Opinión

La Aduana de Barranquilla 100 años: un siglo es un ciclo (II)

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mayo 01, 2021
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La Aduana de Barranquilla 100 años: un siglo es un ciclo (II)
Gustavo Bell Lemus, gobernador del Atlántico en 1992, fue gestor de la recuperación del edificio, obra que encabezó la arquitecta Katia González Ripoll

Luego de un proceso de construcción que duró un poco menos de tres años, rodeado de una gran expectativa ciudadana, el nuevo edificio de la Administración de la Aduana se inauguró con gran pompa en 1921, con presidente de la República y gran comitiva a bordo, con mantelería y cubertería comprada expresamente en Panamá y con un cocinero chino (el chef Fu Ye Da) traído también desde el istmo para atender los varios días de reuniones y banquetes que la comitiva presidencial estuvo en la ciudad.

Y así comenzó la historia de lo que aún hoy es el edificio más emblemático de la ciudad, dadas su importancia arquitectónica y su trascendencia histórica.

Sesenta años duró la experiencia del palacete republicano como sede de la aduana nacional, desde su primer esplendor a comienzos del siglo XX hasta su cierre por ruina física a inicios de la década del 80, cuando quedó flotando y pudriéndose durante diez años en una gran laguna de desidia y aguas negras, hasta que surgió la idea de recuperarlo y convertirlo en un proyecto cultural.

 

La Aduana en pleno abandono

Gustavo Bell Lemus, gobernador del Atlántico en 1992, gestor de la recuperación del edificio y quien ya tenía el sueño de una biblioteca y un archivo histórico para la ciudad, recuerda así el surgimiento de la idea: “…al final de una tarde cualquiera me hallaba en el despacho de la Gobernación del Atlántico divisando el paisaje de la ciudad, del río y de los caños por donde llegan pequeñas embarcaciones al viejo edificio de la Intendencia Fluvial. Me acompañaba en ese momento Enrique Berrío Mendoza, en aquel entonces presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Barranquilla, a quien le comenté el sueño de la gran biblioteca pública… y me dijo: ‘¿Y por qué no lo haces en el edificio de la Aduana?’ Y me dio detalles del convenio de comodato entre la Cámara de Comercio y el entonces Ministerio de Obras Públicas… Al día siguiente conformamos un comité… con el único y exclusivo fin de adelantar las gestiones que fueran necesarias para convertir el edificio de la aduana en la gran biblioteca pública que tenía en mente”.

Lo que sigue es la otra parte de la historia. Se emprendió el proceso de recuperación y restauración encabezado por la arquitecta Katya González Ripoll, trabajo que enseguida ganó el Premio Nacional de Arquitectura en la categoría de restauración; se creó la Biblioteca Piloto del Caribe a partir del acervo documental del Centro de Documentación de la Cámara de Comercio de Barranquilla y de un pequeño aporte bibliográfico de la Biblioteca Departamental y se trasladó a su nueva sede de la aduana el entonces naciente Archivo Histórico del Atlántico, que estaba también en la Biblioteca Departamental, para que ambos proyectos se constituyeran en los dos pilares que le dieran sentido cultural a otra institución que surgía con el propósito de preservar, mantener y promover el patrimonio histórico, arquitectónico y cultural del proyecto de la aduana: la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta.

 

La Aduana en recuperación y restauración

En julio de 1994 fue reinaugurada la antigua Aduana y desde entonces, en estos 27 años, es un proyecto que no ha cesado de crecer y consolidarse siendo ya no sólo una biblioteca y un archivo sino un centro de investigación, arte y cultura con una de las ofertas culturales más importantes del Caribe colombiano, con exposiciones de arte, conferencias, talleres, conciertos, la publicación de una revista, la realización de un festival internacional de poesía, un programa regional de promoción de lectura a través de maletines viajeros, un programa de radio, una biblioteca infantil, un centro interactivo de memoria urbana; y agregando a su acervo histórico y patrimonial nuevas recuperaciones arquitectónicas y artísticas, como las estaciones Montoya y del Tranvía, las antiguas pesebreras de las mulas del tranvía; la antigua locomotora que simboliza el gran pasado portuario y el transporte de la ciudad; el mural de Obregón en homenaje a Barranquilla; los mosaicos en laminilla de oro alegóricos a la ciudad…

Sin embargo, como lo nuestro es la indiferencia y la desmemoria, mucha gente en la ciudad no sabe todavía que en esa antigua aduana hay muchas formas de conocimiento y de cultura abiertas permanentemente para todos.

En estos oscuros tiempos de pandemia y de crisis de nuestras instituciones culturales, hay que decir que el proyecto de la aduana es de los pocos que sigue en pie. Sin titubear.

 

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