado de Bogotá. Un largo recorrido por la geometría que lo hace ser una estrella en el firmamento del arte latinoamericano.

Eduardo Ramírez Villamizar nació en Pamplona. Allá dejó su legado en su museo que se encuentra intacto. No pasa lo mismo con el legado que dejó Edgar Negret en Popayán.

 

Reedición de Ramírez Villamizar, el escultor de la naturaleza

 

 

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