Opinión

La excreción de peces y nuestra comida

Por:
junio 09, 2015
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Ya ni comer tranquilos nos dejan. Que la comida rápida es mala para la salud, que la fritanga nos envenena lentamente, ¡que si comemos mucha carne roja vamos a acabar con el planeta! ¿Y entonces qué quieren que hagamos?

Los seudoambientalistas insisten en que nuestro sistema alimenticio está quebrado. Que consumimos demasiados productos artificiales, y que nuestra alta dependencia de la proteína animal genera terribles condiciones para los animales que son sacrificados, y externalidades ambientales negativas. Matilda mi pelirroja —por ejemplo— no me deja comer hamburguesas de McDonald’s porque jura que están en el centro de un sistema que está acabado con el mundo. Yo —ni corto ni perezoso— me embuto dos Big Mac con gaseosa dietética, cada vez que me le logro volar.

Bien, pues habrá que comer un poco más de frutas y vegetales, pienso yo. Pero no, esto no es suficiente para ellos; resulta que comer ensaladita no es suficiente, sino que esos vegetales (y frutas) tienen que haber sido cultivadas cerca del consumidor final. ¿Por qué? Supuestamente porque comer manzanas que crecieron en Estados Unidos no es tan natural como comer manzanas que cultiva un campesino cerca de nuestra ciudad. ¿Será que saben distinto?

Exageradas como siempre, Matilda y sus amigas están convencidas que se pueden convertir en granjeras urbanas. Ya las he visto varias veces vestidas con pantaloncitos cortos de jean deshilachado, camisas amplias de cuadros morados, trenzas y sombreros de paja; lo que ellas llaman el atuendo perfecto para encerrarse en la terraza. Como no me dejan entrar, me ha tocado hacer un huequito en la puerta para espiarlas, y lo que he visto, ¡es francamente aterrador!

El sistema acuapónico. Crédito: Geen Geek

El sistema acuapónico. Crédito: Geen Geek

Tienen montado un sistema de acuaponía. Es decir, un sistema donde se juntan plantas, bacterias y peces en un solo ecosistema. Parece loco, pero es real: toman los nutrientes provenientes de la excreción de los peces, y con eso alimentan las plantas, que luego filtran el agua, para finalmente retornar al espacio de los peces. Todo, en un sistema cerrado.

Yo me río de ellas, creen que podrán salvar al mundo creando pequeñas huertas en las terrazas de las casas, en los balcones de los apartamentos, y en los techos de los edificios públicos. La idea es bonita, pero para tener un real impacto, tendrían que lograr grandes números de terrazas, balcones y techos. Además, ¿quién estaría dispuesto a cultivar sus propias lechugas, tomates y albahacas? ¿No es más fácil comprarlas en el supermercado y listo?

 

 

Huerta urbana acuapónica proyectada para Medellín. Crédito: Equipo Acuapónico Solar

Huerta urbana acuapónica proyectada para Medellín. Crédito: Equipo Acuapónico Solar

 

Matilda ya era pecosa. Pero tanto tiempo en la terraza jugando con sus plantas le ha sembrado más pecas en su nariz y espalda. Está metida de lleno en el tema, y me jura que hasta podrían organizar restaurantes que se abastezcan directamente de los productos que crezcan en estas huertas. No sé, algo me dice que han estado viendo muchos montajes en Instagram, pero igual la dejo. A mí, con tal de que me dejen seguir alimentándome de congelados, enlatados, y buena fritanga, me tiene sin cuidado lo que cultiven los hippies urbanos.

 

 

Restaurante en el parque de cultivo River Park Farm, Nueva York. Crédito: Ore Design.

Restaurante en el parque de cultivo River Park Farm, Nueva York. Crédito: Ore Design.

 

 

Restaurante en las huertas comunales Prinzessinnengarten, Berlín. Foto del autor.

Restaurante en las huertas comunales Prinzessinnengarten, Berlín. Foto del autor.

 

 

 

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