La decadencia del uribismo

"Esta semana quedó claro que el expresidente es un líder político desprestigiado. El fracaso de las marchas en su defensa lo demostró"

Por: Diego Andrés Hernandez Bernal
octubre 10, 2019
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La decadencia del uribismo
Foto: Las2Orillas

La fuerza del uribismo está siendo sobredimensionada por los medios y hasta por el mismo imaginario del pueblo colombiano. Lo ocurrido esta semana alrededor del líder único del Centro Democrático en el marco de su cita a indagatoria ante la Corte Suprema de justicia así lo demuestra.

La opinión pública nacional estuvo con los ojos puestos a lo que ocurriría en el transcurso de los primeros días de esta semana con la visita de Uribe a la indagatoria solicitada por el alto tribunal y a todo lo que esto conllevaba política y socialmente.

Hace poco más de un mes, desde de que se supo la tan esperada fecha para que se llevara a cabo la diligencia jurídica, las cabezas notables de la fanaticada uribista dieron pie a una serie de declaraciones y proclamaciones entre las cuales se invitaba a marchar a favor de su líder político en diferentes ciudades del país y una que otra ciudad del extranjero.

Efectivamente estas manifestaciones se llevaron a cabo el pasado domingo 6 de octubre en ciudades como Medellín, Cali, Cartagena y Barranquilla. Y aunque se decía que en ciudades como Atlanta, Houston, Nueva York, Orlando, Miami, Madrid, Quito y Ciudad de Panamá también se llevarían a cabo, solo se reportó por algunos medios una que otra concentración mínima en Miami, ciudad donde muchos uribistas de los más destacados defensores de Uribe viven y profesan.

Todas las marchas, incluyendo la que se llevó a cabo en Bogotá el mismo 8 de octubre mientras Uribe comparecía frente a la Corte, carecieron de sentido, concurrencia y sobre todo ruido… terminaron siendo más embobadas por los medios de comunicación que por la afluencia o impacto social que hayan alcanzado. A pesar de que los noticiarios y la prensa intentaran alzar las cifras de asistencia en miles y miles, las imágenes publicadas en redes y medios independientes desvirtuaban dichos números y mostraban acaso algunos cientos.

Fueron unas marchas escuálidas y mediocres compuestas de asistentes pensionados, terratenientes favorecidos y sin lugar a duda uno que otro esclavo que defiende a su amo (como le dijo Francia Márquez a un jugador de fútbol pasado de moda que trinó apoyando la causa). Como es costumbre se escuchó y se vio el dinero de por medio: quince mil y veinte mil dijeron algunos que les pagaron por el apoyo. Eso sin contar con el saldo invertido en pancartas, bubucelas, gorras y camisetas que uniformaban a los contados asistentes.

Nada comparado con las multitudinarias marchas estudiantiles que hemos visto en los últimos meses en defensa de la educación o contra del gobierno y el abuso policial; manifestaciones donde se ve el clamor de un pueblo juvenil que grita por un mismo fin, por un mismo deseo... un pueblo que pinta carteleras de rechazo en las mismas cartulinas donde expone sus trabajos universitarios o que utiliza su cuerpo como lienzo de protesta.

Ni siquiera estas demostraciones escuálidas se acercaron en un mínimo margen a las que la historia guarda en su memoria a lo largo y ancho de Latinoamérica. Pienso en las miles y miles de personas que salieron en diferentes ciudades de Brasil cuando Lula fue detenido y posteriormente llevado a la cárcel o a las marchas que vecinos países han llevado a cabo y que han logrado tumbar presidentes.

La verdad es que hoy por hoy no existe un estado de opinión favorable frente a Álvaro Uribe y eso se demostró con el fracaso en las marchas en su defensa y en las más o menos cien personas y una loca disfrazada de monja que gritaban al mejor estilo uribista frente al Palacio de Justicia.

Después de esta semana nada nos queda más claro que Álvaro Uribe es un líder político desprestigiado. Lo confirman las encuestas, donde  su imagen es cada vez más desfavorable. O basta con mirar las reacciones de la gente en redes sociales cuando la noticia, la burla o el comentario tiene que ver con Uribe o alguien de su círculo fanático. Y si quedan dudas, solo hay que voltear a ver los recibimientos llenos de arengas, rechazos y chiflidos que han protagonizado las correrías de Uribe a lo largo de todo el país.

El país que pregonan lo uribistas que está con Uribe no existe. El medio país que votó por el que dijo Uribe no existe (de esos diez millones, más de la mitad votó por no ver a Petro gobernando que por ver glorioso y grande al uribismo). Esa mitad del país que los medios destaca a su favor tampoco existe.

Cada vez me convenzo de que somos más los que no estamos de su lado ni con sus fanáticos. Y a pesar de que estoy seguro de que no lo veremos en la cárcel pagando los crímenes que se “hicieron a sus espaldas”, sí tengo fe de que lo notaremos cada vez más angustiado, desgastado y decaído en su mismo desprestigio y el de su partido.

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