¿La convivencia con conciencia o con inconciencia?

Los humanos al sentir soledad, estrés, hambre, aburrimiento, presionados por el desempleo, y otros por la separación de su ser amado, tuvieron que tomar una gran decisión

Por: José Eliécer Palomino Rojas
junio 08, 2020
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¿La convivencia con conciencia o con inconciencia?
La informalidad y el rebusque que quita el hambre, es algo inatajable cuando se trata de sobrevivir. Con la desesperación llega la protesta. Foto: Leonel Cordero/Las2Orillas

Durante la época de la pandemia del Covid 2019, muchas personas morían y otros se salvaban de ese enemigo oculto de nombre Coronavirus. Los moradores de los pueblos, ciudades y naciones percibiendo esta delicada y mortal situación, acordaron obedecer las órdenes y recomendaciones de los líderes administradores de los poblados, ciudades, países, naciones, hasta de personas epidemiólogas idóneas de la pandemia, y decidieron vivir acuartelados, confinados en sus hogares asemejándose a la hormiga y a la cigarra, así que, unos como la hormiga, acumulaban sus víveres, e implementos de seguridad, hasta se  daban los medicamentos, los alimentos, el abrigo, la protección mutuamente, dentro de sus hogares, otros como la cigarra no se percataban de la magnitud del caos, y eran incrédulos y relajados, vivían a la deriva, como rebaño sin pastor. Pero los que daban credibilidad ante el temor de ser contagiados hería con la extremada precaución, y extremada prevención a sus vecinos más próximos, justamente a aquellos que a diario les brindaban el saludo, su amistad, pero ante ese supuesto virus, se separaban cada día más unos de otros.

Los habitantes al sentir soledad, estrés, hambre, aburrimiento, algunos por la presión del desempleo, y otros por la separación de su ser amado, tuvieron que tomar una gran decisión: o desaparecerían de la faz de la tierra por el contagio de ese enemigo oculto o aceptarían salir a protestar, interactuar, trabajar unos al rebusque otros como asalariados, otros como roncadores acicalados en los amplios  recintos cerrados, en sillas bien tapizadas y apoltronados durante algunas prolongadas asambleas, otros desde una urna de cristal enviando mensajes de paz y espiritualidad, otros en pie algunas veces adormecidos por el cansancio o sedados por el olor de los medicamentos que les propiciaba a los pacientes, y así de esa forma aprender a convivir juntos con el virus.

Aprendieron así, a vivir desde pequeñas distancias, miles de precauciones y con pequeños o muchos contagiados que muy cercanos o distantes los podían enfermar, porque lo que realmente primaba como seres comunicativos  era la cercanía, el afecto, el diálogo, la colaboración del otro y así de esa forma sobrevivirían haciéndole frente al supuesto enemigo oculto llamado Coronavirus, quien como decía el abuelo: “mijo sea que exista o no exista ese sinvergüenza y oculto enemigo, virulento y asesino oculto, lo único cierto es que debemos cuidarnos porque amanecerá y veremos”.

Lo más paradójico de la situación provocada por ese enemigo oculto, es que algunos han hecho su agosto, con espíritu oportunista y depredador, aprovechando la oportunidad, unos para con sus malas actitudes destruir al otro, y hasta desangrar cada día más nuestro amado país del sagrado corazón de Jesús, Colombia, otros con la inventiva de su emprendimiento, y de su conocimiento profesional batallan por reconstruir los que los otros mantienen enlodando y destruyendo.

La mejor compañía, con relación y entrega, no es aquella  que une a las personas saludables, ni perfectas, es aquella donde cada uno acepta los defectos, la enfermedad, la adversidad del otro y consigue aceptación, tolerancia, perdón para los suyos, donde la aceptación, el respeto y el perdón es fundamental para la convivencia  y la existencia de los seres humanos.

Si esta situación no mejora reitero de nuevo una de tantas palabras de mi  abuelo: “Mijo si no se presenta pronta solución para contrarrestar al sinvergüenza de este enemigo oculto que nos está atacando de forma directa o indirectamente, ocasionándole la muerte a unos por la soberbia, la avaricia y el ansia de atesorar día a día riquezas, y a los otros  con manos humildes, trabajadoras que no tienen ni cuentan con ayuda para protegerse y sobrevivir no tanto del Coronavirus sino de del hambre, la desnutrición, la explotación y el desempleo,  es mejor que apaguemos el chuzo y encerrémonos, hasta la nueva orden que expidan las multinacionales y las grandes potencias, o la otra opción mijo sería.. la de no dejarnos doblegar ni arrodillar, ante ningún enemigo visible o invisible así sea con trono o sin trono terrenal,  porque al único al que debemos rendir honor, culto y adoración es a mi Dios del cielo”.

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