La agenda de los objetivos apremiantes de la Universidad Distrital

La institución tiene grandes retos, tanto en lo académico como en lo administrativo. Ricardo García, rector, escribe sobre los retos y perspectivas

Por: Ricardo García Duarte
octubre 21, 2020
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La agenda de los objetivos apremiantes de la Universidad Distrital
Foto: Universidad Distrital Francisco José de Caldas

La Universidad Distrital Francisco José de Caldas representa un complejo mundo de la educación superior, que muestra avances significativos y sostenidos durante los últimos lustros. Lo evidencia en sus líneas misionales y en los diferentes campos, a través de los cuales ellas se despliegan, campos como son la cobertura, la pertinencia y la calidad.

Ha mantenido estable una cobertura de estudiantes, tanto de pregrado como de posgrado, en tiempos de caídas en esta materia; de manera tal que la matrícula se ha posicionado en los casi 28.000 alumnos, con un importante ascenso en el último año, en el que la cobertura ha alcanzado casi los 30.000 estudiantes; todo ello a pesar de varias coyunturas críticas, como, por ejemplo, la actual pandemia. En cuanto a la pertinencia y oferta de programas, en solamente los últimos dos años, la institución ha abierto 5 nuevos proyectos curriculares para pregrado. En el nivel de los posgrados, su oferta durante ese mismo período ha crecido en por lo menos tres programas adicionales.

Los avances en el fomento de la calidad se ponen de presente en su acreditación institucional; además de la que cubre a 23 proyectos curriculares.

A su turno, el número de los grupos de investigación, categorizados en el Ministerio de Ciencias, Tecnología e Innovación (antiguo Colciencias) se ha elevado de un modo consistente —hoy son 118—; así mismo, se han cualificado, pues 24 de ellos están calificados en los rangos A1 y A, los más altos, algo que representa una ventaja comparativa frente a otras universidades de nivel similar.

La formación y la investigación se han visto fortalecidas con los nuevos contingentes de profesores, vinculados como docentes de planta. Entre el 2006 y 2011 su número se duplicó. Y para este año 2020, después de unos largos 9 años en una especie de paréntesis, fueron incorporados por concurso de méritos 36 nuevos profesores.

Las maestrías han elevado su número de manera notoria. Y los doctorados, que hace apenas 15 años no existían, ya llegan a 4, como son el de Educación, el de Ingeniería, el de Estudios Sociales y por último el de Estudios Artísticos.

La formación doctoral de los docentes ha constituido un proceso sostenido. Hace apenas unos pocos años, su número no pasaba de 50. Hoy son 205, una cantidad que deja ver una proporción en ascenso, si se la compara con el total de docentes de planta.

Bajo la combinación de distintos indicadores, la universidad se ubica en un honroso décimo lugar, dentro de las universidades públicas del país. No sobra agregar, sin embargo, que, en distintas categorizaciones hechas por calificadoras privadas, suele aparecer en un quinto o sexto lugar, como cuando miden la apropiación social del conocimiento, rango importante, si se tiene en cuenta que dicha medición incluye a por lo menos 350 instituciones de educación superior.

Retos y perspectivas

Aun así, la universidad tiene grandes retos; sobre todo, en el campo académico; eso sí, sin dejar a un lado el administrativo y el cultural; susceptibles ellos de transformación, bajo la perspectiva de un pensamiento crítico.

Por tal motivo, hay que reorganizar una agenda, de modo que comprometa el esfuerzo y la voluntad del mayor número de personas, entre estudiantes, docentes, funcionarios, trabajadores y directivos, con la mira puesta en los altos intereses de la comunidad universitaria. Lo cual significa que entre todos deben alentar el trazo de una perspectiva, ajena al dogmatismo y al sectarismo; amiga, por el contrario, de esa justicia que además de darle a cada uno lo que le corresponde, proporciona a los más débiles los apoyos suficientes; además orientada por el más alto sentido de una ética genuinamente revolucionaria; esa que da paso a un “vivir para la verdad”; y que se apoya en una subjetividad libre.

Una agenda para el corto plazo, debiera contener los siguientes puntos, los mismos que deben formar un programa mínimo.

1. Asamblea universitaria

Este espacio social y político se constituye en una plataforma para la expresión democrática de la comunidad universitaria. Su creación ha sido defendida desde mucho tiempo atrás. Ya el CSU sancionó su nacimiento a la vida real, después de un lapso de incomprensiones mutuas. Y el rector ha procedido a la convocatoria de sus sesiones ordinarias. La elección de sus delegados son una muestra cabal del ejercicio democrático con todos los procedimientos que garantizan la libre voluntad de los individuos.

