La falsedad del cristianismo

Quienes imponen una moral irracional que presume de estricta pero que admite sin objeción a los que fingen arrepentimiento no son más que farsantes

Por: Jorge Miguel Moreno Hernández
octubre 03, 2018
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La falsedad del cristianismo
Foto: Pixabay

En los últimos días las sectas cristianas, sobre todo las fundamentalistas, tanto las recientes como las tradicionales (catolicismo, protestantismo y variantes extremistas o lucrativas) han enfurecido su propaganda fanática en contra de una banda, cosa que junto con los "mensajes subliminales" parecía alarmismo noventero de viejitas que se rehúsan a leer más allá de su biblia. Poco tienen en común las distintas denominaciones a excepción del sentimentalismo fanático de sus feligreses, las mal disimuladas ambiciones de sus predicadores y la constante apelación a la Biblia como fundamento y como recetario de soluciones para cualquiera de los problemas sociales, sean estos inventados o reales, antiguos o de reciente surgimiento, mal o bien diagnosticados por quienes se hayan dado a la labor de estudiarlos racional y objetivamente.

Alrededor de 2000 años (no hay prueba alguna de la misma existencia de Jesús [*], menos aún de las fechas memorables de su vida) han mantenido esa actitud tan abierta y propicia al debate que les ha llevado entre otras cosas a quemar la biblioteca de Alejandría, quemar también a quien descubrió la circulación pulmonar de la sangre (Miguel Servet), retrasar el estudio de la naturaleza por contradecir lo escrito en la Biblia (heliocentrismo, rotación terrestre, selección natural, etc) y a pesar de eso seguir presentándose como víctimas de persecución y censura (a pesar de que ni en los buses nos salvamos de escuchar sus peroratas sectarias y ya tienen invadida la mayoría del espectro radial). A la vista de tal duración de semejantes ideas en la consciencia colectiva, a pesar de lo absurdas que son (como ya se verá), hay que preguntarse por la razón de su éxito y esta no es otra que la versatilidad que le permiten sus incoherencias, desde los emperadores romanos hasta los corruptos de nuestros días han encontrado en estas escrituras pasajes que apoyen o por lo menos apaguen la resistencia a sus abusos, es lo que tiene una religión creada para amansar esclavos, dichos pasajes no necesitan sacarse de contexto para servir a su propósito pues este contexto por sí mismo ya está plagado de incoherencias bien mezcladas entre sentimentalismo para pasar desapercibidas, sobre todo para sus creyentes tan poco dados a la lectura.

Pasemos ahora a examinar esta "palabra de Dios" eternamente cierta e infalible. En el Antiguo Testamento se describe dos veces el mismo censo ordenado por el rey David a los reinos de Israel y Judea, con idénticos procedimientos y personajes excepto por un detalle, en uno de los relatos el censo aparece incitado por el dios judeocristiano y en el otro por el adversario de ese dios, más adelante en ambas versiones el referido dios se arrepiente del castigo que impone luego del censo, muestra de que ni en los mismos textos cristianos su dios es perfecto:

Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y de Judá. Y dijo el rey a Joab, general del ejército que estaba con él: Recorre ahora todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y haz un censo del pueblo, para que yo sepa el número de la gente. […] Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla, Jehová se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía al pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de Arauna jebuseo (2 Samuel 24:1-2 y 16, Reina-Valera de 1960).

Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel. Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, haced censo de Israel desde Beerseba hasta Dan, e informadme sobre el número de ellos para que yo lo sepa. […] Y envió Jehová el ángel a Jerusalén para destruirla; pero cuando él estaba destruyendo, miró Jehová y se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía: Basta ya; detén tu mano. El ángel de Jehová estaba junto a la era de Ornán jebuseo (1 Crónicas 21:1-2 y 15, RVR1960).

