La estrategia de los japoneses para ganarle el pulso al Coronavirus

La colombiana Patricia Bohórquez retrata desde Tokio como los japoneses, sin sacrificar demasiado, están contrarrestando la pandemia

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mayo 23, 2020
La estrategia de los japoneses para ganarle el pulso al Coronavirus
Quizá la clave para que vivan (no para que sobrevivan) 126 millones de personas en un país cuya superficie es la tercera parte del territorio colombiano, es la disciplina. En Tokio, la urbe más poblada del planeta, sus 35 millones de habitantes fluyen en medio del más organizado de los caos. Y aunque atravesar junto a otras 3.000 personas el mundialmente famoso cruce de Shibuya -el más transitado del planeta- podría parecer una hazaña, la verdadera proeza ocurre cuando la luz cambia a verde y se ejecuta la más sincrónica de las marchas. Nadie tropieza, consiguiendo mantener el espacio personal a pesar del ejército de afanados peatones.
Y es que cuando el resto del planeta está aprendiendo qué hacer durante la pandemia, pareciera que los nipones inventaron ese manual, pero no ahora, si no hace cientos de años. En Japón, el contacto físico es visto como algo no aceptable, que invade la privacidad del otro. El reemplazo de ello son las reverencias, las cuales se ejecutan para saludar, despedir, mostrar respeto, agradecer u ofrecer disculpas. Por otro lado, el meticuloso cuidado con el que los japoneses asean sus cuerpos, es un ritual milenario asociado no solo a la limpieza corporal sino a la del espíritu, ejecutándose como una de las más apreciadas y apacibles ceremonias dentro del diario frenesí.
Desde la gripe española -la anterior pandemia vivida por la humanidad hace un siglo- los nipones se acostumbraron al uso del tapabocas. Inicialmente como protección frente al contagio, pero con el paso de los años, para un sin número de usos que van desde evitar el contacto de las vías respiratorias con el aire frío y seco del invierno, contrarrestar la alergia del polen en la primavera, hasta ocultar el mal aliento o un rostro que no alcanzó a ser maquillado. Por supuesto, mayoritariamente se usa para no ser contagiado o no contagiar, siendo uno de los principales atributos de la sociedad japonesa el favorecer el bien colectivo sobre el individual. Por ello mismo, hace decenios, es visto como un bárbaro quien tosa o estornude sin portar un tapabocas o a sabiendas de que está enfermo. Con semejante población y el nacionalismo que los caracteriza, los nipones no habrían llegado donde están si no pusieran la disciplina, el cumplimiento estricto de normas y el pensamiento colectivo por encima de cualquier cosa.
Otra de las milenarias costumbres niponas que hoy en día aparece en las guías de la pandemia, es no usar zapatos en casa, y en ocasiones en otros establecimientos como oficinas, escuelas, templos, restaurantes o consultorios. La razón, la más simple de las lógicas: no ensuciar ni arrastrar los millones de gérmenes que tocan el calzado. Para ello, los hogares en Japón cuentan con un estante a la entrada donde se dejan los zapatos. También es frecuente, desde antes del Covid19, encontrar desinfectante para manos a la entrada de establecimientos con afluencia de público.
Japón fue uno de los primeros países en ser afectados por el Covid19 después de China. Pese a la proximidad con el foco primario, la masiva ola de turistas chinos que visitaron el país durante el mes de febrero (celebración del año nuevo lunar), su alta densidad poblacional, y tener la mayor población de ancianos en el mundo (los mayores de 65 años constituyen el 28% de la población), las cifras de infectados y muertes son bajas. Es aquí cuando parece que esas costumbres antiquísimas han tenido un impacto positivo en la prevención de la enfermedad.
