Opinión

La edad sicológica de Ron Mueck

El hiperrealismo del escultor australiano y el sorprendente juego en las escalas de sus personajes

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junio 05, 2021
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La edad sicológica de Ron Mueck
Ron Mueck, La máscara II, 2002

Estamos en continuo movimiento. Lo nuevo es viejo. Lo de ayer se queda atrás en medio del vértigo del presente continuo. Pero en esta época la vida quedó congelada con la alucinación de esta peste que nos ha tocado. Quedamos paralizados ante el deterioro de la realidad que se hace cada vez más evidente a la que se suma un caos social.  Estamos en el filo de la navaja. Y desde acá, podemos pensar en la condición humana del artista Run Mueck.

Australiano que nació en 1958 en Melbourne. De padres alemanes que llegaron a comenzar una nueva vida.  Mantuvieron la profesión que, en grande heredó su hijo. Se inventaban muñecos para niños. Método que Mueck como artista fue conociendo la proporción del cuerpo más y más allá creó una especial sensibilidad para las texturas de la piel.  Obviamente, lo primeros personajes que llegaron fueron las marionetas que él mismo manejó y con su voz, daba vida a sus personajes.

Como colonizado, Mueck se trasladó a Londres para quedarse. Y comenzó en 1996 a incursionar en la escultura realista, hiperrealista Surrealista. Todo al tiempo.

Cada detalle del cuerpo de sus personajes está pensado dentro de una narrativa personal. El gesto cansado del viejo, la mirada sin esperanza de la mujer enferma, la arruga de la piel de su autorretrato, el poro en la piel de una bañista bajo el sol… Todos los detalles son perfectos.

Resulta sorprendente el juego que el artista realiza en las escalas de sus personajes: una señora de edad puede tener el tamaño de una pequeña niña inválida y el hombre de 5 metros puede ser un niño asustado.

En Londres los descubrió la Galería Saatchi y comenzó su mundo de museos por el mundo con su ficción triste de la vida cotidiana.

 

Hombre grande, 1998

Sus influencias más cercanas pueden ser los norteamericanos como George Seagal (1924-2000) quien se comprometió con la vida del hombre común norteamericano y lo reprodujo en yeso o Duane Hansom (1925-1996) quien creó sus personajes tan cercanos a la realidad de la clase media y su vida felizmente mediocre. Comenzó con el denunció el racismo en Norteamérica que hoy,  cincuenta años después, lo ejemplifica el movimiento de  “Black lives matters”. –La vida de los negros importa-.

El mundo de los hombres sin nombre de Ron Mueck lo conocí primero en la Museo Hirshhorn en Washington a donde volví siempre a verlo. La obra se llama como lo que es: Un hombre grande.  Él, de más o menos cinco metros, recostado en una esquina, en la desnudez de su edad adulta, asustado por la sexualidad deduce la fragilidad del destino cotidiano. Atemorizado mira de reojo el futuro, sus manos cruzadas como símbolo de protección están resignadas al cansancio de una espera que lo doblega y unos pies que se agarran al suelo con las uñas. La aterradora soledad del desnudo.

Otra obra ha repetido en varias versiones es La Máscara donde por su parecido, puede ser un autorretrato. Máscara porque al contrario de las otras esculturas es hueca. La cara tiene el ceño fruncido que permite imaginar la angustia algún sueño inoportuno. El resto de la cara tiene los músculos relajados que dejan ver ese gesto abandonado del sueño con la boca semi abierta, las cejas enmarcan la ausencia de unos ojos cerrados con sus pestañas acomodadas. La barba oscura muestra el paso de la noche.

En el trabajo de Mueck aparecen seres de la vida, desde el instante mismo del nacimiento hasta la muerte. Todos ellos muestran los estados de ánimo del perfil humano, reprogramando miedos, con un lenguaje corporal que se acomoda a las situaciones y a los comportamientos psicológicos.

 

Pareja debajo de una sombrilla, 2013

La enorme pareja en la playa bajo un parasol que discuten o el pequeño bañista que, colgado en la pared y a lejos parece un Cristo, pero es un simple hombre tomando el sol en una colchoneta plástica en el agua. Su piel mojada por el sudor muestra también el brillo del protector, el reloj suizo marca las horas, mientras debajo de las gafas negras y su relajado gesto de manos sueltas, muestra algún placer esperado.

 

Mujer con la compra, 2013

Otra escultura interesante es el relato de la vida de una mujer joven que sale del supermercado con las bolsas plásticas en las manos mientras sostiene a su hijo entre un viejo abrigo apretado. El apuro de su vida la muestra su cola de caballo despeinada y su vestimenta descuidada. Cada personaje de Muek tiene su edad psicológica o la mental donde pueden existir abismos.

 

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