Ahora bien, la democracia puede ser algo más que los procedimientos para garantizar el derecho a la libre voluntad de las personas. Podría convertirse en la ocasión para el crecimiento ciudadano y el del individuo en general; de modo que el efecto sea la ampliación de su dimensión moral, no imponiéndose sobre los demás, sino ampliando su conocimiento de lo público, contribuyendo a su construcción y llegando a una concertación creativa, en términos de las políticas a desplegar.

En ese sentido, es preciso poner en práctica una democracia deliberativa (Nino, 2009) y una democracia reflexiva (Rosanvallon, 2006), capaz de la autoevaluación, de la comprensión crítica y del diálogo razonado; también de la argumentación aguda, que nazca del esfuerzo, esa argumentación propia de una ética del discurso (Apel, 1980), que dé lugar no sólo al debate honesto, sino al entendimiento mutuo.

2. Reforma universitaria

La reforma universitaria, sobre todo la de carácter académico, se convierte en una necesidad por mucho tiempo aplazada pero ahora ineludible, algo que debe concitar los esfuerzos del consejo superior, de la asamblea, de la administración y de las bases estudiantiles.

Dicha reforma debe estar orientada particularmente en el sentido de una reestructuración del orden académico, de modo que tanto las unidades de gestión como las comunidades científicas y tecnológicas se agrupen fuertemente (no exclusivamente), teniendo como referentes los campos del conocimiento. Para lo cual convendría el establecimiento de “Escuelas” al interior de las facultades, unas Escuelas que se harían cargo de los distintos “programas académicos”.

Además, sería del todo recomendable que, a tono con esta reestructuración, se adelantara una reforma curricular para darle mayor énfasis a una organización por ciclos; particularmente para que se pueda identificar un ciclo inicial dentro del pregrado, en el que en forma transversal se fomenten ciertas capacidades propias del razonamiento abstracto-matemático, de la aprehensión narrativa de las cosas, lo mismo que algunas habilidades superiores en materia computacional y cibernética, sin dejar de lado por supuesto la comprensión en una lengua extranjera.

3. Oferta académica

En la línea de la pertinencia u oferta de programas, la universidad debe continuar ampliando el catálogo a este respecto, a fin de diversificar la formación de calidad en pregrados, maestrías y doctorados.

Con recursos adicionales, que proporcionaría la ciudad, se abriría el campo de las ciencias de la salud. Así mismo, habría que consolidar el proceso de apertura del doctorado en Medio Ambiente; y no habría por qué descartar, sino al contrario, alentar un instituto de estudios sociales con cabida para la investigación y la formación en los asuntos del gobierno urbano.

4. Acreditación

La universidad debe continuar con el proceso de acreditación del alta calidad. Por lo pronto, ya ha adelantado los preparativos para una reacreditación institucional. Para lo cual ha resuelto los problemas en gobernabilidad, que quedaron pendientes en la ocasión pasada. Así mismo, la actual administración introdujo con decisión medidas para el mejoramiento en las condiciones de los docentes de régimen ocasional y para la incorporación de más docentes de planta. Finalmente, han comenzado los procesos de acreditación de alta calidad para las maestrías, un proceso que ha tomado como punto de partida a la MISI y a la Maestría de Ciencias de la Información y la Comunicación.

5. Equidad social

En un mundo en el que las desigualdades económicas crecen, pues el 1% más rico tiene el doble de riqueza del que corresponde a 6900 millones de personas, según Oxfam; y en un país en el que queda frenada la disminución de la pobreza, la cual aumenta por el contrario, ya que esta vuelve a elevarse por encima del 32%, siempre es legítimo mantener en alto la bandera de la justicia social, una causa en la que debe militar la comunidad universitaria; y a la que contribuye, como proyecto educativo, la Universidad Distrital.

En esta, el costo de las matrículas habituales es especialmente bajo, ya que en promedio los estudiantes de pregrado pagan $320.000 al semestre. Por otra parte, en medio de la crisis de la pandemia, la propia universidad ha hecho un aporte enorme, ya que proporcionó 2.500 tablets y conexión de internet a un número equivalente de estudiantes; por lo demás, ha ofrecido la matrícula cero (0) para el segundo semestre de 2020; todo ello sin contar con los 11.500 bonos alimentarios al semestre.

En general, corresponde a todos apoyar la propuesta de un ingreso permanente de renta básica para las franjas más pobres de la sociedad. En particular, la universidad garantiza la oferta de una educación superior de calidad, como lo que es: un derecho que fortalece la ciudadanía y la condición humana de los individuos.

6. Anticorrupción

La lucha contra el clientelismo y la corrupción es un deber ético-revolucionario de defensa de lo público (Arendt, 1993) y de un bien común (Hardt y Negri, 2011) como lo es la universidad, en la medida en que representa un valor agregado en la producción de ese capital social y cultural, como lo es el conocimiento.

La corrupción es la privatización perversa e ilegal de lo público, de eso que debiendo beneficiar a todos, termina como un bien en los bolsillos de algún particular, indelicado o abiertamente peculador.