Pasando al Nuevo Testamento encontramos pasajes más interesantes, más ricos en esa exquisita lógica y argumentación que se cultivan en los garajes atestados de epilépticos fingidos. El problema de la unicidad o trinidad de su dios (¿es?) no es solo cosa de interpretación, es un contrasentido planteado abiertamente en los textos sacros del cristianismo que como todos los demás ha sido usado a conveniencia sin la menos preocupación por resolverlo o exponerlo abiertamente como contrasentido:

Pero este, sabemos de dónde es; mas cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde sea. Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó la voz y dijo: A mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis. Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió (Juan 7:27-29, RVR1960).

El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo (Juan 14:24-28, RVR1960).

Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero (Mateo 12:31-32, RVR1960).

Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. […] Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró (Lucas 23:33-46, RVR1960).

Estos son algunos pasajes que inequívocamente expresan la trinidad del dios judeocristiano, para cualquier persona pensante es obvio que nada puede ser mayor que sí mismo, que si alguien dice no "venir de él mismo" significa que otro ente lo envió, que si se admite algo contra una entidad y no contra otra significa que están separadas y que si una persona pide algo es porque no puede conseguirlo por sí mismo. Ahora pasemos a las partes unicitarias del mismo texto, hasta de los mismos libros, que contradicen abiertamente lo anterior:

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos (Juan 10:29-30, RVR1960).

Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén (Romanos 9: 3-5, RVR1960).

Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna. Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén (1 Juan 5:19-21, RVR1960).

Entonces, ¿es uno o son varios? ¿Algo puede ser mayor a sí mismo? ¿Le creemos al apóstol Juan, y a la biblia, solo una parte de lo que dice, solo una parte viene de la inspiración divina, cuál?

Por último analicemos el otro gran generador de división entre la feligresía, la cuestión del libre albedrío contra la predestinación (gracia divina), por simplicidad considero aquí la fe una obra (un acto voluntario individual):

Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios (Hebreos 10:26-27, RVR1960).

Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala; y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado (Santiago 4:16-17, RVR1960).

¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe (Santiago 2:22-24, RVR1960).

Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios (Romanos 2:5-11, RVR1960).

Estos fragmentos claramente establecen que la "salvación2 es producto, entre otras cosas, de los actos que la persona voluntariamente (libremente) escoge realizar, siendo unos buenos y otros malos (¿para quién, por qué?). Contrasta esto con los siguientes extractos de esa palabra infalible y perfecta que abiertamente dicen que la salvación de unos u otros está predeterminada por la voluntad de ese ser omnipotente e indeciso que escasamente maneja las matemáticas.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad [...] (Efesios 1:3-5, RVR1960).

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó (Romanos 8:28-30, RVR1960).

¿De esto qué queda?, ¿qué se concluye? Pues nada más que quienes vienen a imponernos una moral irracional que presume de estricta pero que admite sin objeción a los que fingen arrepentimiento, que se presentan como defensores de los débiles para luego enseñarles a agachar la cabeza y soportar los atropellos de los poderosos mientras esperan una recompensa en otro mundo (del que no se tiene la menor evidencia) y que puede ser anulada por cualquier infracción simple o la mínima duda, no son más que farsantes que predican lo que no conocen y que siguen propagando una mentira de cerca de dos milenios para escapar de sus miedos imaginarios mientras nos desvían de las verdaderas soluciones a esta misma situación social de la que tanto se quejan. Aunque es pedirles demasiado me permito proponerle a estos dueños de la verdad, una verdad que desconoce los hechos, que mientras no nos resuelvan estas incoherencias y nos demuestren la veracidad de cada cosa que dicen no vuelvan a exigir nada de parte de nosotros como ciudadanos ni vuelvan a tener el descaro de poner por encima su mamotreto de fábulas sobre una constitución que al menos sabemos de dónde viene y contra la que podemos pelear con argumentos y evidencias.

[*] Los únicos registros de la vida del mesías bíblico son obras de los mismos cristianos o falsificaciones de textos romanos hechas por ellos mismos, se afirmó por un tiempo que se había hallado la urna funeraria de un hermano del predicador de Belén pero recientemente se descubrió que la parte de la inscripción que lo vinculaba a Jesús era otra falsificación.

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