Opinión

Instituto Roosevelt, añoranza y gratitud

El Roosevelt, como le decimos coloquialmente, es una de las instituciones capitalinas que se mantiene no solo a la vanguardia, sino con el humanismo con que fue creado

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Abril 13, 2019
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Instituto Roosevelt, añoranza y gratitud
Ver cómo existen hospitales que se mantienen firmes en sus valores por más de 70 años, nos hace mantener la fe en el ser humano y en el rumbo de la medicina. Foto: Instituto Roosevelt

No había mesas disponibles, solicité a una pareja poder sentarme con ellos a tomar mi desayuno. Compartir, el hecho de no esperar a poder tener una mesa para mi solo, aislado, repito, el compartir, fue lo que permitió aflorar esta columna llena de recuerdos y gratitud. Sí, escuchar lo que ellos hablaban, así fueran palabras aisladas –ronda, Roosevelt, evolucionar- evocó en mí iguales hechos hace muchos años. No resistí y pregunté. La conversación, ya entre los tres, versó entonces en torno a la medicina y el instituto Roosevelt, para finalizar cuando me levanté para irme y le dije a ese médico neurólogo: “cuando vuelva allá, piense que estuvo con alguien que ama profundamente a esa institución”.

El “Instituto Colombiano de Ortopedia y Rehabilitación, Franklin Delano Roosevelt” (su nombre original) es una de las instituciones capitalinas que se mantiene no solo a la vanguardia, sino con el humanismo con que fue creado, junto con otras como el hospital San José; la Misericordia; el dermatológico; por nombrar unas pocas. Allí, en el Roosevelt, como le decimos coloquialmente, conocí el ya ni recordado “pulmón de acero” tecnología de vanguardia para una época en que la poliomielitis era importante situación de salud y que llevó a su fundación. Me tocó ver los últimos niños que lo usaron, manteniendo su vida con ese respirador, mientras el cuerpo se recuperaba. Las experiencias son innumerables, pero ni el espacio da o es para relatarlas, ni los ojos aguados lo permiten.

 

Nos maravillarnos de los servicios de punta ofrecidos y más importante aún,
de la misión todavía presente
de “amor y ciencia, al servicio de los niños”

 

Con solo entrar a su página web, nos maravillarnos de los servicios de punta ofrecidos y más importante aún, de la misión todavía presente de “amor y ciencia, al servicio de los niños” tal como dice en su página web. Seguramente el doctor Juan Ruiz Mora estará orgulloso allá en el cielo. Investigación, diagnóstico de enfermedades poco comunes, tratamiento avanzado y humano, han sido desde su creación el norte científico.

Permítanme la nostalgia, al ver como en marzo 2019, se unen Teletón y Roosevelt, en una extensa red de rehabilitación. Nostalgia ya que ambas instituciones fueron mi comienzo como médico fisiatra por allá a inicios de los años 80. Allí aprendimos y sembramos mucho. Qué dicha ver en lo que van.

Gratitud ya que sin conocerme el Dr. Ruiz Mora me acogió como un padre en mi naciente carrera de médico. Gratitud a los doctores. Alonso, Guerrero, (ortopedistas) y Wiesner con todo el equipo de rehabilitación, maestros con los que crecí, es también motivo de esta columna. Gratitud con la comunidad de religiosas que lo manejaba, con las auxiliares de enfermería que se desvelaban en el cuidado posquirúrgico, técnicos de ortesis, secretarias, personal de cocina y jardineros, que van anclados en el corazón. Gratitud para quienes no conozco, pero que trabajan allí actualmente y mantienen viva su alma, la de la institución.

Ver cómo existen hospitales que se mantienen firmes en sus valores por más de 70 años, Roosevelt o de 90 años, San José, mi alma mater, nos hace mantener la fe en el ser humano y en el rumbo de la medicina.

 

Hay ocasiones para plasmar el rescate del humanismo en la medicina, esencia de mis columnas, así como debe haber momentos para añorar y ser gratos. Este es uno de ellos. Gracias por leer.

Médico fisiatra. Medicina del alma

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