La Feria de Cali se nos escapa

Ahora que la tradicional celebración será virtual, un ciudadano rememora los viejos días de la gran fiesta de Cali

Por: German Peña Cordoba
diciembre 09, 2020
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La Feria de Cali se nos escapa
Foto: Hectorangelazul - CC BY-SA 4.0

Definitivamente, la Feria de Cali N.º 63 será virtual y la decisión está tomada. Existe la natural inconformidad, pero es un hecho irreversible. No sé concibe virtual un evento histórico cuya esencia es el contacto piel a piel, el calor humano, la alegría generalizada y la presencia física. Esta "feria" será algo muy diferente a lo que estábamos acostumbrados, pero la virtualidad está soportada en el estado de pandemia que vivimos desde hace nueve largos meses. Indudablemente, la vida nos cambió de manera drástica y parece que la transformación llegó para quedarse. Nada es igual y seguirá la incertidumbre hasta que todos obtengamos "la inmunidad de rebaño" o una vacuna que genere absoluta confianza.

Por otro lado, me alegra la oportunidad de empleo que obtendrán los artistas que en ella intervienen, en especial los bailarines y las escuelas de salsa; este gremio, como muchos otros, ha sido muy golpeado por esta nueva realidad, ¡¡bien por ellos!! Sin embargo, en la feria virtual nosotros seremos convidados de piedra por el hecho de que no tendremos un papel activo para interactuar con nuestros gregarios. Como espectadores tendremos que conformarnos con ver una feria estilo programa Jorge Barón.

Así mismo, tendremos que observar desde la ventana un alumbrado móvil que pasará fugazmente por nuestros ojos; uno que no dará tiempo de curiosear el microcosmos que lleva por dentro, ni el espectáculo de luces multicolores en calles y avenidas. En esta oportunidad, no iremos a verlo… él vendrá a nosotros, pero de manera precaria. Adicionalmente, lo anterior creará inmovilidad que incentivará nuestro sedentarismo. Otrora, era un gran programa ir a ver el alumbrado del barrio la Base e Ingenio, y el de los Tanques del Acueducto. Igualmente, recorrer la Calle 5, el Bulevar del Río y el Paseo Bolívar.

En este momento, vivimos un tiempo excepcional, nunca antes visto. Nos toca convivir con la nostalgia del inmediato pasado, que no habíamos valorado lo suficiente. La felicidad que nos fue arrebatada era como las nieblas ligeras: estábamos dentro de ellas y no nos percatábamos de lo felices que éramos. La niebla pasó desapercibida y no la valoramos lo suficiente. ¡Éramos felices sin darnos cuenta!

Recuerdo las primeras ferias, era un ansiado momento que involucraba a toda la ciudadanía. Aunque siempre ha existido la segregación y el clasismo, básicamente la feria se desarrollaba en las calles de los barrios; otras actividades más selectas se daban en el Club San Fernando, el Club Campestre y el Hotel Intercontinental, estos eventos eran vetados para las clases populares, los estratos altos vivían su propia celebración. Su acceso era impenetrable y limitado solo a sus socios o a personas de cierta solvencia económica. Contrario a esto, básicamente la feria era eminentemente de carácter popular.

Íbamos a la feria con gran alegría y entusiasmo. No voy a defender lo indefendible, el espectáculo de los toros o la cabalgata, que significaba lo grueso, hoy generan una gran resistencia y los motivos de esta son explicables y razonables: el mundo ha cambiado y estos espectáculos involucran el inaceptable maltrato animal. Son espectáculos al día de hoy proscritos. Otrora, salíamos de las corridas de toros de ver una faena de El Cordobés, Paco Camino, Vázquez II, Pepe Cáceres, El Viti, Palomo Linares, Paquirri o El Pireo, o a ver un excelso rejoneo de Amina Asís era increíble. La plaza de toros era el programa madre de la Feria de Cali. El fútbol se extrapolaba a la plaza: las barras del equipo de fútbol que acababa de campeonar los 19 de diciembre (bien fuera el Cali o el América), sus gritos y arengas se trasladaban a la tribuna de sol de la plaza. Era un solo corrinche: ¡¡y dale, y dale, y dale, rojo dale!!

Después de salir de la plaza, rematábamos en el estadero Oh Que Bueno, Tardes Caleñas o en La Monumental. No sin antes pasar por el Palacio del Colesterol, que eran puestos de comida criolla que se localizaban a lo largo de la Calle 5 desde la Cra 50 hasta la Avenida Guadalupe o sea hasta la Cra 56. Degustar un delicioso arroz con pollo donde Serna, en la Roosevelt, era algo infaltable y ritual. En la noche íbamos de Caseta la Matecaña, la de los Hnos Ospina o La Panamericana, donde se presentó Richie Ray y Bobby Cruz. ¡Fue apoteósico!

La Feria de Cali también se concentraba en el barrio San Fernando: Manolete, el Grill Amémonos, y El Pez que Fuma. En el barrio Junín la Fuente de Soda La Parisien y en el barrio Alameda no existía la cantidad de sitios que hoy existen, solo estaba el Grill Libaniel, de propiedad de Libaniel Giraldo, americano a morir. El Grill El Escondite, de Manolo Solarte, ocupaba un lugar especial en el disfrute de la Feria de Cali. Era mi discoteca preferida, aunque hubo muchas otras, El Escondite era inigualable. ¡¡Manolo, escóndete!! De remate ir a comer chuleta al Bochinche, atendidos por el Muelón Sánchez, el jugador del América, y los más osados íbamos a rematar a Juanchito, al Grill Tropican de Moisés, Juan Pachanga de Larry Landa o El Abuelo Pachanguero. Al día siguiente se seguía por lo mismo, no sin antes ver el desfile de Cali Viejo los 28 de diciembre, que lo encabezaba Jovita Feijo y la cabalgata el 25 de diciembre que abría feria, el desfile de las carrozas del Reinado de la Caña de Azúcar, que luego mutó a ser el Reinado Panamericano, con participación de muchos países era extraordinario. /Palo /palo/ palo bonito palo'e/ eee palo bonito palo'e/. Virgen de Alta Gracia, compañera mía/ tú para tu casa, yo para la mía/. /Palo, palo, palo, bonito palo'e/. Antes de llegarnos la salsa los discos de la feria eran Tropicales.

Todos los espectáculos de la feria eran gratuitos. En la Calle de la Feria se disfrutaba de las mejores orquestas nacionales e internacionales totalmente gratis. Ver en el Gimnasio Evangelista Mora el extraordinario ballet de la salsa creado por el periodista cubano José Pardo Llada: el fenomenal Evelio Carabali, Telembi King, Yimy Boogalo, Amparo Arrebato y tantos otros. La ciudad se vestía de gala y la feria era del pueblo y para el pueblo, como debe ser.

Siempre será mucha la diferencia de una feria virtual próxima a realizarse a lo descrito con nostalgia. En este viaje al pasado, a bordo de un barco ebrio que se bate entre las bravas aguas del atavismo y los recuerdos que aún perduran en nuestra ya atiborrada memoria que se niega a dejar de recordar, no queda más que decir: ¡¡cómo cambian los tiempos!!

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