La extraña enfermedad que se le llevó la voz a Miguel Bosé

A sus 62 años, el español enfrenta su limitación física con terapias y el poder de la tecnología que le permitió incluso participar en el Venezuela Aid Live de la frontera

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febrero 22, 2019
La extraña enfermedad que se le llevó la voz a Miguel Bosé
Foto: Leonel Cordero

Inauguraban el Movistar Arena, en octubre de 2018. Fui, no a ver a Sebastián Yatra ni a Juanes, sino a Miguel Bosé. Bosé es un ícono de la cultura española, hijo del legendario torero Luis Miguel Dominguín y de la actriz italiana Lucía Bosé. A Miguel le hacían las tareas del colegio Ernest Hemingway y Pablo Picasso. Mi fervor por él aumentó cuando lo vi en 'La subsidia' de Dario Argentos, en ese momento –1977– ya era un cantante y bailarín consagrado. Su histrionismo exagerado hizo que su papá, un machista inveterado, se distanciara de él.

Nunca lo había visto, ni siquiera cuando en el 2008 estuvo al frente del multitudinario concierto, Paz sin fronteras, que se llevó a cabo en el puente Simón Bolívar que une a Cúcuta con San Antonio, en el 2011. Con suma paciencia soporté la hora y media de show de Yatra, las jóvenes gritaban enloquecidas, me di cuenta de que no habían ido a ver al dinosaurio Bosé, sino al muchacho reguetonero que se había hecho famoso de la noche a la mañana por ser jurado de La voz kids.

Antes del plato fuerte del día, que era Juanes, apareció el monstruo. Alto, rozando el 1,90, Bosé lanzó uno de sus temas clásicos "amiga". Mi entusiasmo se desmoronó de inmediato, la voz era un hilillo débil que se deshacía en el aire, se le quebraba todo el tiempo, era incapaz de subir. Le pregunté a mi amigo periodista, Sergio Villamizar, si Bosé tenía algún catarro, él me dijo que no, que simplemente la voz se le había acabado.

Desde hace más de 10 años el impenetrable Bosé, del que tan poco se sabe, viene siendo atormentado por una extraña enfermedad. El mal momento se le nota en la palidez de su cara atenuada por las sombras que se pone en sus párpados, y por la disposición que siempre ha tenido a la hora de prestarse para conciertos como el 'Live Aid Venezuela', las grandes giras ya son parte del pasado, a sus 63 años Bosé es más mito que realidad. Cuando terminó el concierto de Movistar, me metí a internet para investigar qué lo aquejaba. No encontré una sola referencia. El periodismo, rendido ante su encanto, lo camufla casi que con resignación: Bosé ya no tiene voz. La tecnología lo ayuda y, a punta de 'autotune', cumple como un oficinista abnegado con su show. Yo lo vi durante hora y media, y aplaudía más acordándome de las presentaciones que hizo una década atrás en la plaza de las ventas de Madrid, que por su actualidad. En Cúcuta volvió a demostrar que ni siquiera su afonía es suficiente para borrar un carisma que perdurará hasta el fin de los tiempos.

Bosé es eterno como el agua y el viento.

 

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