¿Juan Pablo Ramírez se va abriendo camino para suceder a Quintero?

Aunque las elecciones locales aún están lejos, hay rumores que señalan que el actual alcalde de Medellín ya tiene la mira en ellas y está buscando a su sucesor

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
mayo 13, 2021
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¿Juan Pablo Ramírez se va abriendo camino para suceder a Quintero?

Al recién posesionado secretario de inclusión de Medellín, Juan Pablo Ramírez, lo conozco hace más de una década (impulsamos el movimiento estudiantil en la Universidad Luis Amigó). Por eso, no dudo en afirmar que hay dos palabras que caracterizan su perfil: político y ambicioso.

A pesar de que todavía estamos lejos de las próximas elecciones locales y que todas las miradas están puestas en las elecciones nacionales del próximo año, desde la alcaldía se han registrado ciertos movimientos que dan a entender que Quintero ya tiene en la cabeza la necesidad de irle abriendo camino a un sucesor, preferiblemente de su grupo político y de su absoluta confianza, lo suficientemente leal como para consolidar su visión de ciudad y evitar que la derecha vuelva al piso 12 de La Alpujarra en 2023.

Las movidas

Ya es claro que la alianza entre el sector del concejal Luis Bernardo Vélez e Independientes hizo aguas. Se demostró que solo fue una alianza electoral y asociada a la repartija burocrática de la ciudad. Con la renuncia de Mónica Gómez, de la cuerda de Vélez y quien venía manejando la Secretaría de Inclusión desde el arranque de la administración Quintero, se configuró un pequeño “florero de Llorente” que echó por los suelos una relación política que igual venía mal. Ya a Luis Bernardo no se le ve como el sucesor natural de Quintero (realmente nunca lo fue) y todo parece indicar que volverá a buscar una aspiración en 2023 con su propio grupo. El relevo en Inclusión fue más bien un enroque porque asumió Juan Pablo Ramírez, un incondicional de Quintero y su secretario más político. Ramírez sale de la Secretaría de Participación, donde dinamizó el esquema de presupuesto participativo y alineó a buena parte de los ediles con el alcalde (incluyendo a los uribistas).

El político funcional

La cercanía de Ramírez con Quintero data de sus años de estudiante universitario y empezó desde la aspiración al Concejo de Miguel Quintero en 2011. Durante esa campaña Miguel recogió parte de su financiación con unas alcancías verdes dispersas por toda la ciudad y Ramírez fue uno de sus principales escuderos. El cerebro detrás de esa estrategia fue el mismo Daniel Quintero (quien ya la había aplicado en 2007) y demostró ser un éxito, Miguel se convirtió en el tercer concejal verde. Ramírez fue uno de sus asesores y tras la salida de Miguel del Concejo (y de la política), se acercó más a Daniel y pasó a integrar su equipo en el Ministerio de las TIC. A partir de ese momento se fue consolidando una relación que se movió desde la campaña del plebiscito, las elecciones presidenciales de 2018 y la coordinación política en la campaña de 2019. A Ramírez le toco buena parte del “trabajo sucio”, es decir, coordinar con los políticos tradicionales sin arriesgar el aura de “independiente sin partidos políticos” sobre el cual Quintero construyó la narrativa de su campaña.

Obvio, su trabajo no se visibilizó mucho en el Twitter del entonces candidato.

El político ambicioso

Tras su llegada a la alcaldía el mayor reto de Quintero consistió en montar equipo. En efecto, su equipo humano y de campaña se quedaba pequeño para las dimensiones burocráticas de la segunda ciudad más importante del país. De ahí que haya conformado un equipo de primer y segundo nivel bastante desigual, una mezcla de activistas reconocidos, políticos tradicionales y cuestionados (como Óscar Hurtado), técnicos y en primera línea su “equipo del alma”. Integrado por sus antiguos subordinados en Innpulsa o el Ministerio de las TIC, y personas que adhirieron a su aspiración desde el primer momento. De ese equipo más cercano resaltan tres: Esteban Restrepo, Juan Carlos Upegui y Juan Pablo Ramírez. Los tres son secretarios y entre alguno de ellos se encuentra la eventual apuesta de Quintero para sucederlo. Upegui se descarta porque no es político (tampoco tiene talento para ello), la decisión se podría cerrar en torno a Restrepo o Ramírez, aunque también hay quienes han venido proponiendo a Diana Osorio, esposa de Quintero y con vuelo propio en decisiones importantes.

Tras la reventada con Luis Bernardo es claro que Quintero buscará que lo suceda alguien de su equipo y su entera confianza. El riesgo es alto.

Una “sucesión” necesaria

Tras el desmonte de un modelo de gobierno que se enraizó en la administración de la ciudad por cerca de dos décadas y su pelea con los cacaos del GEA, solo puedo anticipar algo: la derecha empresarial se va a reorganizar de cara al 2023 para evitar a toda costa que Quintero deje un sucesor y así no repetir la debacle de 2019, pues su división entre tres candidatos (Alfredo Ramos, Santiago Gómez y Juan David Valderrama) le dio una ventana de oportunidad a Quintero para crecer y sin duda lo favoreció. Además, el uribismo seguro tomó apunte y no volverá a arriesgar su retaguardia histórica con un candidato tan flojo y carente de profundidad como lo fue Ramos. Hace poco un amigo me decía que el futuro de ese partido en Medellín “estaba en sus mujeres” y no dudo de que la concejal Nataly Vélez (la más votada en la historia del Concejo) sea una de sus apuestas seguras. De ganar el uribismo, la derecha empresarial o el sector de Federico Gutiérrez (la misma cosa), el “legado” de Quintero se podría ver empañado y muchas de sus decisiones reversadas.

Resulta necesario darle continuidad a una visión de gobierno que en cuatro años no se va a consolidar y que, de llegar un alcalde contrario, se podría extinguir.

De efecto Alonso a efecto Gómez

No es habitual que un alcalde deje un sucesor directo en Medellín. El último que lo logró fue Fajardo con Alonso Salazar. Quien salió de la Secretaría de Gobierno y con un estrecho margen derrotó a Luis Pérez en 2007. Federico Gutiérrez intento hacer algo similar con Santiago Gómez (un candidato terrible) y fracasó estruendosamente; además, fue una jugada que dividió a la derecha local y le puso un techo a Ramos. Al menos, con esa movida nos quedó claro algo: la “maquinaria” de la alcaldía no pone más de 80.000 votos (pues toda en bloque se puso a disposición de Gómez).

Es decir, solo con burocracia, ejércitos de contratistas y alianzas políticas, no se llega a la alcaldía de Medellín, eso tras cada elección se confirma más. De ahí que en la apuesta continuista de Quintero si le va bien pueda replicar el efecto Alonso o si fracasa caiga en el efecto Gómez. Para equilibrar las cargas resulta importante impulsar un candidato con capital propio, carisma y capacidad política, no solo confiado en sumar votos a partir del manejo de secretarias o contratistas. ¿Será Juan Pablo Ramírez el más idóneo para esa tarea?

Por el momento, lo dudo. Juan Pablo se percibe como un politiquero con apetitos burocráticos, no tiene carisma y es profundamente reactivo a la crítica. Pero todavía es temprano para hacer cábalas y la política es la ciencia de lo incierto: cualquier cosa puede pasar.

Adenda. Desde diferentes perfiles en Facebook se me viene atacando con mensajes de odio. Me tildan de “hiena resentida” o “viudo de poder”, responsabilizo al discurso divisorio de Daniel Quintero (a quien apoyé en campaña) de cualquier agresión física a mi integridad.

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