La caminata de unos patos entre el concreto de La Ceja, Antioquia, deja una profunda reflexión sobre la falta de corredores ambientales en las ciudades

 - La angustiosa travesía de unos patos en La Ceja en busca de un humedal en medio de una selva de cemento
Texto escrito por: José Eliécer Palomino Rojas

En medio de calles transitadas, conjuntos residenciales y el ritmo acelerado de la vida urbana en La Ceja, Antioquia, una familia de patos fue registrada por cámaras de vigilancia de un sector urbanístico y vial, cruzando vías y senderos como si emprendiera una silenciosa peregrinación en busca de alimento, agua y un humedal donde poder refugiar a sus crías.

La escena no solo despierta ternura; también deja una profunda reflexión sobre el avance de las construcciones y la manera en que muchos ecosistemas van quedando reducidos al recuerdo. Aquellas pequeñas aves parecían desplazarse con incertidumbre entre el concreto, como si buscaran desesperadamente el hogar que la modernidad les fue arrebatando poco a poco.

Quizás no sea casualidad que estos seres aparezcan en zonas donde antes predominaban espacios naturales. Tal vez su presencia sea una forma silenciosa de recordarle al ser humano que también existen otras vidas que necesitan lagunas, humedales y corredores ambientales para sobrevivir.

Lamentablemente, pareciera que el chip de la nueva humanidad estuviera orientado únicamente hacia la comodidad y la reducción de todo aquello que ocupe espacio en la Tierra. Incluso desde la misma raza humana, muchas parejas, al formar un hogar, optan por tener uno o máximo dos hijos, mientras algunas personas comienzan a ver con molestia la capacidad reproductiva de aves y otras especies, llegando incluso a calificarlas de “plagas” o “ratas voladoras”, como suele ocurrir con las palomas, que habitan en parques de pueblos o ciudades de diferentes partes del mundo. Probablemente, una familia pato atravesando las calles también podría ser señalada por algunos como una especie invasora o incómoda para el entorno urbano.

Sin embargo, si estos seres existen dentro de la creación, es porque cumplen un propósito en el equilibrio natural de la vida. Nuestros abuelos comprendían mejor esa relación entre humanidad y naturaleza. En tiempos pasados, cuando una madre daba a luz y atravesaba el periodo de dieta y recuperación, era común que le prepararan caldo de paloma como alimento tradicional para ayudar a reanimar su cuerpo, mientras sus hijos crecían sanos y vigorosos. Eran épocas donde, más allá de señalar a los animales, se reconocía que el ser humano también dependía de ellos para sobrevivir.

Resulta paradójico que algunas personas llamen a las palomas “ratas voladoras”, mientras olvidan que muchas especies terminan llegando a las ciudades porque sus territorios naturales han sido invadidos. La naturaleza no siempre irrumpe en la vida humana; en numerosas ocasiones es la expansión humana la que irrumpe primero en la vida de la naturaleza.

De ahí la importancia de proteger los humedales y las reservas ambientales, no únicamente como adornos paisajísticos, sino como espacios esenciales para el equilibrio de la vida. Porque cuando una familia pato debe atravesar calles y vehículos para encontrar refugio, quizás la verdadera pregunta no sea hacia dónde van ellos, sino hacia dónde estamos llevando nosotros el mundo. Porque, al final, tanto los unos necesitamos de los otros.

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Por Nota Ciudadana

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