La bolita, ¿dónde está la bolita?

Los hilos de la política parecen estar enredados. Una retrospectiva que intenta tejer los últimos acontecimientos de Colombia en estos tiempos convulsos

Por: Carlos
agosto 17, 2021
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.

Estoy leyendo como en un feed back cinematográfico las secuelas del paro que, como triunfo más protuberante y digamos que placentero, forzó la tremebunda caída del embajador en Washington; léase: la peor derrota política internacional jamás infligida a partido alguno, el Centro Democrático, en el universo mundo.

Las cosas habrían sucedido así. Pacho Santos ocuparía la embajada en Washington aspirando a una triple corona olímpica para 2020: 1. Tumbar a Maduro poniendo en ridículo a China y Rusia. 2. Imponer un segundo mandato de Donald Trump. 3. La cereza del pastel luego de logrado lo anterior: proclamar su triunfante candidatura a la presidencia de Colombia.

¡Es obvio que eso era desmesurado!

Para lograr lo primero, cuando todo parecía ir viento en popa, obtuvieron que tropas norteamericanas aterrizaran y formaran base en territorio colombiano. Con ello neutralizaban cualquier coletazo castro-chavista-santista en nuestro propio territorio. Hoy puede aparecer que quizás esa oprobiosa mancha fue lo único que lograron. Cuando les falló lo de tumbar a Maduro, lograron que Trump le pusiera precio a su cabeza.

Es posible que pensaran que una gallada de mercenarios desempleados o ambiciosos, incluidos colombianos separados del propio ejército nacional, iría ciego tras los 5 millones de dólares de recompensa por la cabeza, vivo o muerto, de Maduro.

Pero Trump, el gran histrión internacional, habría dejado de reír y se estaba convirtiendo en un irreversible clown: Biden aparecía triunfante en las encuestas con más del 11 % de ventaja. ¡Y ahí fue Troya! La embajada entró en una desesperación inclaudicable.

Exagerando la nota, es posible que Pacho se orinara en las macetas de la embajada sin darse cuenta, así como una senadora de marras lo habría hecho acuchada del miedo antaño en palacio. Senadores, de bancada conocida, invadieron la embajada. Se llevaron empresarios no se sabe si para soportar alguna increíble compraventa de votos, con pinches y devaluados pesos colombianos, o para sondear si todavía podría financiar su propia campaña.

Mientras tanto, China y Rusia atenazaron a Maduro en el poder y todo fracasó más que estruendosamente: Trump ordenó, burla burlando, una ofensiva contra el Capitolio: pretendía instaurar a la vista del orbe un falso positivo electoral del tamaño de una catedral gótica abortada de arabescos barrocos.

Cuando Trump se vio obligado a dejar el poder Pacho se quedó sin trabajo. Se convirtió automáticamente en el décimocuarto cero a la izquierda (después de una coma) en Washington. Pacho quedó devengando un sueldo prácticamente si hacer absolutamente nada. Oprobiosa y descaradamente dejó que alguien, una sacrificada dama, fungiera su presencia. No lo recibían ni en las cocinas de la Oficina Oval. ¿Recuerdan? Era absolutamente visible que su cargo en Washington se había trocado en algo así como una amarga mermelada.

Puede decirse, sin temor a equivocación alguna que este ha sido y será por mucho tiempo el peor desastre moral del partido Centro Democrático; dejar que un funcionario peleche gratis de un sueldo tan costoso para el erario mientras ellos diligenciaban una atroz reforma tributaria, de la salud, y vaya a saberse qué otras tribulaciones más. ¡Cargarán con ese oprobio histórico!

Y entonces sobrevino el paro en Colombia. La respuesta violenta de la que luego daría cuenta tardía un informe de la CIDH obligó a buscar el espaldarazo del gobierno Biden. Biden les hizo pistolas. Era demasiado evidente que el gobierno colombiano podría haber aprovechado la ventaja geoestratégica que le estaba brindando una pandemia simétrica para, oportunistamente y logreramente, a mansalva y sobreseguro, introducir reformas que aplastarían las posibles respuestas del pueblo colombiano a su futuro inmediato.

