La desconocida historia sobre el sistema de clases en Estados Unidos

Si bien han pasado años desde su independencia, la huella colonial británica nunca llegó a borrarse por completo

Por: ismael suárez_córdoba -
enero 20, 2021
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La desconocida historia sobre el sistema de clases en Estados Unidos
Foto: Pixabay

Desde la colonización, protagonizada por oleadas de inmigrantes reinounidenses británicos entre los siglos XVII y XVIII (ingleses, galeses, escoceses e irlandeses), en Estados Unidos y durante sus 420 años de historia (contada desde 1600 con la llegada del navío Mayflower) se impuso la idea de que los trabajadores eran un lumpenproletariado* blanco (del alemán lumpen: "andrajo/so"), formado por sirvientes, prostitutas, delincuentes o convictos, procedentes del Reino Unido de Gran Bretaña, que al ser "defectuosos" deberían ser mejorados, proponiendo incluso medidas eugenésicas, cuya herencia ideológica —de esa mentalidad—derivó en un clasismo que desde entonces impulsó el odio racial.

Historia que expone el crucial legado de la embarazosa, siempre presente y parte permanente del tejido social estadounidense: los pobres. Personas marginadas y sin tierra, que han existido desde la época de los primeros asentamientos coloniales británicos (colonias de Virginia en Jamestown 1607 y de Plymouth 1620), hasta los actuales hillbillies** (término peyorativo usado para definir a los habitantes de áreas remotas, rurales o montañosas), denominados por sus coterráneos como "basura blanca", "timadores perezosos", "comedores de arcilla" o "crackers". Que, desde la década de 1850, son conocidos por tener niños prematuramente envejecidos, que se distinguen por su piel amarillenta, ropa andrajosa y actitudes apáticas; unida a su enfermiza y achacosa descendencia, dadas sus costumbres de apareamiento entre individuos emparentados.

Blancos pobres del sur, que fueron fundamentales para el ascenso del Partido Republicano de Abraham Lincoln, decimosexto presidente de los Estados Unidos en 1861, hasta su asesinato en 1865. También, al intervenir en la gestación del clima de desconfianza que determinaría que los sentimientos de enemistad, oposición y de animadversión, acabaran impregnando las capas más empobrecidas de la Confederación durante la guerra civil. Guerra de secesión estadounidense (1861 a 1865), que en sí misma, se libró tanto por cuestiones de barreras de clase, como por divergencias entre dos grupos (Confederados de los estados del Sur, contra los estados de la Unión del Norte) acerca de la abolición de la esclavitud; en las que la raza y la clase se cruzaban continuamente, siendo hoy uno de los factores que influyen innegablemente en el conjunto de la situación política del país. Luchas de la guerra de secesión que alumbraron una jerarquía racial y de clase, en la cual la Confederación temía que los blancos pobres se dejaran seducir por los llamamientos de la Unión y acabaran votando por el fin de la esclavitud, como un reflejo del egoísmo de los ricos dueños de plantaciones. Tal como lo expresó Lyndon Baines Johnson (trigésimo sexto presidente 1963 a 1969): "Si se les da a los blancos pobres alguien a quien odiar, no se enterarán de quién les mete la mano en el bolsillo".

Campesinos blancos pobres, que fueron arrojados al saco categorial de los seres inferiores a la raza blanca. Despojos, basura, peones útiles y levantiscos agitadores, llamados en forma despectiva "morralla o escoria humana", que durante el periodo de la reconstrucción tras la guerra, se constituyó en un punto discrepante en los esfuerzos tendientes a refundar la Unión (1863-1877). Y que, en las dos primeras décadas del siglo XX, mediante la ley de inmigración Jonson-Logge de 1924 (época que coincide con el florecimiento del movimiento eugenésico), sus miembros pasaron —"junto a la "insana población refugiada o inmigrante"— a formar parte de una clase "degenerada" a la que apuntaban todos los programas de expulsión de los parias, o incluso, los de esterilización involuntaria, en aras de la salud genética de las generaciones futuras. Propuestas eugenésicas o del "bien nacer", consistentes en la eliminación de caracteres indeseables mediante la segregación sexual y racial, restricciones de inmigración y prohibición legal de matrimonios "interraciales", que se antojaban racionales a juicio de los privilegiados, quienes ansiaban reducir la pesada carga que representaban "los perdedores" para el conjunto de la economía.

