La dramática situación de los docentes venezolanos

El sector educativo no es ajeno a la grave crisis socieconómica del país vecino

Por: Milton Arlex Atehortúa
mayo 06, 2019
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La dramática situación de los docentes venezolanos

A principios del año pasado, Rosalyn, una valiente profesora venezolana, estuvo en la calle reclamando como muchos venezolanos atención y soluciones por parte del gobierno. Ni el inclemente sol, ni la sangrienta represión oficial la hicieron desistir inicialmente de su lucha por la dignidad del gremio docente venezolano. Sin embargo, al pasar los días, pudo más el hambre y el sufrimiento de sus hijos que el amor a su trabajo que desarrolló por 18 años. A los 70 largos días de huelga abandonó con abatimiento su país para establecerse en Barranquilla, Colombia.

Hoy día, un posgrado, un gran nivel intelectual y una vasta experiencia en el campo educativo no le alcanzan para lograr conseguir un empleo digno en Colombia. A pesar de eso manifiesta sentirse conforme al contar con seguridad, techo y alimentación, derechos básicos con los que funestamente no contaba en su natal Venezuela.

Así como Rosalyn, se estima que unos tres millones de venezolanos han dejado el país. Una parte de ellos son docentes que se han visto obligados a emigrar por las malas condiciones laborales y, en general, por la situación de su país respecto a la crisis económica, la hiperinflación, el golpe a la producción petrolera y la destrucción de la infraestructura productiva. Como consecuencia de ello encuentran más rentable vender caramelos en otros países que ganar su salario en Venezuela, generando una violenta confrontación entre su vocación y una pésima calidad de vida, en la que infortunadamente la mayoría de veces sale victoriosa la segunda.

Y es que en el vecino país, un docente con maestría gana igual que un obrero. Ese es el caso de Martha, quien en su labor de educar gana 21800 Bvs quincenales que le alcanzan para un kilo de queso (esta cifra en pesos colombianos se sitúa en alrededor de 20.000$, ni siquiera la mitad del salario de un día de un docente colombiano en el escalafón más bajo).

El maestro por naturaleza es recursivo y trata de resolver las deficiencia presupuestales de los gobierno en favor de sus estudiantes, pero en el caso venezolano la situación ya tocó fondo, pues su salario no les alcanza para comprar el cuaderno de planificaciones, ni un marcador de pizarra, ni un bolígrafo decente, pues día es una constante lucha por tratar de saciar su hambre y la de sus familias.

Muchos de ellos catalogan su pírrico salario como la reposición del pasaje que se gasta para ir a trabajar, luego de lo cual no tienen derecho a absolutamente nada más, por lo que su labor de enseñar se traduce en una tormenta de desmotivación de la que están tardando mucho en salir.

Conseguir sal para hacer el almuerzo se convierte en una odisea, el arroz y las lentejas aparecen constantemente como elementos de salvación para los maestros antes de ir al colegio a formar a estudiantes en igual o peor situación que ellos, por esta razón muchos se ven obligados a vender chupetas u otros productos para tratar de producir algún mínimo recurso adicional.

Es tal la desvaloración de su jornada laboral que en ocasiones consideran más barato quedarse en casa que salir a trabajar, pues no poseen los recursos para comprar jabón y lavar la ropa que ensucian en sus faenas diarias con los niños, además los zapatos ya no toleran más jornadas de caminatas hasta el colegio, recorrido que la mayoría de veces hacen utilizando como recurso sus deterioradas piernas ante la carencia de pasaje para el bus.

Muchos de ellos sacrifican su alimentación para que sus hijos puedan mínimamente lograr sus 3 comidas diarias, las cuales no siempre llevan los nutrientes necesarios, esto fomenta un entorno inapropiado para el aprendizaje, pues ni el que enseña ni el que aprende están en condiciones óptimas para transmitir, adquirir, ni mucho menos construir ningún tipo de saber.

Al igual que en el gobierno colombiano, hay un enfoque en cobertura y no en calidad, situación que se agrava por el déficit de material didáctico en cada una de las escuelas, especialmente por la ya mencionada ausencia de recursos económicos. Nelba Fernanda, una docente de la capital, recuerda con nostalgia como hace algunos años llevaba afiches, papeles de colores, fotocopias, papel fomi, goma eva y muchos otros elementos que enriquecían su clase, mientras que actualmente difícilmente pueden copiar en el pizarrón, a causa de ello se desvirtúa toda estrategia innovadora de enseñanza.

