Opinión

La gente más rara del mundo

Estas tensiones sociales podrían señalar un tránsito hacia gente “rara”; lo otro es seguir en nuestras pequeñas tribus familiares y el eterno subdesarrollo

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mayo 09, 2021
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La gente más rara del mundo
Duque no ha hecho sino atizar las causas profundas del descontento. Foto: Leonel Cordero/las2Orillas

Hay libros que tratan de explicar casi todo. En las ciencias sociales, por ejemplo, La riqueza de las naciones de Adam Smith es uno de los primeros. Más recientemente, están Armas, gérmenes y acero de Jared Diamond, Por qué fracasan los países de Acemoglu y Robinson, Los orígenes del orden político de Francis Fukuyama, entre muchos otros. Me gusta leer esos libros, aunque, necesariamente, están condenados al fracaso si se juzgan con el mayor rigor. Tenemos pocas certezas, pero una de ellas es que los humanos no vamos a tener teorías que abarquen la totalidad de un fenómeno. En la física, durante décadas ha sido imposible reconciliar la mecánica cuántica con la teoría general de la relatividad. La búsqueda de otras respuestas, como la teoría de cuerdas, parecen estancadas. En la biología, sin duda, hay una idea que cubre la esencia del área del estudio, la teoría de la evolución, pero también hay inmenso debate sobre los mecanismos precisos que la sostienen. Uno de los libros más importantes en la historia, El origen de las especies de Charles Darwin, es uno de esos libros que tratan de explicarlo casi todo. La ciencia avanza, se encuentran limitaciones de los métodos pasados y, en el caso de Darwin, lo maravilloso es que se sostiene la hipótesis básica: la selección natural opera seleccionando al más apto.

Por supuesto, las ideas que sí logran explicar todo se encuentran en las diversas religiones. Los creyentes, independientemente del credo que profesen, y si creen con una fe genuina, usualmente tienen una respuesta final para la incertidumbre. Dios proveerá, es una síntesis. Por eso mismo la religión es tan poderosa: alivia la duda y aligera la carga. No son comparables, evidentemente, las búsquedas académicas de las teorías más generales con las respuestas de las religiones. El asunto de esta columna, sin embargo, muestra una relación interesante entre esas dos a través del libro La gente más rara del mundo de Joseph Henrich. Hace unos años, había leído un libro de Henrich, El secreto de nuestro éxito, que explica cómo la cultura conduce la evolución humana y es la base para la dominación de nuestra especie. Esa relación entre evolución cultural y evolución biológica es una de las novedades más interesantes en nuestro entendimiento de la teoría de la evolución. Y, el libro de Henrich, hace un gran trabajo en explicar los avances. Terminé de leer ese libro pensando que era uno de los mejores que había leído en mi vida. La pregunta ¿por qué la especie humana es tan inteligente?, es una de esas grandes preguntas que buscan abarcar mucho y Henrich da una respuesta a la altura.

Henrich hizo algo tan inusual como difícil: escribir no uno, sino dos libros que intentan explicarlo casi todo. El año pasado publicó uno sobre la gente rara que Henrich define cómo la población de los países desarrollados de occidente. En inglés, raro es “WEIRD” y de ahí Henrich saca las iniciales de las palabras que explican la rareza de esta población, definida porque es: Western (Occidental), Educated (Educada), Industrialized (Industrializada), Rich (Rica) y Democratic (Democratic).  Entonces, su primer libro es sobre los mecanismos que hacen de la especie humana la más poderosa y el más reciente es sobre cómo, entre las civilizaciones de esta especie que domina a las demás, hay un grupo en particular que ha alcanzado el mayor desarrollo. La mezcla de los trabajos de Henrich es fascinante: en sus inicios enfocado en antropología evolutiva y, más recientemente, en preguntas clásicas de la economía y ciencia política. Creo que es, justamente, por esa mirada doble que sus libros son tan interesantes. No tendrá la teoría de todo, pero se acerca mucho.

