Juya: La carencia del pueblo Wayúu

Sobre la falta de agua que enfrentan las comunidades indígenas de la Guajira

Por: Juan Sebastián Carlosama Racero
junio 24, 2020
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Juya: La carencia del pueblo Wayúu

Las narraciones de Naire Clara Jayariyu Fernández, una joven wayuu nacida en Maicao, La Guajira, dan testimonio de la escasez de agua por la que pasa la comunidad wayuu la mayor parte del año. Esta escasez ha hecho que se formen interesantes signos alrededor del agua que interpreta la comunidad, tales como indicios que se vuelven sinónimos de alegría al avisar a la comunidad la llegada de la temporada de lluvias y, por ende, del preciado recurso, como de indicios que informan sobre su final y el inicio de la sequía. 

Primeramente, Naire menciona que en La Guajira solo llueve dos meses en el año (a veces menos) que abarca los meses de octubre y noviembre, meses cruciales debido a que se forman los jagüeyes, que son como lagunas en donde queda estancada el agua después de cada lluvia, y estas son las principales reservas de agua que abastece a muchas personas en la comunidad, más que todo a las rancherías. Sin embargo, estos jagüeyes no son suficientes para sostenerse hasta la próxima temporada de lluvias ya que se secan y se vuelven lodosos. Por esto, la comunidad también cuenta con los molinos, sencillas maquinarias que permiten extraer agua salada que en muchas zonas se utiliza para beber, especialmente en La Alta Guajira debido a que los jagüeyes resultan estar lejanos. Los jagüeyes y los molinos son las principales fuentes de extracción del recurso.

‘Juya’ es una palabra en wayuunaiki (idioma de la comunidad wayuu) que traduce literalmente lluvia, pero que además, tiene connotaciones sagradas y no solamente económicas, como en las grandes ciudades. Esto se muestra cuando caen las primeras lluvias que se vuelven motivo de alegría y, por la cual, la comunidad realiza bailes (yonnas). De igual forma algunas comunidades en la Alta Guajira realizan ritos para atraer la lluvia, como cubrir con barro los orificios de los árboles en donde viven iguánidos para evitar que salgan al exterior con la creencia de que este tipo de reptiles perturban a Juya.

Existen también indicios que avisan a la comunidad que se acerca la temporada de lluvias y se relacionan con los animales, Naire menciona de un ave considerado como un pájaro de agua, ya que solamente canta cuando siente que las lluvias están próximas, estas aves se llaman Guacharacas, además de estas aves, el apareamiento de los chivos y el desplazamiento de insectos son otros indicadores del inicio de las lluvias.

Cuando llega la temporada, y las lluvias abastecen los jagüeyes y los molinos, comienza un recorrido para recolectar el agua y transportarla a las casas: “Para traer agua hasta la casa se tiene que ir a un jagüey, anteriormente se utilizaban burros como transporte, se hacían entre dos o tres viajes para buscar el agua, en horas de la tarde o de la mañana, si este quedaba cerca nos demorábamos entre 20 minutos, si el jagüey quedaba lejos a veces durábamos una hora, dos horas buscando el agua” dice Naire. Y finalmente, la disminución de la lluvia, después de días de fuertes aguaceros, anuncian el fin del periodo de lluvia.

Este es básicamente el ciclo del agua en La Guajira, un ciclo que se repite anualmente, pero que no suple las necesidades relacionadas con el recurso, ya que como explica naire, no se puede sobrellevar la sequía cuando las lagunas se secan, ya que genera intranquilidad en la comunidad, sobretodo por los animales (chivos, burros, vacas) a los que las personas no saben dónde llevarlos a tomar agua y muchos mueren.

Pese a que se han ideado planes de preparación para evitar los efectos negativos de la sequía no han sido suficiente los esfuerzos, ya que la sequía en La Guajira responde a un problema más grande que es el cambio climático, fenómeno que a través de la historia se ha comprobado que es inevitable, pero que el ser humano ha estado acelerando por medio de la quema de combustibles fósiles, las emisiones de gases provocadas por las industrias y los automóviles, la tala de árboles, entre otros.

Conocer esta realidad de sequía que está pasando la región de La Guajira, año tras año, debe llevar a la reflexión y a la toma de conciencia de que las acciones individuales y colectivas repercuten en estas realidades desconocidas para las personas de las ciudades, debe impulsar a la solidaridad y a tomar acciones, principalmente, de visibilizar a estas comunidades y a los problemas que afrontan, de informarse acerca de las medidas de preservación ambiental y denunciar daños ambientales que directa o indirectamente afectan a esta Región, y sobretodo, darle el valor sagrado al recurso del agua por la que lucha esta comunidad todos los días.   

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