Informe confidencial sobre la Tercera Guerra Mundial

Revelaciones sin censura del escritor Juan Mario Sánchez Cuervo sobre el conflicto que estremece al mundo

Por: Juan Mario Sánchez Cuervo
agosto 27, 2019
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Informe confidencial sobre la Tercera Guerra Mundial
Foto: Pixabay

Si usted, amable y quizás candoroso lector, está a la espera de una señal espectacular —por ejemplo, un misil, una bomba, una ojiva nuclear que con esplendor atómico destruya a Nueva York, París, Moscú, Tokio, entre otras ciudades—, permítame decirle que tal señal sería el principio del fin y no el detonante del último conflicto mundial. Estamos inmersos en la Tercera Guerra Mundial, una guerra no declarada, no convencional e irregular y sui generis.

El único acontecimiento visible que en apariencia marca un antes y un después del nuevo orden mundial, es la fecha 11 de septiembre de 2001 con el atentado a las Torres Gemelas, emblema del decadente mundo occidental. No es descabellado pensar que tan terrorífico y mediático incidente fuera permitido por Estados Unidos para precipitar el nuevo sistema, y así justificar la escalada armamentista, la invasión de países estratégicos en términos geopolíticos, y sobre todo la aniquilación de minorías étnicas, culturas, y todo aquello que se opusiera al nuevo orden mundial. Así sucedió y así viene sucediendo. Además han usufructuado hasta la saciedad el manido concepto “terrorismo”. La palabra terrorista siempre existió; pero es a partir de aquel 11 de septiembre que ese término adquiere todo el peso para usarlo en favor del exterminio de grupos humanos específicos. En otras palabras, solo los que administran el nuevo orden mundial definen quién es o no terrorista.

El terrorismo, aclaro, venga de donde viniere es un instrumento degradante, deshumanizado, criminal y atenta contra la dignidad humana, y como tal lo rechazo y el mundo civilizado lo rechaza. Sin embargo, entran en juego la doble moral y la hipocresía: las élites apoyan o repudian un atentado según convenga o no al sistema. Precisamente los gestores de este oscuro orden de cosas acuden a la práctica del terrorismo estructural, el cual es menos escandaloso, aunque igual de cruel y depravado. Ellos han elaborado una compleja y efectiva red orbital de miedo: socavan las libertades, robotizan a las masas, las alienan, las controlan y vigilan con obsesa precisión. Coartan la libertad de expresión, la intimidad, el pensamiento, la creatividad, las comunicaciones. Todo lo que haga, diga, opine y escriba la masa humana queda registrado en una inmensa base de datos.

Es el exterminio de la intimidad, la libertad y la independencia y la instauración de la pesadilla del Gran Hermano anunciada por George Orwell en su memorable novela 1984, obra escrita hace 70 años y que, a manera de visión profética anunció lo que vive el mundo actual. Por si lo anterior fuera poco, el comercio, la macabra organización financiera, los grandes medios de comunicación y su periodismo mercenario, el mundo del espectáculo, la cultura y el deporte, la oferta de servicios, la economía, la tecnología, y hasta la recreación también la controlan ellos y funcionan con el código siniestro de las mafias. Lo que viene en el tiempo próximo es la guerra por el control de la información, o la lucha salvaje por tele-control de nuestro planeta a través de satélites, los atentados cibernéticos, la guerra a través de armas biológicas y el uso letal de la nanotecnología.

Jamás los animales y el medio ambiente sufrieron tanto. Jamás fue tan flagrante la esclavitud. Jamás el enajenamiento, la neurosis, las enfermedades mentales, la drogadicción y otros flagelos fueron tan evidentes. Hoy florece la manipulación genética, la experimentación con armas químicas y biológicas, las pruebas nucleares en la profundidad de los océanos, la destrucción del ecosistema, la deforestación de selvas (como el Amazonas), el uso del fracking, la extracción irracional de material radiactivo y minerales preciosos en detrimento de nuestro hermoso planeta azul, y no hay poder humano que detenga esta carrera hacia la inminente autodestrucción. A las oscuras élites no les interesa el presente y el futuro del planeta, ni les interesa la inmensa mayoría que somos el mundo con sus seres humanos, animales, vegetales y demás reinos Ellos solo piensan en sus intereses y en hacer y deshacer para obtener buenos dividendos para sostener su hegemonía diabólica. Si esto no es terrorismo, entonces no existe el terrorismo. El terrorismo del Estado Islámico, de Al Qaeda, y grupos al margen de la ley es abominable; pero el terrorismo de Estado y del establecimiento es igual de detestable, pues anula la individualidad y la cosifica para integrarla a una masa embrutecida, insensible, inhumana.

