Opinión

Jamás, por iniciativa tuya, hablarás mal de tu país

¡Ama siempre tu país, aunque no vivas en él! Reconocerás sus defectos, pero engrandecerás sus virtudes. Máximas para un joven hijo y su esposa al dejar su país

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agosto 23, 2021
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Jamás, por iniciativa tuya, hablarás mal de tu país
Aquí naciste, aquí estudiaste, aquí tuviste oportunidades; tienes a tu familia, tus amigos, tus recuerdos… Una parte importante de tu vida

La pandemia no ha sido obstáculo para que muchos connacionales sigan pensando en migrar de Colombia. Hay excepciones para estudiantes, trabajadores y hasta quienes se casan con extranjeros, y no dudan en irse. Está pasando más de lo que nos imaginamos. Todos arrancan en esa aventura con sus sueños, sus ilusiones y la posibilidad -en muchos casos- de buscar una sociedad mejor.

Hace unos pocos días, mi muy joven hijo mayor, su muy joven esposa y su perrita emprendieron esa aventura de estudiar y de buscar otra vida fuera de nuestro país. Desde que tenía doce años me dijo: “mamá, yo quiero ser arquitecto y quiero especializarme en el exterior”; así lo planeó y así lo hizo. Yo, como cualquier mamá, aproveché cada segundo que pude antes de que se fuera para disfrutar de su presencia física. Lo llené de amor y de consentimiento porque aunque ya se había ido de la casa, ahora dejaba a sus papás, a su hermano, a sus tíos, a sus primos, a sus amigos de colegio, del trabajo y del vecindario… ¡dejaba su país!

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Lo llené de amor y de consentimiento porque dejaba a sus papás, a su hermano, a sus tíos, a sus primos, a sus amigos de colegio, del trabajo y del vecindario… ¡dejaba su país!

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Busqué un día especial para sentarme a hablar con él de la vida, de nuestra vida, de esas cosas que no se deben olvidar cuando uno se va, y de esas que siempre irán con uno aunque se vaya para el fin del mundo. Volví a lo orgullosa que me siento de ser su mamá y a los consejos, a las manifestaciones de amor, de gratitud (los hijos son, sin duda, nuestros maestros, nuestro espejo). Le recordé que la suerte no existe, que él la construye y que depende siempre de su trabajo, de su entrega, de su responsabilidad y su disciplina. También, que el fracaso tampoco existe, sino las experiencias que por malas que sean, nos enseñan y nos hacen crecer. Le recordé que hay que reconciliarse con la imperfección. Que por más desarrollado que fuera el país para el que iba, se iba a tropezar con situaciones y cosas que le recordarían que todo lo hecho por la humanidad -por maravilloso que parezca- justamene por humano, es imperfecto.

Ese día, aunque pasamos una tarde entera, pareció corto. Lo dejé con algunas máximas escritas en un libro que le regalé para cuando sintiera desazón, o quisiera seguir labrando su camino. La primera: “La gente podrá olvidar lo que dices, la gente podrá olvidar lo que haces, pero nadie nunca olvidará cómo los hiciste sentir” de Maya Angelou. La segunda: “la habilidad de aprender, desaprender, volver a aprender y cambiar por uno mismo es un superpoder” de Vala Afshar. La tercera, la de los enemigos que nunca faltan, un proverbio mexicano que me encanta: “nos quisieron enterrar, pero no sabían que éramos semillas”, ¡espectacular!... y así unas cuantas más para cada cosa.

Y rematé con algo que siempre he creído que debe ser así y que me salió del corazón: “jamás, por iniciativa tuya, hablarás mal de tu país. Reconocerás sus defectos, pero engrandecerás sus virtudes. Aquí naciste, aquí estudiaste, aquí tuviste oportunidades; tienes a tu familia, tus amigos, tus recuerdos… Una parte importante de tu vida. ¡Ama siempre tu país, aunque no vivas en él!

 

 

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