La tesis se puede resumir de manera sencilla: la decisión de la Iglesia católica, a comienzos de la Edad Media, de prohibir el matrimonio entre familiares cercanos, destruyó la base familiar de la sociedad occidental, promovió que las personas se volvieran más individualistas y analíticas y, esas características, resultaron en instituciones y mecanismos que producen mayor riqueza y democracias más sólidas. Además de esta idea, que se demuestra con una variedad de métodos y ejemplos en el libro, el otro punto clave que me queda es que una gran cantidad de resultados en psicología y otras áreas del comportamiento humano, se basan en el estudio de un subconjunto de la población humana muy específico, los “WEIRD”. Fue por este camino que Henrich llegó a la idea de estudiar la psicología humana como la base última para explicar el desarrollo de diversas sociedades: al hacer un meta análisis de todos los estudios sobre psicología humana, descubrió que los individuos de los estudios eran predominantemente estudiantes de pregrado de universidades de países ricos, que cuando se usan muestras más amplias de humanos era evidente que hay diversidad psicológica y que los estudiantes que participan son, en general, un extremo de la distribución de la variable de estudio. Son gente rara y, por lo tanto, poco podemos aprender a nivel de la especie si solo los estudiamos a ellos.

Repasemos entonces los puntos esenciales del planteamiento de Henrich. Una decisión de la iglesia -prohibir el matrimonio entre familiares-, cambió definitivamente la estructura tradicional de organización social que giraba alrededor de grandes familias. Esa transformación, obligó a que los individuos abrieran sus relaciones y crearan condiciones para que las relaciones interpersonales funcionaran sin mediación de un vínculo familiar. La confianza, que antes se mantenía por el vínculo de sangre, ahora se debía mantener por otras formas institucionales. Esas instituciones –universidades, gremios, ciudades, mecanismos democráticos, entre otros- resultaron mejores para el desarrollo social y económico que las que mantenían a la familia, al nepotismo, como eje de la sociedad. Y, paralelamente, se transformó la psicología personal: los habitantes de estos lugares se volvieron más enfocado en sí mismos, individualistas, inconformistas, pacientes, confiados, analíticos y obsesionados con entender las intenciones detrás de las acciones. Lo fascinante de la tesis es que explica bien cómo un cambio “micro” -psicológico- a nivel individual se retroalimenta con un cambio “macro” -institucional- a nivel social. Una teoría de casi todo.

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América Latina, y en particular Colombia, ocupan los lugares más bajos en la escala de “rareza” de su población. Por ejemplo, nos inclinamos  a proteger la familia antes que a las instituciones más abstractas

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América Latina, y en particular Colombia, ocupan los lugares más bajos en la escala de “rareza” de su población. Por ejemplo, tendemos a confiar muy poco en los demás y nos inclinamos más a proteger la familia antes que a las instituciones más abstractas. Existe, por lo menos, una fuerte correlación entre lo nepotista de las sociedades latinoamericanas y su subdesarrollo. Henrich trata de ser cuidadoso y no sugiere que las sociedades más “raras” (WEIRD) son superiores a las menos raras, pero es inevitable llegar a la conclusión que el camino que han transitado los países desarrollados parece más atractivo que el eterno subdesarrollo o, en el mejor de los casos, la mediocridad colombiana.

Las protestas de los últimos días podrían señalar una transformación. En realidad, son las protestas de los últimos años: lo que ha pasado las últimas semanas es una continuación de las protestas de finales de 2019, tan solo pausadas por la interminable pandemia. Es apenas natural que vengan con más fuerza, desde entonces el gobierno Duque no hizo sino atizar las causas profundas del descontento: convocó a una conversación ciudadana sin ciudadanos y que nunca concluyó, presentó una reforma tributaria sin ninguna explicación, y gobierna desde la casa estudio despreciando a las regiones y a la calle. Sin embargo, protestar es un acto costoso y, ya hemos visto, arriesgado. Señalo que puede ser una transformación porque no se protesta para proteger a la familia sino por causas más abstractas, como la “justicia social” o “un mejor país”. No es razonable exigir un programa de gobierno a un movimiento de indignación ciudadana que apenas se está formando. La violencia de algunos destruye la confianza y la paciencia social. Es la mejor aliada de la élite que quisiera mantener el status quo. Veremos qué resulta de esas tensiones sociales inéditas y, hasta qué punto, transitamos a convertirnos en gente “rara”. La alternativa es quedarnos anclados en nuestras pequeñas tribus familiares, que desconfían y odian a las demás. Una receta que ya sabemos en qué termina.

@afajardoa

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