Hay que fomentar una cultura de la ética en favor de lo público; y que no dé el más mínimo margen a la condescendencia o a la indiferencia frente al robo de los bienes que pertenecen a todos. Así mismo, hay que establecer mecanismos serios, ágiles y eficaces para la vigilancia frente a la corrupción; lo cual ha de ser un compromiso de la institución y de la comunidad.

La actual administración de la universidad ha sido la única en toda la historia de la institución que ha descubierto y destapado una olla enorme de podredumbre; la única que, por cierto, hizo acopio de las pruebas válidas; y que procedió a la denuncia correspondiente con una altísima vocación de éxito, como quedó demostrado mediante la condena pronta del culpable, el mismo que se allanó los cargos de la Fiscalía, después de que la Procuraduría hubiese fallado en su contra sin atenuantes.

Hay que persistir en esa línea de vigilancia contra la corrupción, en una especie de ecología social y cultural (Guattari, 2005) contra las conductas tóxicas e ilícitas que median para el saqueo de lo público.

Claro está, también hay que precaverse contra el ataque sin fundamento o contra la denuncia fácil, aquella que carece de pruebas, destructora por otra parte de las buenas relaciones sociales y de la moralidad ajena. Acusar gratuitamente a otros de corrupción o de robos, en vez de sacar a luz pública a los verdaderos saqueadores, es una forma de encubrimiento: un lenguaje y una práctica iguales de dañinos a la propia corrupción.

7. Medio ambiente

Una línea importante de trabajo en toda la comunidad universitaria es la de cuidar al medio ambiente. Con la naturaleza hay que convivir en muy buenos términos; y despertar el espíritu adecuado para conservarla; por lo que en las epistemologías del saber y en el qué hacer diario, debe imperar la investigación y la preocupación sobre los bosques y la biodiversidad; sobre el agua y los peligros del cambio climático. Así mismo, en la práctica social debe imponerse el uso de energías limpias y la custodia sobre los ríos y los mares.

8. Equidad de género

La idea de la equidad de género debe establecerse como una cultura de resistencia contra los baluartes del machismo y de la sociedad patriarcal. Dicha cultura ha de combinar las reivindicaciones de igualdad material en favor de la mujer, con el respeto a la diferencia que reclaman las posibilidades de su identidad.

Así, la identidad de género debe ser vista con todo lo que hay en ella de contingente, eso que va implicado en el proceso de su formación, más allá de los determinismos biológicos. Luchar contra el feminicidio, contra la constricción por motivos sexuales y contra todo tipo de agresiones en este terreno, es un deber cívico, cultural y moral. Naturalmente, en otra perspectiva hay que admitir simultáneamente la libertad sexual, el libre curso del deseo, motor decisivo en el orden social, no maquinizado ni instrumentalizado; eso sí, de una manera integradora, sin atropellos contra los demás; del mismo modo como se acepta el pluralismo, ajeno por completo a un orden de represión o de hipocresía.

En la universidad ya hay protocolos para la atención a las víctimas y también se han constituido comités que promueven la equidad y el surgimiento de nuevas relaciones en todo lo que tiene que ver con las nuevas identidades de género.

9. Recursos financieros

La lucha por mayores recursos financieros para la universidad hace parte de una acción permanente. Se han evidenciado carencias en cobertura, espacios físicos, laboratorios robustos y plazas nuevas para profesores de planta. Por tal razón, resultan necesarias adiciones presupuestales especiales. Muy importante resultaría el hecho de que los incrementos que van a la base presupuestal cubrieran el crecimiento de todo el presupuesto, porcentualmente hablando, y no apenas de una fracción, la que corresponde a la nación.

10. Pacto de concurrencia

En materia de recursos y de estructuración del presupuesto de la Universidad Distrital, sería de un gran impacto en las finanzas de la institución, el hecho de que se firmase un pacto de concurrencia; de modo que se organizara un fondo, alimentado por la nación, el distrito y la propia universidad; y que todos lo hicieran en la misma proporción en que contribuyen al presupuesto normal.

Todo el mundo sabe que la universidad destina de su propio presupuesto una fracción que asciende a 70.000 millones de pesos anuales para pagar las pensiones. El pacto de concurrencia comenzaría a descargar gradualmente esa obligación financiera, con efectos muy positivos para el desarrollo académico.

Rectoría Universidad Distrital Francisco José de Caldas

Referencias

Apel, O. (1980). La transformación de la filosofía.

Arendt, H. (1993). La condición humana.

Guattari, F. (2005). Las tres ecologías.

Hardt, M. y Negri, A. (2011) Commonwealth. El proyecto de una revolución del común.

Nino, S. (2009). La constitución de la democracia deliberativa.

Rosanvallon, P. (2006). Democracia inconclusa.

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