Hugo Ospina: el taxista más odiado de Colombia

Después de sacar a Uber del país ahora va por las patinetas eléctricas y por todas las plataformas. La violencia con la que expone sus ideas está indignando a la gente

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enero 17, 2020
Hugo Ospina: el taxista más odiado de Colombia

La última salida de Hugo Ospina, la de su determinación de sacar a las patinetas eléctricas y su guerra declarada a todas las plataformas han desatado un linchamiento en twitter contra el líder de los taxistas:

Hugo Ospina se dio a conocer en marzo del 2016. Mientras Los Rolling Stones terminaban su concierto en El Campín al otro extremo de la ciudad, en el parque de la 222, en el norte profundo, estallaba el Estereo Pícnic. Esa noche del jueves 10 de marzo había, por lo menos, 200 mil bogotanos en la calle, haciéndole aspavientos a la lluvia y, sobre todo, cruzando los dedos para que un taxi les parara. Hugo Ospina, el paisa de 49 años que creó en el 2002 la Asociación de Taxistas había amenazado en la tarde al Secretario de Movilidad de Bogotá con sellar el Estereo Picnic y los alrededores de El Campín si se permitía el servicio de Uber. Los usuarios no tardaron en poner las quejas. Desde la Calle 222 hasta la calle 100 con autopista norte hubo taxis que cobraron 50 mil pesos, cinco veces más de lo que cobran usualmente. Hasta el centro de la ciudad las carreras superaban los 100 mil pesos. La alcaldía de Peñalosa tembló: se dio cuenta que Ospina mandaba en las calles bogotanas.

En julio del 2015 después que el vicepresidente Germán Vargas Lleras desafiara a su gremio diciendo públicamente que legalizaría Uber, Hugo Ospina organizó una caravana desde el centro de la ciudad hasta las afueras del aeropuerto El Dorado. Allí más de 800 taxistas lo acompañaron. Subiéndose al techo de su auto Ospina reafirmó su intención de no ceder en el propósito de impedir que se impusiera la “piratería” que para él significaba Uber. Ante el poder desplegado, a Vargas Lleras, que es difícil de amedrentar, no le quedó de otra que pactar con Ospina.

Días después el escándalo se desbordaría. El líder de los taxistas ordenó la creación de 52 bloques de búsqueda para detectar Ubers en Bogotá y sin más bajar a los pasajeros que ellos consideraban ilegales de los vehículos. Las redadas de los ‘amarillos’ contra los ‘blancos’ fueron cada vez más comunes y beligerantes. Muchos automóviles de color blanco –ajenos a la guerra decretada por los taxistas– empezaron a rodar por Bogotá con letreros de ‘Yo no soy Uber’, para evitar ser objetivo de los amarillos. Y las críticas cayeron sobre Ospina. En redes sociales lo acusaron de paramilitarismo y circuló el rumor de que cuatro taxistas habían agredido a un conductor de Uber en La Floresta, al occidente de Bogotá. Los ánimos estaban caldeados y Ospina no ayudaba a enfriarlo. Tenía en la sangre el fragor del conflicto.

Según él, su bisabuela formó parte del servicio doméstico de Rafael Uribe Uribe por lo que el taxista insinúa ser descendiente del prócer general. En vez de haber sido Ospina pudo haber tenido el apellido Álvaro Uribe, el mismo Presidente que tanto admira. Y como ellos, Hugo Ospina no se rinde nunca. Ni siquiera los 4.000 taxistas que este año se han pasado a Uber viendo que un cupo de taxi en Bogotá cuesta 120 millones de pesos más los 40 que vale el auto, lo logró amedrentar. Ya sacó del país Uber, ahora va por todo

 

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