La Tercera Guerra Mundial es la guerra, de la corrupción, de la degradación humana, la guerra de la desinformación, la guerra del terrorismo generalizado: hoy una masacre perpetrada por algún psicópata en cualquier lugar de Estados Unidos (fábrica mundial de psicópatas), en Medio Oriente, en Colombia, en Nueva Zelanda, en cualquier ciudad europea. De nuevo mañana y pasado mañana en Estados Unidos, y cada día en un lugar distinto del mundo. El mundo un manicomio, una pesadilla inventada por el hombre para oprimir al mismo hombre. Un mundo gobernado por payasos y cínicos, por locos e irresponsables. Que xenófobos, racistas y seres estrambóticos como Donald Trump estén en el poder dice mucho de la locura actual. Que seres enigmáticos como Putin compren y vendan guerras, y que países como China, India, Corea del Norte e Irán tengan intereses en puntos estratégicos del orbe como Latinoamérica, por ejemplo, muestran la gravedad de la situación.

Además, Medio Oriente es una bomba de tiempo; en Siria el genocidio no se detiene; en el eje colombo- venezolano el panorama es tenso; en Europa hay olor a crisis; en Ucrania se vive una coyuntura por su postura frente a Rusia; resurgen los nacionalismos que ya creíamos superados; en Alemania se renuevan fuerzas políticas que recuerdan al Führer; el fenómeno de la inmigración está fuera de control. En esencia, parece no haber un lugar tranquilo en la tierra, la cual sufre climas extremos por el efecto invernadero: incendios fuera de control o inundaciones en el otro extremo.

Por otra parte, impera la doble moral de los gobiernos que alcahuetean a hurtadillas el narcotráfico, mientras fingen combatirlo; la trata de personas, la explotación sexual de niños. La comunidad internacional tolera el exterminio dirigido por genocidas. Que monstruos como Bachar el Asad o Uribe Vélez, entre otros, gocen de poder criminal y de libertad es una vergüenza para la humanidad. La justicia se postró ante los intereses de los que gobiernan esta época nocturna y falsa. Los genocidas resultan útiles a las mentes perversas que nos dirigen. Y cuando ya no los necesitan ellos mismos lo llevan a juicio o los eliminan. El reinado de los titiriteros que usan a sus títeres y marionetas y payasos. El mundo es un circo melodramático. Ya no impera la razón, la lógica, la sensatez, la tolerancia, sino el cinismo, la mezquindad de los que adoran el dinero, el capitalismo salvaje. La democracia se convirtió en utopía. Los que detentan el poder son bestias, no tienen entrañas humanas, ni les interesa el bienestar del ser humano.

El hombre no dio la talla y las élites que establecieron este orden mundial lograron su objetivo. Pero a la vez aceleraron el cambio que viene. Esta es la buena noticia: tras la tormenta surgirá una nueva humanidad: solidaria, fraternal, luminosa, honesta, respetuosa con los animales y del medio ambiente. El hombre aprenderá la lección. Por eso, si usted, amable y quizás candoroso lector está esperando una señal como la explosión de la bomba de hidrógeno o de una ojiva nuclear está equivocado. Lean los signos de los tiempos y entenderán el plan monstruoso del actual orden mundial, y de paso interpretarán el cambio que viene, y la Tercera Guerra Mundial en la que estamos inmersos. Es la guerra de la mentira contra la verdad, de la oscuridad contra la luz, de la desinformación contra la información. Pero el bien triunfará, fue escrito, se dijo y se dirá.

 

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