Y es que si el salario no da para comer, mucho menos para comprar los implementos necesarios para la enseñanza, esta embarazosa situación los ha obligado a improvisar utilizando recursos del medio, por ejemplo, en algunas sedes educativas cuentan pizarras acrílicas pero los docentes no tienen para comprar marcadores, por lo que se deben privilegiar las exposiciones orales, de igual manera los niños tienen que usar diferentes recursos de emergencia porque no tienen para comprar papel, se usan al máximo las hojas recicladas.

Otro aspecto preocupante en la educación venezolana es la alta deserción escolar, especialmente debido a la falta de transporte, de efectivo y de alimentos. En los últimos días la falta de agua también ha azotado al país, por lo que se dificulta lavar los uniformes escolares, este punto agrega la insalubridad a la debilidad de los vulnerables educandos.

Además, aparecen varias dificultades que suponen un reflejo de Colombia, pues las instituciones educativas en su mayoría están descuidadas y deterioradas por falta de inversión, los programas de alimentación no se cumplen debidamente lo que ha socavado los ánimos de los estudiantes haciendo que cada vez sientan mayor menosprecio por la educación y la labor docente, debido a ello, es frecuente escuchar a los más jóvenes manifestar que prefieren ir a vender café en una vía pública y ganar para comer, que estudiar y estar “pelados” como sus docentes.

Es normal observar que los educadores lleven empanadas para el colegio para vender, sin embargo terminan regalándolas porque se les parte el corazón al ver a sus estudiantes muy delgados y hasta con dos días sin comer, situación que aniquila los inocentes deseos de un docente emprendedor que quiebra por el hambre de sus pupilos.

La situación de los docentes jubilados es peor que la de los activos, muchos de ellos, ancianos y enfermos, no poseen los recursos para una medicina, formando una paradoja vivencial en la que en vez de disfrutar con dignidad de los años dedicados a su labor educativa, deben ingresar a una cruel lucha por la satisfacción de sus necesidades básicas o peor aún, una lucha contra la muerte temprana.

Además de la situación ya mencionada, los docentes deben lidiar con otro tipo de dificultades respecto a su filiación política; una de ellas es la persecución e intimidación por parte de los directivos, la mayoría de ellos afines al gobierno de Maduro; se presume que hay un esfuerzo por el ingreso a la carrera docente de personal que siga las ideas oficialistas con el fin hacer más fácil el adoctrinamiento escolar, esta situación hace que se flexibilicen los filtros, bajo la modalidad llamada “chamba juvenil” en la que bachilleres sin experiencia ingresan a reemplazar los docentes desertores, esto facilita el ingreso de las personas que ingresan al gremio lo que sin duda afecta aún más la calidad educativa.

Muchos docentes afirman que el sistema educativo venezolano no está preparando a los jóvenes en competencias sino que está enfocado en ideologizarlos con un fin político, sin embargo se estima que los propósitos están divididos, muchos docentes venezolanos luchan contra viento y marea por formar pensamiento crítico, otros toman una actitud pasiva ante la desmotivación del pírrico salario, mientras que muchos otros más osados se esfuerzan en rescatar la verdadera educación y formación de todos los estudiantes a pesar de las circunstancias adversas.

Hacer frente a las problemáticas de los docentes se convierte en una odisea, más allá del tema salarial, la agremiación debe luchar en contra de la decadencia en la que se encuentra la educación en Venezuela, proceso que avanza lentamente, pues hay una preocupante desunión, lo que limita su voz de resistencia y restringe su lucha por el respeto de los derechos y garantías establecidos en la ley.

Desafortunadamente para ellos, la política está sembrada en las instituciones educativas, se evidencia competencia entre los docentes lo que impide la unificación de criterios, pues un grupo grande de docentes están de parte del oficialismo, muchas veces con el fin de cuidar su puesto de trabajo, mientras que otros permanecen en firmeza, muchas veces tolerando los maltratos y persecuciones.

Esta situación es triste desde todo punto de vista, pues todos requieren lo mismo: Reivindicaciones salariales justas, dignificación laboral y mejores condiciones de trabajo, no obstante, están muy lejos de lograrlo por cuanto son víctimas de la antigua estrategia orquestada la mayoría de veces por los gobiernos “divide y vencerás”

La mayoría de ellos siguen ejerciendo su labor con dignidad y profesionalismo, a la vez que reclaman sus derechos en la calle esperanzados de que algún día cambie su situación y la de su país, puedan volver a ver a sus alumnos sonreír y a su gente retornar, ellos saben que parte del futuro está en sus manos pues como dice el filósofo estadounidense Allan Bloom “la educación es el movimiento de la oscuridad a la luz”.

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