'La crueldad hacia los animales sobrepasa los límites de la racionalidad humana'

'El maltrato de animales, por ser masivo y más violento, llega ahora a su máxima expresión de crudeza'

Por: MH Escalante
agosto 14, 2015
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'La crueldad hacia los animales sobrepasa los límites de la racionalidad humana'
Foto: tomada de internet

Hay una expresión que sirve a los franceses para describir el estado al que es reducido el hombre o la mujer que ha sido víctima de la lengua viperina o que ha perdido de forma vergonzosa el debate: fue cortado en pedacitos, taillé en pièces, hecho trizas, decorticado, acabado y expedido.

Si bien en este caso la figura sirve para describir la ejecución de un hombre a través de la palabra como arma, que también es mortal, esta es la realidad de millones de animales que cada día sí son literalmente masacrados, degollados, desmembrados, hechos trizas y expedidos en pedacitos a todo el planeta para abastecer el gigantesco mercado de la carne.

Cada mañana, cuando nos despertamos, millones de reses, cerdos, aves, peces y crustáceos han sido ya electrocutados, descuartizados, majados, molidos, transformados en productos etiquetados destinados a las estanterías de los supermercados.

Cada mañana millones animales son masacrados en mataderos industriales, después de haber vivido una existencia horripilante en criaderos intensivos en donde su código genético,-que está adaptado para vivir en medio natural-, se ve perturbado por el encierro y el hacinamiento a los que se les somete.

Cada año millones de animales son sacrificados para extraer sus codiciadas pieles y confeccionar con ellas abrigos de alta costura y accesorios, mientras que miles de otros son torturados en laboratorios científicos en donde a cada segundo mueren 25 de ellos a causa de experimentos violentos para obtener nuevos medicamentos, nuevas terapias y, lo que es peor, nuevos perfumes y cosméticos.

¿Cuántos animales viven en este mismo instante en condiciones de sufrimiento atroz para suplir las necesidades básicas, suntuarias y lúdicas del hombre?

Los animales son los seres más marginados y explotados del planeta. Es a ellos a quienes se masacra en los mataderos, se martiriza en los laboratorios, se explota en los circos y en zoológicos, se mata por el placer de matar en corridas de toros,persecuciones alcoholizadas como las fiestas de San Fermín, en España, o en orgias de caza como la que acaba de protagonizar el dentista americano que mató al león más dulce y manso de Zimbabue.

Un defensor de la causa animal escribía en su página Facebook que los animales son, en efecto, la última de las minorías entre todas las minorías que existen en el planeta.

Con los animales se fabrican abrigos de piel y cosméticos, con la explotación de su energía vital la ciencia dice avanzar. La Liga francesa de los derechos del animal compara el sufrimiento del animal en los siglos XX y XXI con el impacto que sufrió el hombre del siglo XIX y el advenimiento de la era industrial.

El maltrato de animales es hoy continuo, obsesivo, masivo y, lo peor, se acepta con naturalidad, como un mal necesario, y se justifica con la indiferencia. Y cuando se toma conciencia de él se le estigmatiza por no tener en la escala de los valores humanos el mismo nivel que tienen otras grandes causas; la explotación de la mano de obra infantil, la trata de mujeres, los desplazamientos de poblaciones provocados por guerras neocoloniales, las hambrunas, las epidemias que en el fondo son problemáticas que tampoco interesan ni movilizan a la gran masa cuando se pasea por los centros comerciales de las grandes ciudades del mundo.

El maltrato de animales, por ser masivo y más violento, llega ahora a su máxima expresión de crudeza, a una forma de tiranía por la indiferencia y el desapego del hombre hacia el animal en la experimentación científica y en el tratamiento que se les inflige en los criaderos intensivos.

Para autores como el australiano Peter Singer y el americano Eric Schlosser la tiranía del hombre hacia el animal debe ser combatida como cualquier otro tipo de tiranía de orden moral y social. Tomar conciencia de ella es ya un buen comienzo, luego habrá que cuestionarse sobre nuestra manera de consumir.

La experimentación científica que Peter Singer denunció por primera vez en 1975, y que dio origen al movimiento mundial de liberación de los animales de su cruel condición en los laboratorios, consiste en tratar de probar teorías para luego refutarlas y, al final, probar versiones modificadas de la teoría inicial. Muchas de esas experiencias podrían ser evitadas por ser inútiles.

Las más dolorosas se realizan en el campo de la psicología experimental. Estas consisten, según lo escribe Peter Singer, en administrar choques eléctricos en los animales para determinar sus reacciones ante el castig, o para enseñarles a efectuar acciones determinada: obediencia, sumisión, o para provocar desesperación en ellos, angustia, y devastación psicológica hasta llevarlos a la muerte cuando se les somete a la privación materna, en el caso de los monos.

Para determinar la toxicidad de ciertas sustancias se les expone a inhalaciones en espacios cerrados obligándolos a inhalar aerosoles, gases y vapores. En los estudios sobre toxicidad cutánea, los conejos son trasquilados y luego en la piel sin defensa se les aplica la sustancia en estudio; luego se los inmoviliza para que puedan rascarse únicamente en la parte afectada, hasta que sangre, se pele o se le llene de ampollas. En los estudios de inmersión, los animales son dispuestos en cubos llenos de sustancias diluidas, en diversos ensayos los animales sucumben antes de que se obtengan los resultados esperados.

