Indiferencia, la gran enfermedad de Colombia

No podemos ignorar las necesidades de la mayoría. Además, si luchamos juntos tal vez algún día todos podamos tener las mismas oportunidades

Por: Juliana Linares Puerta
diciembre 11, 2019
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Indiferencia, la gran enfermedad de Colombia
Foto: Nelson Cárdenas

En medio de tantos sentimientos encontrados y atendiendo el importante llamado de @jkrincones, quiero aprovechar este espacio para hacer una reflexión sobre lo que hemos estado viviendo estas últimas semanas en nuestro país y expresar los motivos por los cuales yo he salido a marchar. 

Siento que puede ser un buen comienzo contarles sobre una cadena que me llegó por un grupo familiar, en la cual el escritor expresaba lo siguiente: “Me llama la atención poderosamente que algunos jóvenes, hijos de amigos y conocidos, inclinen su apoyo por un socialismo, yendo contra el estilo de vida y los principios en los que fueron educados. Veo a estos jóvenes que estudiaron en colegios y universidades privadas y que llegaban a ella en su carro, que viajaron a Europa, Estados Unidos, Suramérica; que recibían sus clases de inglés, natación, guitarra; que tuvieron sus fiestas de 15 o sus grados de colegio en clubes privados, como inclinan su balanza por el socialismo del siglo XXI”.

En medio de la indignación que me generó leer esto, encontré dos fracciones una de verdad y la otra de gran alegría. La verdad es que, más adelante, el escritor argumenta que nacimos con estos privilegios gracias al arduo trabajo de nuestros antecesores, hecho por el que estamos infinitamente agradecidos y que hay que recalcar. Y la alegría fue oír a mí mamá referirse al texto como un argumento completamente clasista y mal configurado, y a continuación hacer el siguiente comentario: “me duele que el simple hecho de tener una opinión distinta ya te hace de ultraderecha o comunista”. 

Mi mamá, hija de una uribista arraigada, se casó con mi papá, que es mi gran ejemplo político. A ella poco le gusta discutir de estos temas porque “no los entiende”, sin embargo, a través de los años, poco a poco, sin querer y tal vez sin siquiera darse cuenta, ha empezado a forjar su propio criterio y se ha vuelto crítica ante la información que recibe. Entonces se imaginarán la emoción que sentí al oírla opinar así, cuando le dije: “Ma, efectivamente y como tú bien lo has dicho en este momento, es gracias a todos los privilegios de una educación de alta calidad y otras posibilidades que 'estos jóvenes' hemos ido generando un diálogo frente a lo que nos quieren enseñar, es precisamente porque hemos estado llenos de oportunidades increíbles que no comemos entero y que contamos con criterio para forjar nuestras propias posiciones frente a las cosas, en vez de simplemente ir como borregos detrás de un líder ciego”. Y a esto voy con mi reflexión, sí, efectivamente he nacido en una cuna de oro, gracias al trabajo fuerte de mi mamá, de mi papá, de mis abuelos, mis bisabuelos y todos los que han cambiado mi historia, y es precisamente por eso que hoy no soy indiferente a las necesidades de la mayoría de mi país para que todos podamos llegar a tener las mismas oportunidades. 

Siendo más precisa, tengo en resumidas cuentas cinco motivos principales por los cuales parar (debo confesar que comencé con 3 y a medida que fui escribiendo me iba llenando cada vez de más razones): 

El primero es que marcho por la implementación de los acuerdos de paz. Ha sido un sueño colectivo por el que muchos colombianos hemos luchado por mucho tiempo y que no es justo que quede anulado por un tema de egos. Marcho por todos los que por la guerra de nuestro país hoy no pueden hacerlo.

El segundo es que busco una educación de alta calidad y sin costo para toda la población colombiana. Es precisamente porque yo la tengo que sé lo importante que es que todos tengamos acceso ella. Comprendo y apoyo, además, todas las aristas con las que esto cuenta, como aumentar el sueldo de los profesores, pues doy por hecho que este es uno de los trabajos más valiosos e importantes que hay. 

El tercero es por mi mamá, mis abuelas, mi hermana, mis futuras hijas y todas mis camaradas mujeres que hemos sido oprimidas por el patriarcado en Colombia y violentadas por el simple hecho de ser quienes somos. Marcho porque, cuando me gradúe, quiero ganar el mismo sueldo que mis compañeros y por todas aquellas mujeres a quienes el machismo les ha robado la tranquilidad y la sonrisa. 

El cuarto es por el medio ambiente. Desde que soy chiquita he sido fan de la naturaleza y conozco la riqueza tan inmensa con la que cuenta nuestra tierra. Tristemente, pareciera que nuestro gobierno no lo supiera, o que se hacen los locos, que no sé qué sea peor, y ha decidido impulsar políticas tan destructivas como el fracking o el aleteo. 

El quinto es en contra de los abusos de la fuerza pública, pues, como lo decía una gran mujer: “del Estado espero protección, de los vándalos no espero nada” @matildemilagros.

Y en general porque me parece que éste ha sido un gobierno que no ha dado la talla, ha aumentado el desempleo y pocas medidas se han tomado frente a las grandes deficiencias que tenemos, la corrupción sigue campante y estamos cansados de ser Macondo, el pueblo donde no ha pasado nada, ni está pasando ni pasará nunca, el pueblo feliz. 

Por otro lado, quiero dejar claro que este tiempo de paro me ha llenado de esperanza y felicidad. He vivido momentos de unión que nunca creí vivir, he cantado y bailado hasta la médula y he sentido un proceso de sanación y acompañamiento para un dolor colectivo que me llena de amor por mi país. Estamos muy acostumbrados a decir que este es un “país de mierda”, y debo admitir que hasta yo he caído en la trampa, pero en medio de todo somos un pueblo resiliente, que a pesar de todas nuestras desgracias hemos aprendido a batallar hasta que aguanten los pies y la voz, y nos hemos despertado nuevamente. No me cabe la menor duda de que es precisamente gracias a estos actos y gracias a todos los que hemos tenido en el pasado que seguimos progresando, seguimos dándola todo por este suelo que nos vio nacer. Cuando cantamos juntos nos oímos mejor y no podemos dejar de cantar. Nuestra voz es el arma más poderosa que nos ha sido brindada y es nuestro deber ponerla en uso. Es por eso que esto es una invitación a hacer un paro, y de verdad digerir qué está pasando y por qué está pasando. Únase al montón, que la paz y el progreso son derechos de la Constitución. 

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