Iván Cepeda elige a Aida Quilcué como vicepresidenta. Entre aplausos y críticas, surge la duda: ¿se repetirá el fenómeno de Francia Márquez?

 - ¿Iván Cepeda hace la misma jugada que llevó a Petro a la Presidencia al poner una lideresa del Cauca de vicepresidente?

El anuncio del candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda, de escoger como su fórmula vicepresidencial a Aida Quilcué, senadora indígena del departamento del Cauca, ha generado diversas opiniones entre críticos y quienes aplauden la decisión del hombre que, de momento, lidera las encuestas a la Presidencia de la República. Este hecho marca un nuevo precedente en un país atravesado por el racismo y el clasismo, donde algunos consideran que para ocupar cargos de elección popular se deben tener atributos casi comparables con los de una monarquía, desconociendo las reglas básicas de la democracia colombiana.

Recordemos que quien rompió ese paradigma de escoger a alguien del pueblo, surgido del corazón de las bases sociales, fue Gustavo Petro, al elegir a Francia Márquez, lideresa afro, como su fórmula vicepresidencial. Fue una decisión histórica, pues no se trataba de una persona formada en prestigiosas universidades norteamericanas o europeas, como había sido la costumbre a lo largo de la historia. En cambio, era alguien proveniente de una de las regiones más golpeadas por el conflicto: el Cauca. Esa elección despertó el sentimiento popular de la Colombia profunda y olvidada, y representó en gran medida el respaldo que llevó a Petro a convertirse en el primer presidente progresista del país.

Sin embargo, una vez la vicepresidenta entró en ejercicio, empezaron a surgir cuestionamientos sobre su liderazgo. Incluso se hicieron evidentes diferencias con el presidente Petro, lo que terminó afectando su popularidad, incluso entre sectores que inicialmente la habían apoyado. Su liderazgo se fue apagando, contrario a lo que muchos anticipaban, pues se pensaba que Francia Márquez podría convertirse en presidenta de Colombia. Esa situación contradijo las predicciones de quienes veían en ella un futuro político sólido y resplandeciente.

Hoy, la decisión de Iván Cepeda —quien podría ser el sucesor de Petro en la Casa de Nariño— de escoger nuevamente a una mujer del Cauca como fórmula vicepresidencial, genera interrogantes. Muchos se preguntan si se trata de un reconocimiento genuino a los pueblos ancestrales o de un cálculo político que podría terminar en un desenlace similar al de Francia Márquez. Aida Quilcué es una destacada lideresa indígena, activa en la denuncia y defensora de los pueblos originarios de Colombia. Su trayectoria le ha valido reconocimiento, aunque también voces críticas que intentan desconocer su compromiso con las comunidades.

Quilcué, víctima de la violencia en su territorio, no solo representaría a los pueblos indígenas, sino también a la mujer rural colombiana, aquella que no se educó en prestigiosas universidades pero que igualmente tiene derecho a participar en la construcción del poder. Por ello, la decisión de Cepeda debe dejar en claro cuáles son los atributos que vio en Aida Quilcué para elegirla como su fórmula vicepresidencial. Solo así podrá consolidarse un nuevo paradigma político en nuestro país: que no sean los apellidos de clase ni los estratos altos quienes definan las iniciativas de construcción nacional, sino la diversidad que caracteriza a Colombia. Lo importante es que este nombramiento sea un verdadero reconocimiento a sus luchas y no un acto populista que termine opacando su capital humano, político y social, como ocurrió con Francia Márquez.

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