El "Fútbol en paz" es un cliché que se rompe en la tribuna. Una radiografía sobre la pugna interna de las barras de Nacional y el peligroso regionalismo paisa

“Fútbol en paz”: una frase cliché que no es más que una quimera. Una política institucional que, de puertas para adentro y en las comisiones de seguridad, funciona muy bien, pero que al enfrentarse a escenarios reales queda reducida a un papel firmado por los clubes que se rompe en la tribuna.

Lo sucedido recientemente en Bogotá entre la propia hinchada de Atlético Nacional, en el partido contra Santa Fe, en nada sorprende. Para la mayoría no es un secreto la tensa calma que vive la fanaticada verdolaga desde hace años; la pugna interna entre la “barra oficial” y las barras autónomas o disidentes es cada vez más evidente. A esto se suma una fuerte confrontación regional entre el sentimiento paisa y el resto del país.

Si hay algo por lo que Atlético Nacional se destaca es por su numerosa hinchada en todo el territorio colombiano. Sin embargo, existe una confrontación entre ser seguidor del club siendo paisa, o ser un hincha no antioqueño. Esto es tan prominente que incluso en el Atanasio se escuchan cánticos regionalistas que buscan reafirmar la soberanía del hincha paisa, desconociendo que la filial más grande de la “barra oficial” es de la capital y que aquí mismo reside la disidencia más representativa.

La ubicación de las barras en la tribuna oriental-norte no parece ser una falta de cálculo, sino una jugada de la propia “barra oficial” para desplegar a sus integrantes junto a la facción disidente. Un acto que puede tomarse como una provocación diseñada para que, en cuestión de minutos, se desate la violencia. Las autoridades no han podido crear un verdadero escenario de conciliación; la salida más rápida es sancionar y buscar culpables, cerrando la puerta a una participación democrática real.

Es penoso saber que muchas de las personas heridas y muertas son el resultado de esta rivalidad acérrima entre los propios hinchas del club. Carreteras, ciudades y países como Brasil han sido testigos de ello. En este panorama, todos se señalan mientras el club se mira en un espejo donde solo importan las ganancias.

Pareciera que el mensaje implícito es: "que se maten entre ellos", pues son vidas que no suman ni restan en las estadísticas comerciales. La violencia solo recibe atención cuando las sanciones salpican la imagen del club en los medios. ¿Hasta cuándo el hincha seguirá siendo el último en las prioridades del equipo? Amanecerá y se seguirá tiñendo el asfalto de pasión y dolor verdolaga.

También le puede interesar:

Sigue a Las2orillas.co en Google News

Anuncios.