¿La culpa fue del hipoclorito?

En un evento desafortunado Hernando, un niño de año y medio, tomo límpido. Desde ahí él ni su familia volvieron a ser iguales

Por: Alejandro Garcés Tabares
septiembre 26, 2018
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
¿La culpa fue del hipoclorito?

Habla la familia Díaz Marín, madre e hijo específicamente.

Hernando: Yo estaba muy pequeño. Mi mamá estaba trabajando, ella era abogada, y yo estaba en la oficina con ella, eso fue en Bogotá. Una señora estaba trapeando los pisos con límpido, me encontraba jugando ahí. Estaba con unos carritos y la señora puso el límpido donde yo estaba jugando. Cogí el límpido y me lo tomé, yo estaba morado, mi cara estaba morada, mis ojos estaban hinchados. Esa cosa me quemó dos neuronas.

[El límpido es más fuerte que el cloro y se le llama hipoclorito. El cloro es con lo que se lavan las piscinas, en cambio el límpido es más industrial, es con lo que se lava la ropa, los baños, los platos… se reconoce por su olor fuerte y penetrante. Cuando el agua se va, vuelve blanca, porque le han echado cloro para purificar el agua].

Cuando mi mamá llegó estaba en el suelo, estaba tirado, la señora estaba asustada. Cuando mi mamá entra y la ve, y se fija en que me había tomado el límpido, le dijo un poco de cosas: “si a mi hijo le pasa algo a vos te mato, a vos te mato”. Ahí mismo mi mamá llamó a mi tío, en eso mi tío salió con mi mamá y conmigo. Mi mamá me tenía cargado, yo me acuerdo de eso. Me llevaron al hospital, mi mamá iba ahí sufriendo: "mi hijo se me está muriendo, se me está muriendo". Trajeron una camilla y me llevaron a una sala, me pusieron un tapabocas para el oxígeno. El límpido salía y salía por medio de unas mangueras puestas por delante y por detrás. A las cuatro de la mañana eso salió todo, luego pasaron a ponerme muchas inyecciones.

A la señora del aseo solo sé que la echaron. Me pasaron a una parte donde tenían a los bebés, dentro de una incubadora. Le dijeron a mi mamá: "Le tiene que dar caldito con espinacas para que vuelva a coger la fuerza". Tengo 25, eso fue cuando mi papá estaba vivo, yo estaba muy pequeño, el problema fue solo en el cerebro.

***

Mamá de Hernando: El niño al año y medio tomó límpido por un descuido de una niña del servicio, yo trabajaba en Fusagasugá, yo era jueza allá en un juzgado. Esta señora se descuidó con él, y él tomó límpido. Al haberlo tomado le produjo un retraso mental, se le quemó "una neurona del entendimiento". En el cerebro son clasificadas así: entendimiento, motriz, cognitivo… Desde eso empezó con unas falencias. Él no hablaba bien. No se comunicaba, balbuceaba, casi todo era por señas. Su papá y yo fuimos alcahuetas, al fin y al cabo tratábamos de interpretarle todo lo que él quería.

No se le afectó en nada lo motriz, lo único es que se le quemó “la neurona”, porque duraron siete minutos para sacarle el límpido. Este es peligroso en pequeñas cantidades y él se tomó como dos tragos de la botella. Si él se hubiera tomado toda la botella no le hubiera hecho nada, porque en grandes cantidades se "contrachoca" el efecto. Eso fue lo que me dijeron (los médicos) cuando fui a examinar el límpido. Lo que lo jodió a él fue que lo haya tomado en pocas cantidades, porque el hipoclorito sube muy rápido y únicamente al cerebro, pero si lo hubiese tomado en grandes cantidades no le hubiese pasado nada.

[Según el doctor Juan Mejía de la Clínica El Rosario el límpido solo afecta la parte gastrointestinal, no afecta lo neurológico, a menos de que haya tenido una hipoxia —estado de deficiencia de oxígeno en la sangre, células y tejidos del organismo, puede ser provocado por un desmayo—, la cual le haya generado un daño neurológico].

Hernando tuvo un pequeño trauma en las neuronas, pero de todas formas nosotros teníamos que ayudarlo y motivarlo a que forzara el cerebro a trabajar. Porque a él se le volvió perezoso el cerebro por falta de esa neurona, a raíz de eso nosotros influimos mucho en la sobreprotección, tratábamos de solventarle todos sus problemas.

Él entró a estudiar desde los seis años. Repitió todos los cursos de primaria. El grado primero lo repitió dos veces, menos mal el colegio contaba con un aula de apoyo. Allí lo cogieron como un déficit cognitivo.

De la escuela lo remitieron a otro lado para que un terapeuta del lenguaje lo tratara, porque él hablaba muy enredado. Él entendía las cosas pero las procesaba muy lentamente. Yo le decía: “pásame un carrito”, y al rato me lo entregaba.

Me dijeron que él tenía un déficit cognitivo con un retardo leve. “Usted tiene que convertirse en la sombra de ese niño” me señalaron. Yo le trabajé mucho a Hernando, sino hubiese sido un niño autista o un niño con retardo mental grave. Me pegué mucho de las terapeutas, estuve tres años allí, donde le ayudaron demasiado, le hicieron mucho trabajo.

