La entrega de las armas debe ser como un sacramento

"Este es un signo que debe ver la ciudadanía, lo cual significa que realmente termina el conflicto armado"

Por: Ariel Peña González
marzo 21, 2016
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La entrega de las armas debe ser como un sacramento
Foto: elmundo.com

Los sacramentos dentro del Cristianismo Católico son signos visibles que imprimen carácter. Esto, dentro de la semiótica, se refleja en hechos. De ahí que la entrega o destrucción de las armas por parte de las FARC para llegar a la finalización del conflicto, es de capital importancia para que los 48 millones de colombianos puedan creer en la voluntad de paz del grupo armado.

Sin embargo, en los últimos días se han visto unas FARC regodientas con respecto a la concentración de sus miembros en algunos puntos de país, por lo cual se podría pensar en la desconfianza de la guerrilla hacia el gobierno de Santos, por la poca favorabilidad que tiene ante la opinión pública. Esto se podría traducir más adelante en un desconocimiento de lo pactado por parte del Estado para que la banda armada busque ganar tiempo poniéndole cortapisas al proceso.

Porque aparte de la Concentración y la Jurisdicción especial para la Paz, el otro punto bastante álgido en las negociaciones es la entrega o destrucción de armas, como lo hicieron en el pasado los movimientos subversivos en los diferentes conflictos que ha vivido el país a lo largo de 200 años. Esto se hizo después de la guerra de los mil días en 1902 ( en donde mencionan que no se entregaron todas las armas, ya que muchas fueron enterradas para futuras guerras); lo hicieron los guerrilleros del llano dirigidos por Guadalupe Salcedo en la década de los cincuenta, durante el gobierno del general Rojas Pinilla. También en la década de los noventa el M-19 y el Epl pactaron la paz destruyendo las armas y construyeron monumentos con ellas, además en el mandato de Álvaro Uribe miles de paramilitares se desmovilizaron entregando el armamento en 2005.

Entonces, como signo de una autentica paz estable y duradera, se deben entregar o destruir las armas, porque eso de “dejarlas” es muy ambiguo y peligroso, y sería un fiasco para la población, pues muchos considerarían a las FARC como otro estado que al igual que en Vietnam, en donde los comunistas se tomaron la parte sur de ese país en 1975, utilizando un acuerdo de paz firmado en París en 1973 como estrategia para ganar tiempo armarse mejor y alcanzar su objetivo.

Las guerrillas comunistas totalitarias le rinden culto a las armas, recordando que Mao Zedong decía que el poder nace del fusil. El cabecilla guerrillero, conocido como el Mono Jojoy, muy ufano afirmaba en los diálogos del Caguán que gracias a las armas estaba vivo, lo cual no se cumplió porque en septiembre de 2010 fue dado de baja. Pero los jefes de las bandas marxistas leninistas saben que con las armas se oprimen a los pueblos, porque el comunismo totalitario es irracional y su filosofía es la bestialidad.

Así que la entrega o destrucción de armas por parte de la guerrilla de las FARC debe de ser un hecho que le dé confianza a la sociedad y el Estado. Pero además tiene que ser un símbolo axiológico que enseñe a la población colombiana por siempre, que la política no puede volverse hacer mediante la violencia.

Entonces la entrega o destrucción de armas es un signo que debe ver la ciudadanía, lo cual significa que realmente termina el conflicto armado, siendo un acontecimiento significativo para el devenir histórico de la nación, convirtiéndose el pueblo colombiano en el significante(el que recibe) de un autentico gesto de paz. De ahí que frente al acontecimiento expuesto no puede haber rodeos ni semántica manipuladora, porque es claro que a una guerrilla marxista leninista como son las FARC, no hay que otorgarle ventajas estratégicas que luego irán en contra de la democracia y la libertad.

Dentro del determinismo y alucinamiento marxista, las FARC consideran que entregar o destruir las armas es una rendición, lo cual no es cierto, porque guerrillas como el M-19 hace 25 años podían continuar haciéndole daño al país con actos terroristas, pero se incorporaron a la vida civil y no se puede decir que hubo una rendición, y ese proceso fue exitoso no obstante las dificultades con el asesinato de su máximo líder Carlos Pizarro, así que la entrega o destrucción de armas es como un sacramento que sirve para pactar la convivencia, porque de lo contrario las negociaciones de La Habana serán una nueva frustración.

 

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