Insensatez política y amenaza de guerra en la frontera

Que los propios venezolanos resuelvan sus problemas, acatemos los principios del derecho internacional consagrados por la ONU. Basta ya de esta farsa política

Por: PEDRO LEÓN VEGA RODRÍGUEZ
febrero 20, 2019
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Insensatez política y amenaza de guerra en la frontera
Foto: Instagram Nicolás Maduro / U.S. Navy

Observo con asombro e indignación el revuelo mundial ocasionado por las pretensiones de la agencia estadounidense USAID y el gobierno de Donald Trump de introducir a territorio venezolano, desde la frontera colombiana, una artificiosa ayuda humanitaria que tiene una finalidad política injerencista en los asuntos internos de Venezuela para restarle legitimidad al presidente Nicolás Maduro y a la Revolución bolivariana gestada hace dos décadas por el fallecido comandante Hugo Chávez. Una acción política propia del estilo intervencionista norteamericano, orientada a la apropiación de la riqueza petrolera del vecino país, que amenaza con convertirse en una irresponsable aventura militar de proporciones insospechadas y consecuencias impredecibles, si la cerrazón de los instigadores y las calculadas presiones de la oposición política venezolana para provocar el uso de la fuerza, histéricamente avalada por delirantes representantes de la derecha internacional, se traducen en la creación de focos de agitación, la presencia de tropas extranjeras gringas en la frontera, y la fabricación de una guerra traída de los cabellos, que entre sus principales víctimas contará con los colombianos de la ciudad de Cúcuta y el departamento Norte de Santander, donde la riesgosa participación en el pulso político del vecino país de sus gobernantes, siguiendo el ejemplo del presidente Duque, parecen patrocinar de manera insensata una quimera que le abre las puertas a la intolerancia y al desastre en la frontera. Destino injusto para una población imbuida hoy en su propia tragedia social y económica, y esperanzada en la construcción de la paz tras cinco décadas de violencia política en desarrollo de su propio conflicto armado interno.

Esto se presenta en un contexto cada vez más generalizado de guerra mediática, donde el gobierno del bárbaro Donald Trump y una ultraderecha mundial organizada y vociferante radicalizan un orden liberal mundial que ni es orden ni es liberal, poseídos de una ideología delirante, demencial, que propicia políticas cavernícolas presuntamente ya superadas con la terminación de la Guerra Fría: Macartismo, anticomunismo, golpes de Estado, intervencionismo, presencia masiva en la región de organismos de inteligencia como la CIA, discursos mendaces que se imponen con cinismo, racismo estilo Ku Klux Klan, violación flagrante del derecho internacional, abandono de acuerdos nucleares y ambientales para la salvación del planeta y, especialmente, una intolerancia extrema con sistemas políticos distintos, contraria por completo a los principios básicos de la democracia. ¿Cómo se puede respaldar con tanto desparpajo este tipo de políticas intervencionistas del gobierno estadounidense, cuando es el principal responsable del infame ahorcamiento económico y financiero del Estado venezolano y de la especulación con la moneda que da origen en los últimos años a su dramática crisis social y económica, y que motiva luego a los victimarios a ofrecer hipócritamente una falsa ayuda humanitaria? Esto ocurre a doscientos años de la independencia hispanoamericana.

Es evidente que se trata de una nueva estrategia, tras el fallido golpe de Estado de 2002, la destrucción e incendio de PDVSA, las “Guarimbas” violentas de 2017, y el reciente embargo de cuentas petroleras en Estados Unidos por 20 mil millones de dólares. También como respuesta a la incapacidad e incompetencia de la oposición política venezolana para acceder al poder por vía electoral, en calidad de instrumento de los intereses gringos, luego se ser en buena parte fabricada, financiada, prostituida y sodomizada por el Departamento de Estado norteamericano, como se deriva de la investigación de documentos desclasificados de la doctora de Harvard en Ciencia política Eva Golinger en su libro “Código Chávez”.

¿Cómo es posible sólo por motivaciones ideológicas retóricas ponerse del lado de la mayor potencia del mundo y del gobierno más retrógrado y chapucero de la historia estadounidense, cuando los cálculos de expertos señalan que desde 2013 le ha causado a la economía venezolana pérdidas por 350 mil millones de dólares? ¿Qué nuevo tipo de cretinismo y abyección política es ese? Seamos indulgentes, en la mayoría de los casos es producto de la ignorancia, la calculada desinformación y el analfabetismo político.

Muchos instigadores a la guerra, poseídos de una mentalidad inquisidora, olvidan los grandes éxitos de la revolución bolivariana, reconocidos en sus primeros años por la comunidad internacional, antes de la campaña desestabilizadora y el golpe de Estado de 2002 que se propuso destruirla precisamente por exitosa: las Misiones sociales; un crecimiento continuo del 9% y 10% anual, la reducción de la pobreza del 60% al 20%, la drástica reducción de la miseria, la multiplicación por tres de los indicadores en educación y en salud, la construcción de dos millones de viviendas gratis, una reforma agraria redistributiva, la financiación con capital, tierra e insumos de proyectos productivos, y un intercambio comercial con Colombia que pasó de dos mil a ocho mil millones de dólares en cinco años. En este caso es inválido desestimar tales éxitos con la supuesta bonanza por los precios altos del petróleo, porque el repunte petrolero ocurre sólo después de 2008. Sin olvidar que en defensa de la independencia y soberanía latinoamericana, Chàvez impulsó el Banco del Sur, Telesur y Unasur. Ya quisiera un país latinoamericano tener la posibilidad de un desarrollo soñado de este nivel.

Una política seria, de acompañamiento internacional, orientada a buscarle una salida a la crisis, debe empezar, por el contrario, por oponerse a la feroz embestida intervencionista de la potencia del norte, disfrazada ahora de ayuda humanitaria, y exigirle al gobierno de Donald Trump que ponga fin al criminal bloqueo económico a Venezuela y a su campaña desestabilizadora de la paz regional y mundial. Y no menos importante es hacerle un llamado a la oposición venezolana a la sensatez, para que aprenda a acceder al poder por las vías democráticas y electorales, aprenda a ser buen perdedor y no disfrace más con “Guarimbas” y retóricas ideológicas las veinte derrotas consecutivas que le ha propinado la revolución bolivariana en presencia de las más críticas e invasivas veedurías internacionales y con el más sofisticado y transparente sistema electoral del mundo. Basta ya de agresiones y de infantilismo político. Que los propios venezolanos resuelvan sus problemas, acatemos los principios del derecho internacional consagrados por la ONU. Basta ya de esta farsa política.

 

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