Opinión

Inseguridad vs. “limpieza social”, o exterminio, o aniquilamiento, ¿o matanza social?

La brutal ola de atracos perpetrados por delincuentes desalmados ha sacado a relucir, en algunos sectores, el terrible escenario de la justicia por cuenta propia

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enero 31, 2018
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Inseguridad vs. “limpieza social”, o exterminio, o aniquilamiento, ¿o matanza social?
Desde 1988 hasta el 2013 se cometieron en Colombia por lo menos 4928 homicidios como consecuencia de las operaciones de “limpieza social”

Nada me ha impresionado más que ver los aterradores videos de atracos tenebrosos perpetrados por delincuentes desalmados, capaces de lo que toque por conseguir lo que buscan, así sea matar.

Qué me dicen del video de la mujer embarazada en Bogotá tratada con absoluto desprecio y en condición de cuadriplejía hoy; el del muchacho de quince años asesinado por uno de diecisiete, porque no se dejó robar la bicicleta; las fotografías del Porsche de un prestigioso abogado, que estrelló otros tres carros en su defensa, para que no le robaran el suyo; los cada vez más frecuentes asaltos a restaurantes reconocidos… Todo lo anterior, solo en Bogotá y en apenas una semana.

A lo descrito se suman el cartel del Rolex, el cartel de los carros de gama alta, el cartel de los carros blindados, etc., etc., etc. Me pregunto, ¿qué estarán pensando y planeando para protegernos las autoridades, además de sus investigaciones exhaustivas? ¿Por qué los 500 policías adicionales que anunció el presidente de la República, siguen siendo inferiores a las necesidades de la capital del país?

En todas partes se habla del tema, del miedo que produce la exacerbada delincuencia de hoy, de la falta de soluciones. Pero más allá de esto, que es lo obvio, me llama mucho la atención el permanente comentario que sale a relucir en todas las conversaciones: la justicia ejercida por cuenta de los propios ciudadanos; la famosa “mano negra” que se encarga de hacer “limpieza social”, como solución a esta terrible oleada de inseguridad. “Dios me perdone por esto que voy a decir, pero la única solución es que desaparezcan a todos esos delincuentes. No es sino que comiencen a ver a unos cuantos botados por ahí, y santo remedio. Por lo menos se aplacan”, son las frases que nutren el contenido diario de las conversaciones entre compañeros de trabajo, familias y amigos.

Hace un par de años, los medios dieron cuenta de la muy interesante y reveladora publicación titulada “Limpieza social. Una violencia mal nombrada”, que recoge investigaciones sobre el fenómeno de la “limpieza social” desde 1988 hasta 2013 en todo el país, en cabeza del historiador, profesor y director del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri) de la Universidad Nacional, Carlos Mario Perea. ¿Su gran preocupación? La aceptación social que tiene esa “mano negra” en las zonas en las que se ejecuta; personas comunes y "decentes" pidiendo desaparecer a otras personas. Como dice un amigo abogado, el ejercicio arbitrario de las propias razones.

 

 

Los victimarios son grupos ilegalmente conformados
que deciden tomarse la justicia por sus propias manos
y, en algunos casos, resulta ser el típico falso positivo social

 

 

La pesquisa adelantada por Perea, señala que en el periodo estudiado se cometieron en Colombia por lo menos 4928 homicidios como consecuencia de las operaciones de “limpieza social”, dirigidas en general a personas que no hacen parte de ningún grupo armado pero que llevan el estigma de ser habitantes de la calle, trabajadores sexuales, presuntos delincuentes o jóvenes de zonas populares. Los victimarios son grupos ilegalmente conformados que, por falta de presencia del Estado, deciden tomarse la justicia por sus propias manos y –en algunos casos- resulta ser el típico falso positivo social en el que la gente termina diciendo: “no sabía que don Pedro o el panadero o la vecina costeña eran maricas, drogos o delincuentes, pero por algo los mataron". Pero destaca el estudio que en este sentido ha habido algunos casos atroces e indignantes, con víctimas calumniadas junto con sus familias.

¿Pero y qué hacer ante la incapacidad de las autoridades hoy de proteger a sus ciudadanos? Cuenta el investigador que, por ejemplo, los atracadores en Pereira (Risaralda), a finales de los años 70, comenzaron a aparecer tirados en las calles, muertos, con sus manos y su cara marcados con una tinta roja como sentencia de muerte. Así los ciudadanos identificaron y comenzaron a entender de qué se trataba, y comenzó lo que hoy se conoce como “limpieza social”. ¿Y en qué va a terminar? Pues en lo mismo, si las autoridades no incrementan sus esfuerzos.

Desde 2006, dice el informe, han resurgido las bandas pequeñas que precedieron a los paramilitares. Explican que el vacío que quedó tras la desmovilización de ese actor armado lo empezaron a suplir las antiguas bandas, que disputaron a sangre y fuego el control de las rentas criminales. A partir de ese año las cifras de limpieza social se dispararon.

Entonces, ¿será eso lo que volverá a suceder con el acecho de estos delincuentes cuya presencia muchos señalan como consecuencia de mal llamado proceso de paz? Si en los países centroamericanos, que vivieron el mismo proceso, la consecuencia fue la creciente y tenebrosa presencia de grandes bandas delincuenciales como las que estamos viendo conformadas allá por reinsertados, porque lo único que sabían hacer era delinquir, pues no nos espera nada distinto.

Carlos Mario Perea dice que a este horror hay que dejar de decirle limpieza social y, por supuesto hay que abolirla. Pero llámase como se llame y piénsese lo que se piense, la excusa para que suceda está servida, si las autoridades no incrementan las medidas de control.

¡Hasta el próximo miércoles!

 

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