En la Unit Action For Animals de Nueva York, los expedientes sobre maltrato animal en laboratorios de investigación comportan los siguientes nombres: aceleración,  agresión, aislamiento, aplastamiento, asfixia, ceguera provocada, centrifugación,    comportamiento depredador, compresión, congelación, conmoción, descompresión,  estado de shock, estrés, golpes en las patas traseras, hambre prolongada,  hemorragias, heridas en la médula espinosa, heridas múltiples, inmovilización,  irradiación, neurosis experimental, privación de espacio, privación proteínica,  punición, quemaduras, recalentamiento, sed, test de medicamentos…

En cuanto al trabajo de Eric Schlosser, el autor americano se concentra en mostrar el maltrato que sufren desde el nacimiento los animales “destinados a la fabricación” de la más famosa hamburguesa del mundo. Ello nos revela, también, el andamiaje financiero que está detrás de la gran multinacional que la produce.

En Fast Food Nation, su libro que inspiró la película bajo el mismo título y cuya traducción nos remite al mundo de la comida rápida, el fast-food, self-service, y en la que participan actores sensibles a la causa animal como Bruce Willis, Avril Lavigne, Patricia Arquette, Chris Christofferson y la actriz colombiana Catalina Sandino en el papel de la mexicana indocumentada obligada a trabajar en los mataderos industriales de El Colorado, que explotan por igual a hombres y mujeres latinos y a animales, de cortica el modelo que ha convertido a la hamburguesa en el producto alimenticio más copiado y apetecido en el mundo,  por ser un alimento barato y práctico, pero que, como modelo, ha llevado a centenares de ganaderos en Estados Unidos, Europa y ahora en América del Sur a arrasar espacios naturales para convertirlos en potreros y concebidos como verdaderas cárceles para el ganado.

Schlosser recuerda que hubo un tiempo en que el hombre podía estar seguro de que la hamburguesa que digería era elaborada a partir de la carne de una sola res. Ya no es el caso, hoy en día la hamburguesa más famosa es el resultado de la mezcla de carnes de centenares de reses criadas en diversos puntos de la geografía mundial.

“Bajo el principio mercantilista de mayor número de reses en menor espacio para mayor rentabilidad, los potreros destinados a la cría de reses para las hamburguesas de la gran multinacional son inmensos hangares en forma de cárceles en donde millones de bestias crecen amontonadas entre sus propios excrementos, por lo cual se enferman con frecuencia y, para lo cual, se les suministra antibióticos con frecuencia para que al final terminen, igual, convertidas en carne molida”, escribe Schlosser.

La divisa de 'Un solo sabor para el mundo entero' ha hecho que, en todos los países, y sin distinción de culturas ni de tradiciones, predomine el modelo americano de los fast-food, manejado, a la vez, por las grandes multinacionales de la alimentación industrial que, para el caso de los Estados Unidos, ya tiene el control de toda la agricultura americana.

“En los años ochenta grandes multinacionales como la Cargill, ConAgra y IBP se dieron el gusto de dominar la bolsa. Los granjeros y dueños de crías de ganado se plegaron a ellas perdiendo así su independencia lo cual los convirtió en empleados de los nuevos gigantes de la agro-industria, cuando no lograron expulsarlos de sus tierras. Las granjas familiares fueron reemplazadas por enormes explotaciones industriales. Hoy tenemos los que se enriquecen con ese tipo de producción y los empleados explotados que trabajan para esas multinacionales”.

En nuestras sociedades contemporáneas la noción del animal, ser vivo,  ha ido desapareciendo. La idea del animal como ser provisto de una sensibilidad se borró ante la idea del animal como producto. Las reglas biológicas han sido reemplazadas por las reglas tecnológicas, el granjero es ahora un técnico que, en vez de dar de comer a sus aves, vigila su galpón industrial.

En potreros y laboratorios, en mataderos que no cumplen las reglas mínimas de respeto de la vida animal, la crueldad hacia los animales sobrepasa los límites de la racionalidad humana. Nunca antes en la historia habían sido tan explotados, en criaderos de bovinos, aves, peces, crustáceos; con medios tan enormes y eficaces, la tecnología al servicio de la producción de carne y sus derivados; por pretextos tan fútiles y abyectos, las corridas de toros, las pelea de perros, cazas de distracción, ejecuciones rituales (hacer sangrar los animales aun conscientes), ycon tal ausencia de escrúpulos, la tradición, la cultura, las creencias, la moda, como lo son hoy en día.

En Francia esta semana los productores bretones de carne de cerdo no saben qué hacer con la “mercancía”. La carne ha bajado de precio, la competencia de los países del Este es ruda; el boicot de los rusos a los productos franceses se hace sentir; los gastos de producción se acumulan, la contaminación de los ríos aumenta con el estiércol que sale de los galpones de cría intensiva. Los animales, ellos, siguen a la  espera del veredicto de los hombres: que su carne suba de precio y los maten, o que su carne siga bajando de precio e igual los maten.

Millones de toneladas de carne se consumen diariamente en el mundo, a tal punto que científicos y expertos se preguntaban hace poco si aún es ético, ecológico, económico y hasta sano seguir consumiendo tanta carne.

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