Lo que revela la existencia de una molesta tensión entre las promesas de país y cuestiona a los mitos existentes de una supuesta sociedad libre de clases que se inculcan a los estadounidenses, donde "la libertad y el trabajo duro garantizan el sueño de la movilidad social ascendente en la nación". En un país que se imagina democrático, y que, sin embargo, a la mayoría de su gente nunca le ha preocupado en exceso la igualdad. Razón que hay que buscarla en una pseudo aristocracia de la opulencia, que continúa hallando el modo de afirmar su creciente poderío social. En la cual, la riqueza heredada y el estatus, sin ninguna garantía de mérito ni talento, son producto del nepotismo a la hora de realizar concesiones o contratar empleados estatales.

Necesidad de control que ejercen sin contrapeso el tercio superior del cuerpo social, como élites que han ocupado el poder a lo largo de la historia. Ideando una fórmula consistente en apaciguar a los más vulnerables y en imbuirles de un falso sentido de la identificación, que niega en lo posible la existencia de verdaderas diferencias de clase. Privilegio en su concepción de darwinismo social, o de la supervivencia del más apto, que concede a los hijos de los ricos o famosos una enorme ventaja para salir adelante en la vida. Tratándolos con la deferencia que se juzga pertinente en un legítimo heredero y aceptando así una suerte de versión moderna de "los hijos de los elegidos, formados en la palabra de Dios", que como virtud tanto ensalzan los puritanos***.

Forma puritana de pensar, que no ha dejado de resonar lo largo de todo el pasado "democrático" de Estados Unidos, al pregonar las "excepcionales" características del paisaje estadounidense, entendidas como elementos capaces de generar una sociedad extraordinaria. En la que los padres fundadores insistieron en que el majestuoso continente norteamericano, estaba llamado a resolver (por arte de magia) todos los dilemas demográficos, ya que se hallaba en condiciones de reducir la superpoblación y de allanar las diferencias que pudiera provocar la estructura de clases. Compostura medioambiental a la que se le añadió, además, un mito de mayor alcance y pasmosa utilidad: el de que Estados Unidos daba voz a todas sus gentes y que cualquier ciudadano podía ejercer una influencia real y perceptible en el gobierno. Mito que siempre se ha formulado con matices, ya que en esa sociedad existen ciudadanos que valen más que otros, sobre todo aquellos cuya posición social emana de una saneada cartera de propiedades.

Por otra parte, la huella colonial británica nunca llegó a borrarse por completo, ya que el pequeño terrateniente rural (yeoman), ocupa uno de los últimos peldaños de la escala social propia de Gran Bretaña, al equiparar el valor moral con el cultivo de la tierra. Estadounidenses que, durante el siglo XIX, también hicieron todo lo posible por reproducir las posiciones británicas de clase mediante el matrimonio, asumiendo que la sociedad necesita siempre contar con una élite destinada a gobernar a las clases bajas, lo que justifico la procreación de una clase integrada solo por amos. Creencia, que no solo los indujo a conservar el deseo de las distinciones de clase, sino que también los animó a reinventar una y otra vez esas mismas diferencias. Y tan pronto como el Gobierno de Estados Unidos empezó a presentarse como el "líder del mundo libre", las ansias de un jefe de estado de regias características progresaron sin traba alguna, arremolinándose los embelesados demócratas en torno al Camelot de los Kennedy, y los republicanos, en ennoblecer la corte hollywoodiense de Reagan.

Valores que enmascaran la existencia de profundas divisiones, basados en la ficción de que un jefe de estado puede representar al conjunto del pueblo y actuar como apoderado suyo, que aun en los casos en que la estrategia se revela funcional, la unidad solo se consigue al precio de perpetuar el engaño ideológico. En el que el símbolo de los vaqueros se yergue en lo alto de la montura, defiendo el honor de la nación frente al imperio del mal. No obstante, que algunos presidentes títeres de corte corporativo, son reos de un sinfín de intereses empresariales, o del "1 por ciento" de los mil millonarios del país, y normalmente se ocupan en recortar de mil maneras las prerrogativas ciudadanas de los negros, de las mujeres, de los inmigrantes y de los pobres. Personas que no viven de mitos y nunca palpan el sueño americano.