Cuando el gobierno del Centro Democrático pretendió engañar a Biden envíandole a una vicepresidenta falsamente infundada de poderes cancilleres, nunca se posesionó de tal, jamás Kamala Harris se dignó recibirla. Y es que ésta no conocía el rostro del embajador de

Colombia. ¡Increíble!

Y de ese desastre está plagada la actual y estruendosa divagación pública que acompaña al Centro Democrático. Además de caérsele la eventual candidatura Pacho, la que fabricaba Holmes Trujillo, fue feroz víctima de la covid-19. No hay que olvidar que éste habría pasado al Ministerio de Defensa para supuestamente tamponar una insurgencia de falsos positivos y otras extravagancias dantescas como el bombardeo de niños.

Entonces la cabeza de playa que significaba ser el gobierno de Iván I para soportar una seguidilla de gobiernos del Centro Democrático se vino abajo con un estropicio inenarrable.

Cualquiera puede imaginar el contraste de las fotos: Pacho Santos y su jefe, a un lado Trump con la cabeza de Maduro (léase Juan El Bautista) colgando chorreante de sangre. Versus la actual: Biden haciéndole pistolas a Iván I, un mamotreto de mugrientas reformas pudriéndose en el suelo, y unas arcas vacías, es decir, con un derrame lateral de 70.000 millones de pesos perdidos. Ahora las pintadas canas de Iván I parecen reales. Al fondo un enorme avión de carga abre sus puertas mostrando una cajita con 50.000 pinches dosis.

Ahora viene el trabajo de congraciarse con la juventud. Ofrecen colombinas y bom, bom, bum, mientras antes ofrecían en las manifestaciones solo bum, bum, bum. Ninguno de sus candidatos menciona el paro. No quieren convivir, vaya palabrita, con su propio desastre.

Mientras tanto, aquella adscripción de vándalos, que le abría espacio a la persecución del paro, todavía campea en el oído de la opinión pública. ¿Y si los vándalos votan? ¿Y si el gigantesco poder vandálico, que tumbó embajador, vota con algún candidato opositor? ¿Cómo hacer para que esa supuesta lacra social vandálica se equipare electoralmente con la gente de bien? ¿Será que se activan los 70.000 millones extraviados para la compra de sus votos? ¿Será que alcanza esa suma para mantener contenta a la gente de bien, o se necesita una nueva reforma tributaria?

¿Hay más? ¡Sí!
Un gigantesco forúnculo anuncia ser extirpado en la Fiscalía. ¡Pus, solo pus! Se vitorea la preclusión de los delitos contra la corte amenazada, se recuerda, de verse obligada a decidir sobre el testimonio vertido por testigos falsos. Es decir, ¡se habría estado induciendo a la corte a decidir con sus propios falsos positivos! No era suficiente con los falsos positivos del poder ejecutivo. Ellos, la derecha vandálica, iría por más.

Semejante monstruosidad tiene dimensiones protoequivalentes a aquellas deformaciones cerebrales que se dice, ocurren, cuando el plomo es asimilado, atómica o molecularmente, por el cerebro humano. Más que hacer parte de deformaciones teratológicas que caen todavía en el ámbito de la biología, más bien parecen derivadas de aquella intentona fracasada de Frankenstein, o incubada nocturnamente en Drácula.

Y el heredero de toda esa fastuosa podredumbre está casi por mostrar su candidatura. Hasta ahora no pegan, con baba de sauco, o con saliva de cotorra, ni Iván II ni Maríafer.

¿Será el que Pacho diga?
No debe olvidarse que una avanzada de fuerzas estadounidense ¿republicanos de Trump? tiene una cabeza de playa en Colombia. Si se crispa el país por el miedo estas fuerzas pueden comandar las de quienes, ahora minoritariamente, les permitieron ingresar al país. Incluso podrían invocar que ¡Maduro todavía vive!

Si el Centro Democrático tiene perdidas las elecciones, su jefe puede dar la sensación de que sea Pacho quien decida; siendo que además este no está subjudice; todavía Iván I no es el segundo jefe natural de ese partido pero, aunque lo fuera, ni aun estando al frente del gobierno puede poner candidato. ¿Será que el candidato lo pone Abudinen?
Luego de este feed back la película sigue. ¡Cámara! ¡Acción!

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