Como a los nueve años entró a primero de la Escuela San Vicente de Paúl. Me apoyaron mucho, desde la rectora de la escuela hasta el coordinador del colegio. Y los profesores, hasta el último momento, no le calificaban los trabajos, sino el esfuerzo que él hacía. Una profesora me dijo: “Hernando me enseñó cómo estudiar a mí”. Ella hizo un máster en atención a discapacitados.

En ese entonces conté con la suerte de que estaban las aulas de apoyo, pero ya no, por eso es que lo niños discapacitados ahora no tienen casi apoyo para "esos males". Hernando ha estudiado en la Carlo E. Restrepo. Era una escuela de integración especializada para niños discapacitados. Allá lo cogieron los profesores y le colaboraron mucho, ese proceso fue muy lento. Los años de primaria son cinco, Hernando los hizo en nueve años, porque él se demoraba. El bachillerato no repitió ninguna porque salió muy preparado de la primaria.

En el otro lado, lo cogieron con ejercicios mentales para no dejarle dormir el cerebro, porque los niños con déficit cognitivo se vuelven muy perezosos, entonces les da pereza y no estudian. Yo le ayudaba mucho a él porque yo era muy templada, los médicos me decían: "usted tiene que ser durita con él para que él se acostumbre a que tiene que hacer las cosas".

Hernando: Yo me tardaba horas haciendo los trabajos de María Helena.

Mamá de Hernando: A mí me decían que tenía que ser un poquito dura con él para forzarlo a que él hiciera las cosas. Y bueno gracias a Dios llegamos al punto en que hoy por hoy está trabajando allá en discapacidad y se está defendiendo.

[Con las personas discapacitadas ha habido mucho tabú. La sociedad todavía aísla y excluye. Hoy en Colombia, la gente discapacitada declarada interdicta (proceso mediante el cual se declara judicialmente la incapacidad relativa o absoluta de unas personas a las cuales se les designa un curador/a para su protección y la de sus bienes) no tiene derecho al voto].

***

Hernando: Antes… cuando me montaba en un bus iba asustado y me perdía. Se me aceleraba el corazón. Yo era al principio dizque: “hay juepucha ahora qué hago”. Primero preguntaba si el bus pasaba por San Germán (donde entreno fútbol), si el conductor me decía que sí, entonces me subía, y cuando estaba llegando simplemente me bajaba. Y así es en el Metro. En el Metro yo casi no conozco las estaciones, pero le voy preguntando a los policías o a las personas que esperan también el metro, uno después va superando eso.

A veces se me olvida para dónde voy.

Mamá de Hernando: Lógicamente, porque usted no se concentra. Por eso le digo yo “póngame bien atención a lo que le estoy diciendo”, porque a medida que yo le hablo usted se tiene que concentrar. Si dice "voy para donde mi abuela Consuelo", eso se le tiene que meter en el cerebro, pero a veces usted está  hablando, yo le estoy hablando y vos no tenés ni idea qué es lo que yo te digo, vos tenés es que concentrarte, ponerle cuidado a uno cuando te habla. Cuando Gloria (hermana) te manda a hacer un mandado, que a veces se te olvidan las cosas. ¡Eso es falta de concentración!, eso no es enfermedad, ¡falta de atención cognitiva!

***

Hernando: A cada uno nos dan cinco paquetes de diez. Yo salgo cualquier día y los vendo. Digamos que yo salgo a las cuatro de la tarde, y en una hora ya los he vendido todos. A veces vendo cinco, a veces diez, a veces veinte.

Trabajo empacando bolsas, me toca doblarlas y empacarlas, el paquetico se vende a $1000. Solo me toca trabajar dos días a la semana, martes y jueves. Empacamos siete paquetes por día. Estoy muy contento de mi trabajo, gano $36000 mensual. Me pagan solo mensualmente.

Conmigo trabajan Daniel y Juan Esteban, somos discapacitados, estamos acompañados por la jefe Mónica. Nuestro lugar de trabajo está ubicado en el barrio López de Mesa, en la acción comunal. Yo no me voy a salir nunca, porque es como una oportunidad, una segunda oportunidad, me va ayudar a salir adelante. Mi sueño es… [se confunde] sacar una empresa. El paquete de bolsas es para sacar la empresa. Todos somos una familia. Entre todos vamos a sacar la empresa.

Mi sueño es vivir lejos, en Belén, en alguna urbanización. Tener mi auto, con mi  casa y vivir yo solo. Mi sueño es tener el play 2, 3, 4, 5 y ya, ese es mi sueño, porque lo mío… el sueño mío es vivir solo. Quiero disfrutar la vida, estar con mi mamá al lado, sacándola a pasear, estando con la familia, quiero que mi mamá se sienta orgullosa de mí. Aspiro a tener hijos, esposa y nietos, ese es mi sueño.

[La Corte Constitucional acaba de avalar la esterilización de personas con discapacidad en Colombia. Cada año más de 120 hombres y 500 mujeres son esterilizados en Colombia. Muchos de estas personas ni se enteran de dicha operación hasta que quieren tener hijos].

Yo estoy muy feliz con este trabajo, así sea por $36000 pesos, esto es lo que a mí me gusta, yo no voy a ganar un montón de plata pero $36000 es algo, con eso puedo ayudar en la casa, tener mi auto, colaborarle a mi mamá, sacarla a pasear cualquier día, estar con ella.

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