La muerte es, sin lugar a dudas, un reflejo o manifestación de los contextos y condiciones sociales de una comunidad, sociedad, estado o nación. No es solamente un efecto biológico o de depreciación del valor que se le adjudica a la vida humana. Es la materialización de los significados, representaciones, valores, visión religiosa y las narrativas con que los medios presentan un hecho para generar una percepción colectiva.
Todo ello apunta a cómo nosotros, como sociedad, interpretamos la muerte, la abordamos y la atendemos dentro de su contexto; sin olvidar quién fue la persona que la padeció y los familiares afectados, que entran en el proceso de duelo. A lo anterior debemos sumarle que las responsabilidades sobre los decesos son percibidas a través de los sentimientos de culpa y el hecho ilícito real.
Las cuatro caras de la culpa
Desde el psicoanálisis, se identifican cuatro tipos de culpa que desencadenan esta problemática:
- Real u objetiva: permite identificar directamente al autor y su comportamiento de dolo.
- Neurótica o imaginaria: donde la persona asume responsabilidad por algo que no dependía de ella.
- Moral o del superyó: el individuo transgrede sus propios valores o ideales (ejemplo: el deseo de que alguien muera).
- Existencial: el enfrentamiento con el concepto de finitud y el propósito de la vida frente al sufrimiento y la injusticia social.
Muchos medios de comunicación buscan culpabilizar a los gobiernos de turno, alineados con élites económicas para manipular la opinión pública. Les fascina detallar hechos sangrientos y utilizar un lenguaje que despierte odio, rabia y deseos de venganza. Frente a las muertes, los medios elaboran una proyección de la "culpa existencial" en los dirigentes estatales para dañar su gestión.
¿El Estado protege todas las vidas?
Lo más triste es que la respuesta institucional —legal, médica o política— depende de la "calidad" de la víctima. ¿Existen personas con mayor valor humano que otras? Al muerto se le etiqueta según el contexto: dado de baja, enemigo, daño colateral, criminal, héroe, líder social o falso positivo.
Existen seis factores correlacionados con la violencia que conlleva a la muerte:
- Biológicos: asociados a la medicina y el envejecimiento.
- Sociales y económicos: acceso limitado a salud, desempleo y pobreza.
- Políticos: corrupción, guerras y políticas de salud pública.
- Ambientales: contaminación y desastres naturales.
- Psicológicos: alcoholismo, depresión y familias disfuncionales.
- Estructurales: discriminación, exclusión y violencia sistémica.
La banalización de la cifra
La otra visión de la muerte está dada por las estadísticas. Estas nos llevan a la normalización de la violencia histórica de actores como las FARC y el ELN, y hoy de bandas criminales. La muerte como cifra estadística nos pone a comparar periodos y a decir: "esta vez no fueron tantas muertes". Mientras en países como Qatar una tasa de 1.53 muertes por cada 1.000 personas es motivo de impacto, aquí hemos normalizado el conteo.
La muerte no puede verse como una cifra; eso es banalizarla y dar a entender que una vida se reemplaza fácilmente. Quizás estas condiciones en Colombia han llevado a los adolescentes a preferir animales o convertirse en "therians" antes que traer hijos a este contexto.
También le puede interesar:
Anuncios.


