La falsa representación de los colombianos en el exterior

Muchos se autoproclaman como voceros cuando solo están velando por sí mismos. El modelo asociacionista ya está mandado a recoger

Por: José Ángel Londoño Ortiz
julio 25, 2019
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La falsa representación de los colombianos en el exterior

Socializando estos días el proyecto para la creación de la mesa interparlamentaria por los colombianos en el exterior en una emisora de Madrid (España), me di cuenta de los miles de callos que he venido pisando en los últimos 3 años.

Para nadie es un secreto. Creo que el modelo asociacionista de los colombianos en el exterior es un modelo fracasado, en el que ya ninguna institución del Estado cree. Aquellos que dicen que están día a día con el ciudadano de la calle caen en la demagogia y el discurso mesiánico y ególatra del “yoísmo”: “yo hago”,” yo digo”, “yo pienso”, “yo hice”, etc. Un discursito que ya las entidades no copian. De hecho, ellos se han vuelto parte de ese mal acto que Luis Carlos Galán atacaba de sacar dinero para decir que se trabaja por la comunidad.

Esas asociaciones se han creado desde hace tiempo para cumplir algunos espacios que no cubre nadie. Desafortunadamente han evolucionado en grandes famiempresas que solo buscan el subsidio estatal para autoempleo de unos pocos. Y me parece muy bien, el generarse su propio medio de subsistencia. Hay unas que cumplen plenamente sus objetivos. Incluso hay algunas que tienen oficinas en Bogotá, en Pereira y en otras ciudades. De igual manera han generado tanto dinero, que invierten en planes de vivienda de interés social. Todo queda en familia, y me parece bien, es algo que personalmente, respeto.

Lo que sí molesta en ciertos momentos es que se autoproclamen como voceros, representantes “válidos” de todos los colombianos en el exterior. Como pasa aquí en Barcelona, que una señora desde hace 13 años se presenta en todos los partidos políticos, alcaldías y entidades como la “única” representante de los colombianos en Barcelona. Nada más lejano y ajeno a la realidad y atenta contra la verdad.

Estas personas crean entramados superiores llamados federaciones, un conglomerado de asociaciones de los amigos para parecer más grandes, con más capacidad de trabajo. Otra falacia más.

Enfermedades crónicas del politiquero colombiano tales como lagarteo, manzanillismo o cargamaletismo coexisten en estos grupos/asociaciones. Entre muchos otros con ese afán de protagonismo de salir en fotos, videos, revistas con cuanto político salga o programa de televisión barato, para decirles a sus amigos y conocidos que son del “jet set de la diáspora colombiana”. Conozco una agrupación de estas que en Estados Unidos que lleva 14 años haciéndose fotos con todos los representantes a la Cámara, indistintamente de color o ideología política.

¿Dónde queda la ideología, el criterio, la coherencia, la consistencia?

No existen. Son solo nichos de oportunistas detrás de una foto o un diploma.

En el libro El fin y los medios, Aldous Huxley se preguntaba: “¿cómo podríamos desembarazarnos de la maldición de la obediencia pasiva, curar el vicio de la indolencia política y poner al alcance de todos las ventajas de la libertad activa y responsable”?

Creo firmemente que la representación de un colectivo no cae en un modelo asociativo, esto es una mentira. Es más, gracias a este modelo, hemos sido presa de más de 20 años de abandono total del Estado, del nulo reconocimiento de nuestras familias en Colombia del esfuerzo como migrantes y que solo nos vean como un cajero electrónico, y de la crisis de representación que hoy vivimos 6 millones de colombianos que salimos y que crece día tras día.

Hoy en día aquel personaje que solicite que se gestione con espejo retrovisor, por el supuesto “trabajo” realizado por estas asociaciones le miente a la opinión pública. Si fuera tan “inconmensurable” este trabajo: ¿dónde están los resultados?

Porque hasta ahora seguimos con los mismos problemas desde hace 15 años.

Un impuesto de timbre que nos afecta a todos en un 43.8% sobre cada acto documental. Seguimos con una crisis de representación que afecta ya a más de 6 millones de colombianos en el exterior, y los que salen cada día del país y se quedan de manera irregular en España, Chile, Argentina, entre otros, vendiendo, empeñando y acabando con un pequeño patrimonio familiar. La repatriación de fallecidos en el exterior que solo opera para aquellos que tengan padrino o sean amigos del gobierno de turno. Las madres transnacionales que se enfrentaron al desarraigo familiar.

A estos problemas súmenle los de la anterior y esta legislatura que se viene. Se pretende cobrar a través del pasaporte un seguro obligatorio de repatriación de cadáveres, que seguro enriquecerá a alguno de los ponentes de este proyecto y a las aseguradoras que intervengan en el proceso. Además de ver cómo se utiliza esta representación para defender lo indefendible, como a políticos corruptos o presentar leyes a la medida de estos mismos corruptos.

Desde esta columna les digo:

Seguiremos adelante. Ya tuvimos una audiencia pública en el Senado de la República, con el apoyo de 3 senadores intachables y todo esto sin las tales asociaciones. El tal Libro Blanco de la Migración Colombiana ya ha quedado obsoleto y sin peso alguno ante las nuevas realidades económicas, políticas y sociales de la migración colombiana. Ya han quedado al descubierto esas federaciones ficticias que cada año celebran la Fiesta de Colombia en el exterior, pero que en nada se conduelen de la muerte de los líderes sociales, de esa Colombia que desconocen y que está llegando a todos los países en la figura de refugiados, solicitantes de asilo, unos de verdad y otros aprovechándose de la mentira, migrantes sin documentos en riesgo de exclusión social condenados a 3 años de lucha, de escasez y de trabajos al límite de la legalidad para sobrevivir.

Seguimos adelante, y una última reflexión:

“El modo en que empleamos la inteligencia, depende de nuestra voluntad. Cuando la voluntad no es desinteresada, el intelecto tiende a emplearse (a no ser que se trate de los campos extrahumanos de las tecnologías, las ciencias o las matemáticas puras), meramente como un instrumento para la racionalización de las pasiones y los prejuicios y la justificación de los intereses personales” Aldous Huxley.

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