Hablar en Japón del número de contagios puede ser bastante debatible, puesto que contrario a la recomendación de la OMS, las autoridades decidieron solo hacerle pruebas a casos donde la evidencia de Covid19 fuera incuestionable. Todos los demás pacientes sospechosos han sido manejados de acuerdo a los síntomas que manifiestan. Debido a la gran población adulto mayor del país, hace años viene funcionando un exitoso programa preventivo contra la neumonía. Parece ser que estos protocolos han funcionado bastante bien en los casos de Covid19, razón por la cual muchos pacientes van directo a tratamiento y aislamiento sin pasar por la prueba. De ahí que se empezó a decir que el mejor lugar para enfermarse de los pulmones es Japón. Por otro lado, el país se precia de contar con la mayor cantidad de dispositivos de diagnóstico por imágenes en el mundo, lo cual ayuda a hacer detecciones bastante tempranas de complicaciones de la enfermedad. Cuando un paciente llega al médico con síntomas respiratorios, es más probable que le hagan una tomografía antes que un test de Covid19.
La razón inicial de la estrategia japonesa pareció radicar en el hecho de que, hasta último momento, el primer ministro trató de seguir adelante con los Juegos Olímpicos que se efectuarían en Tokio, en julio de este año. La escasez de las pruebas mantendría bajas las cifras de contagio, lo cual mostraría un país apto para las justas. Lo que el mandatario no imaginó, es que los contagiados por el virus se dispararían de forma atroz en el resto del mundo, y que los mismos deportistas manifestarían que no asistirían al evento.
Parte de la población tilda de laxas las medidas tomadas, quejándose por la no realización copiosa de test; sin embargo, el gobierno continúa con la posición de realizar pruebas solo a personas con síntomas altamente sospechosos. Hacer test masivos sin criterios de peso, ha sido considerado un gasto innecesario en recursos y tiempo. Todo esto dejaría la sensación de que las cifras de contagios que reporta Japón son imprecisas, pero aparentemente los tratamientos parecen estar funcionando. Los fallecimientos difícilmente se pueden ocultar, no habiendo indicio alguno hasta el momento de muertes masivas o secretas. Esto podría evidenciarse al analizar la tasa de mortalidad por Covid19: mientras el promedio mundial es de 6.4%, en Japón es de 4.7%, por debajo de países como Estados Unidos donde la tasa es de 5.9%, o Francia con un alarmante 15.5%.
Por otro lado, cuando el planeta casi entero se encerró en casa, Japón decidió mantener una senda media que protegiera tanto a la población como a la economía. Debido a los periodos de bloqueo y aislamiento a los que los nipones se enfrentaron durante la Segunda Guerra Mundial, la nueva constitución de 1946 proclamó el derecho a la libertad individual de los ciudadanos, siendo solo obligatorio el confinamiento en caso de extrema necesidad. Pues bien, ni el Covid19 fue considerado una situación extrema, ya que más allá de sugerirlo, no se obligó a nadie a quedarse en casa. Se cerraron escuelas, se incentivó a la gente a teletrabajar, se recomendó el cierre de establecimientos con gran flujo de personas, se pidió a la población que solo saliera a asuntos indispensables, pero aparte de eso, la vida continuó con una relativa normalidad, sobre todo en temas económicos.
Japón declaró el Estado de Emergencia a principios de abril, lo cual significó continuar con las medidas que ya venían en marcha, confiando en el buen criterio de las personas sobre cuándo salir de casa. Adicional a esto, el protocolo desplegó una serie de subsidios económicos que cubren a toda la población, desde hogares (nacionales o extranjeros), pasando por estudiantes, desempleados y comerciantes.
En las últimas dos semanas, se ha registrado un descenso constante en las cifras de contagios, y dado que el número de muertes se ha mantenido estable, el gobierno ya está levantando la emergencia en varias prefecturas. Aparentemente Japón está listo para volver a la normalidad y enfrentar la recesión. Quizá, el país del sol naciente le da razón a la famosa frase de J.R.R Tolkien: "No desprecies las tradiciones que nos llegan de antaño; ocurre a menudo que las viejas guardan en la memoria cosas que los sabios de otro tiempo necesitan saber".

 

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