Opinión

Isagén fue una catástrofe

El ingreso será flor de un día, deplorable cuadrada transitoria de caja, y la falta de este activo nos dolerá para siempre

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enero 18, 2016
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Sobre el tema del título hay que decir, para empezar, que ninguna de las malas decisiones de este mal gobierno ha producido tan fuerte y unánime repulsa.

Hablando de partidos, nos encontramos con que el Centro Democrático, que fue el primero en abrir fuegos, coincide con grupos tan diversos como el Polo que comanda de hecho el Senador Robledo, el Partido Verde y el Partido Liberal, que ha llegado hasta la amenaza de retiro de la famosa Mesa de Unidad, o de la mermelada. El Partido Conservador ha vuelto a demostrar con su silencio que se acabó y Cambio Radical, el aparente beneficiario de la subasta de uno — descubrimiento inmortal de Juanpa—  no ha dicho que esta boca es mía. Entendemos que su Jefe, Vargas Lleras anda en vía de reposo en España, pero su visible compañero de fórmula y aventura, Carlos Fernando Galán, lo dice todo callando. El Vicepresidente no se compromete con esa locura. No es tan majadero.

Pero más allá de lo que dicen los partidos, hay que destacar la arremetida feroz de la gente con esa barbaridad, con esa torpeza, con ese negociado indecente. Por casualidad estamos celebrando el quinto aniversario de la Primavera Árabe, que se hizo a punta de mensajes electrónicos. Y desde entonces, crece la marea. Juanpa debiera leer menos los editoriales cautivos de El Tiempo, o las crónicas pagas de Caracol, y asomarse al sentir de un pueblo que se siente, justamente, burlado y robado.

Nadie, hasta donde sabemos, ha destacado el segundo hecho del que queremos hacer mérito. Y es que en un año, puede ser mucho antes, no tendremos los dos mil millones de dólares que recibimos, pero Isagén ya no estará jamás en nuestro patrimonio. El ingreso será flor de un día, deplorable cuadrada transitoria de caja, y la falta de este activo nos dolerá para siempre.

Juan Manuel Santos es el único al que se le ocurre,
en este tiempo, vender el agua.

Valga decir, en tercer lugar, lo que nos anotaba en la calle un ciudadano muy del común, pero lleno de energía y clarísimo en su idea: que Juan Manuel Santos es el único al que se le ocurre, en este tiempo, vender el agua. Isagén es generador de energía, claro está, pero esa energía la produce el agua. El dueño de una empresa de generación hidráulica, es o actúa como dueño del agua que mueve las turbinas. A los canadienses, que probablemente no sean tales canadienses los compradores, les hemos vendido inapreciables ríos y valiosas represas. Lo demás es lo de menos. Unas máquinas las fabrica y las instala cualquiera. El agua no la hacen dos veces. El futuro de la humanidad está en ella. Solo un oportunista mediocre como Juanpa puede ignorarlo.

No se ha dicho lo suficiente sobre el futuro de Isagén. Porque el mediocre defensor de esa locura insiste en que la empresa ahí está y que sus activos no se los llevan para ninguna parte. Pero una empresa no es una acumulación de bienes o de fierros. Una empresa es la capacidad para desarrollar negocios, trazar rutas, utilizar tecnologías. Una empresa es su dinámica. Y nadie sabe, hoy, para dónde va Isagén. Lo que con seguridad sabemos es para donde no va. Isagén no acometerá nuevos desarrollos como San Carlos, o Jaguas, o Calderas o Amoyá o Hidrosogamoso. Y no por casualidad. Es que los Fondos no desarrollan empresas. Los Fondos las compran, las sanean, las valorizan y las venden. Son aves migratorias. La que compró Isagén ya está mirando a quién y por cuánto venderla. Y no porque hablemos mal de este pájaro volador. Es que esa es su esencia, su objeto, su función. ¿Así que para dónde va Isagén? Para donde a muy corto plazo le convenga a su transeúnte propietario. No a donde le convenga a Colombia.

Pero para cerrar este ciclo de inquietudes nuevas, conviene preguntar cómo es la cosa de la aplicación de estos seis billones a la construcción de carreteras. ¿A cuáles? ¿A qué título?

Dice el parlanchín Ministro de Hacienda que se trata del programa colosal de las 4G. Pero acontece que tienen esas obritas un costo de 50 billones de pesos. El producto de esta venta financia una décima porción de esa cantidad. Sacrificamos mucho y no hacemos nada.

Pero si se tratara de acudir a esas obras, ocurre que fueron adjudicadas en concesión. ¿Entonces, cómo se aplicará esta plata? Si como capital, nadie entiende cómo el que otorga una concesión viene a comprarla. Y si es a crédito, peor. Prestarle plata al que ganó una concesión con la obligación primordial de financiarla, es el peor absurdo que cabe imaginar. Y si se le presta en condiciones “blandas”, ni hablar. Salir de un activo como Isagén para regalarle plata a un opulento empresario, es más que un crimen, diríamos como Fouché, una equivocación.

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