Referencias

Barack Obama, (presidente 44 de Estados Unidos), libro Una tierra prometida. Nancy Isenberg (profesora de historia en la Universidad Estatal de Luisiana), libro White Trash, sobre el sistema de clases en Estados Unidos. Película Matar a un ruiseñor, estrenada en 1962, retrato clásico de las secuelas que ha dejado la esclavitud y la segregación racial en el sur de Estados Unidos.

Notas al texto

(*) Lumpenproletariado, (o subproletariado) es un término marxista de origen alemán con el que se designa a la población o a la clase social que, en el modo de producción capitalista, carece de capital, control sobre los medios de producción y sobre la distribución, viéndose en la necesidad de alquilar su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Clase social situada socialmente al margen o por debajo del proletariado, con carencia de conciencia de clases (según el marxismo), que no aportan a la sociedad al no tener nada y que son fácilmente manipuladas por las élites que pretenden manejar y proteger sus intereses. Término compuesto y originario de la Roma Imperial, en la que los "proletarii" eran los ciudadanos de la clase más baja, los Capite censi, que no tenían propiedades y solamente podían aportar hijos ("prōlēs") para engrosar los ejércitos del imperio.

(**) Por extensión, hillbilly, se refiere también a la música tradicional de las zonas rurales, que se encuentra en la base del Bluegrass y el Country. Cuyo origen son los Montes Apalaches, que hacia 1700, fueron colonizados por inmigrantes escoceses, galeses, e irlandeses, que constituyeron una población bastante homogénea, social y culturalmente endogámica (del griego endon "dentro", y gamos, "casamiento". Término que se refiere al matrimonio, unión o reproducción entre individuos de ascendencia de una misma familia o linaje. Y de tradiciones musicales, basadas en las baladas, gigas y reels, que se mantuvieron incólumes durante dos siglos y a la vez influyeron en el folclor de las zonas circundantes.

(***) El puritanismo fue un movimiento de los siglos XVI y XVII que buscaba "purificar" a la Iglesia de Inglaterra de los restos del catolicismo romano. Movimiento de reforma dentro del naciente anglicanismo inglés, que dadas las confusiones amorosas del rey Enrique VIII (1491-1547), en 1534 fue promulgada en Inglaterra un acta de supremacía, convirtiendo al rey en "cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra". Lo que 1567, permitió el avance de grupos calvinistas ingleses, fuertemente influenciados por la Reforma en Suiza, que fueron denominados “puritanos”. Quienes, al negársele la oportunidad de reformar totalmente la iglesia establecida, recurrieron a la predicación, los panfletos y a su importante influencia en centros educativos como Cambridge u Oxford, hasta lograr en 1603 ordenar una nueva traducción de la Biblia, que hoy conocemos como la versión King James.

Calvinistas que, como consecuencia del fracaso de establecer un gobierno puritano, derrocaron al rey Carlos I, y Oliver Cromwell (1599-1658), que era puritano, asumió el gobierno. Sin embargo, Carlos II (1630-1685), subió al trono en 1660 e inició una era de persecuciones contra los puritanos. Puritanos que, en 1660, muchos de ellos dejaron el país buscando otros lugares con mayor libertad religiosa, como Suiza, Países Bajos, Sudáfrica y principalmente las colonias inglesas en América, donde establecieron el tipo de gobierno que no pudieron establecer en Inglaterra. Formando en buena parte el carácter de lo que sería más tarde los Estados Unidos de América y generando entre sus miembros una comunidad altamente ilustrada para su época, al ser pioneros en preocuparse por la alfabetización universal (mientras en la Inglaterra del siglo XVII la alfabetización no llegaba al 30%, entre las colonias puritanas ascendía al 80% entre hombres y mujeres). Con una razón simple: todos debían poder leer su Biblia. Lo que promovió la educación universal y gratuita, y la fundación de numerosos centros educativos y universidades, tales como Harvard y Yale.

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