El joven que invita al pastor antigais a que se den la mano

“Lo lamento Alejo, pero una guerra se hace mínimo de a dos, y nosotros no estamos en conflicto con ustedes”

Por: Andrés Felipe Puentes Díaz
Octubre 21, 2016
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El joven que invita al pastor antigais a que se den la mano

Hace muy poco un amigo mío se me acercó enojado, tenía el celular en las manos con un artículo de Las2Orillas abierto. Se trataba de un pronunciamiento de un fervoroso cristiano, que en su libertad de expresión manifestó: “Los cristianos sí estamos en guerra con la comunidad LGTBI”. No pude evitar la risa.

Pasaron las horas y decidí olvidarme de la jocosa noticia, muy fallidamente: al transcurrir el día, persona tras persona se me acercaba, cada una más indignada que la anterior: ¿Qué opinas? Me interrogaban. Nuevamente, guardé silencio. No fue sino hasta que me topé con unos compañeros, que algunos llaman “homofóbicos”, que decidí escribir este texto, a nombre de la comunidad LGTBI y la de los ateos en general, que sin perjuicio de pertenecer a estas, la remito a Alejandro Ortiz (el autor del artículo de opinión) con la única finalidad de expresar nuestro punto de vista.

Alejandro, compadre, respetamos tu creencia. Dos de los principios fundamentales que nosotros promulgamos es el respeto y la tolerancia por la diferencia. Tú crees en algo que nosotros no, y no encontramos problema en ello, por el contrario, tenemos la firme convicción de que debes poder tener el derecho de apoderarte del micrófono y expresar tu pensamiento. ¡De ello se trata la democracia en un Estado Social de Derecho como el que le apuntamos a ser!

No nos explicamos cómo hay gente que reprocha mediante insultos tu opinión. Por su puesto que puede y ha de ser sometido a controversia, pero no mediante las agresiones verbales o físicas. Y a nombre de todos aquellos que lo han hecho, te pedimos, a ti y a todos los fieles creyentes de Colombia: perdón, hemos fallado al momento de comunicarnos.

Y es por ello que, en acto de reivindicación, hemos de ser coherentes con lo que decimos y lo que hacemos. Por tal razón Alejo, queremos invitarte, en signo de disculpa, a que nos conozcas. No a los LGTBI, ni a los ateos, ni a los agnósticos, sino a todos aquellos que no percibimos el mundo de la misma forma que tú lo haces. ¡Conócenos! Y verás que no somos tan malos como crees.

Nosotros también tenemos sueños, metas, dolores y sentimientos. No por ello significa que queramos imponerles a ustedes, todos quienes muy respetablemente creen en Cristo, una supuesta ideología de género, o pretender destruir las iglesias de la nación. Por el contrario, creemos en que la diferencia nos fortalece, así no estemos de acuerdo con su filosofía de vida, defendemos tu derecho a expresar su religión, su pensamiento y por sobre todo, de promulgar su estilo de vida. Como alguna vez un buen amigo me dijo: “con tal de que no se meta conmigo, todo bien parcero”.

Lo lamento Alejo, pero una guerra se hace mínimo de a dos, y nosotros no estamos en conflicto con ustedes.

Aceptamos su invitación de visitar la iglesia. Aunque no lo creas dentro de nosotros somos muchos quienes concebimos una idea de Dios, de Cristo, o de la misma institución religiosa. En lo que sí tenemos que hacer una observación es sobre tu creencia de que nuestra lucha por el otorgamiento (no recuperación, porque nunca en la historia reciente se han tenido) de derechos a las mujeres, a los gay, a los afro, a los no creyentes, y a todos quienes disciernen del común denominador que caracteriza a la gran mayoría que dices representar, es un intento de imposición.

No tengan miedo cristianos, ni ustedes ni sus hijos. Aquí no se trata de sobreponer un pensamiento sobre otro. Estamos en una democracia deliberativa (que no por ello acepta el imperio de las mayorías sobre los derechos de las minorías. Si no me crees échale un vistazo a la Constitución Política, máxima carta para los que residen en Colombia, creyentes o no) y el debate es necesario para la consolidación de una estructura política y social sana, sin conflictos que trasciendan de las palabras y las urnas.

Nosotros no vamos a obligarlos a ustedes a aceptar nuestra divergencia. Cada quien en lo suyo. Pero por favor, hombre, tampoco en tu libertad de creer lo que tu libro sagrado (nuevamente, respetable) puedes venir a ofendernos, insultarnos o agredirnos de cualquier forma posible.

Con cada grito, te ofreceremos la mano. Con cada grosería, te otorgamos nuestra empatía. Con cada puño, balazo, o muerte, erguidos en nuestra creencia, te regalamos nuestro amor. ¡Bienvenido Alejandro, a la nueva Colombia en la que cabemos TODOS!

Atentamente,

Una PERSONA.

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