Hospital San Juan de Dios: entre el patrimonio y los negocios, se olvidó lo importante

El debate gira en torno a los aspectos económicos, jurídicos y patrimoniales, pero los argumentos específicos del ámbito de la salud son marginales

Por: Iván Jairt Guarín Muñoz
octubre 06, 2020
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Hospital San Juan de Dios: entre el patrimonio y los negocios, se olvidó lo importante
Foto: Twitter @Felipe Restrepo Acosta - CC BY-SA 4.0

El debate público sobre qué hacer con el Complejo Hospitalario San Juan de Dios (CHSJD) sigue siendo el caballito de batalla de distintas fuerzas políticas y el reflejo de conflictos electorales. Cada uno de los actores enfatiza en la dimensión que le interesa (económica, patrimonial o jurídica), pero muy pocos se han preguntado por cuál es realmente el hospital que requiere Bogotá y el país para resolver sus deficiencias en salud. Tampoco se ha logrado un diálogo integral que permita una salida que beneficie el interés público.

Recientemente se publicó un documento con seis recomendaciones elaborado por una comisión que se auto convocó motivada, según afirma, por el “amor por Bogotá” [1], en la que participaron expertos (as) y parlamentarios.

El documento menciona las dimensiones del problema con una narrativa alegórica, para terminar en una única recomendación concreta: continuar con el contrato de obra firmado entre la Alcaldía Mayor de Bogotá y la firma española Copasa, con el objeto de demoler la torre central del (CHSJD), construir un hospital nuevo que reemplace al Hospital Santa Clara y asumir su administración y operación durante cinco años. El resto de recomendaciones son declaraciones del “deber ser”, llamamientos, lugares comunes y reconocimientos.

De otra parte, la representante María José Pizarro hizo un pronunciamiento denunciando las irregularidades en el contrato de demolición de la Torre Central[2], en donde se destacan los riesgos jurídicos y de corrupción y las implicaciones de continuar con la ejecución del contrato. Esto sumado a cientos de pronunciamientos de la ciudadanía y actores interesados en el Complejo Hospitalario, en las redes sociales.

Estos documentos respecto al San Juan de Dios, como muchos otros, reflejan un problema estructural: el debate gira en torno a los aspectos económicos, jurídicos y patrimoniales, pero los argumentos técnicos específicos del ámbito de “la salud” son marginales o simplemente no existen.

Se olvida la razón de ser del CHSJD que es prestar servicios de salud, educación en salud, investigación científica y asistencia técnica.

¿De cuál San Juan de Dios se está hablando?

A este debate le hace falta orden para poder responder las preguntas fundamentales: ¿cuál es el rol del Complejo Hospitalario que necesita el país, la región y la ciudad?, ¿qué servicios de salud, educación, investigación científica y asistencia técnica se deben ofrecer en el San Juan de Dios y con qué modelos de gestión y de negocio?

Hasta el día de hoy, se han hecho muchas especulaciones sobre cuál debería ser el rol del CHSJD. Por ejemplo, si debe ser cabeza de la red nacional, sí debe ofrecer los servicios más complejos como trasplantes de órganos –que no son prestados por ningún hospital público-, contar con institutos especializados y centros de excelencia o convertirse en un clúster de salud con zona franca, centros de investigación, laboratorios, bibliotecas, un museo, parque de la salud, entre otros.

Pero no existe un estudio técnico que defina y concrete estas propuestas. Lo más avanzado que se ha alcanzado son los estudios del Proyecto Ciudad Salud Región, contratados en 2012 por la Secretaría de Salud y la Empresa de Renovación Urbana (ERU) pero cuyos resultados aún no se han divulgado.

Lo que sí se conoce hoy es el contrato de demolición de la Torre Central y la construcción de un edificio para reemplazar al Hospital Santa Clara. Es decir, un contrato que firmó la actual administración sin considerar los estudios técnicos sobre el Complejo Hospitalario, dándole continuidad a la propuesta de la administración Peñalosa.

Si la vocación del Complejo Hospitalario es ser la cabeza de la Red Nacional de Prestación de Servicios de Salud del país y, de manera integral, el centro de la educación en salud y el corazón de la investigación científica, se debería comenzar por contrastar la oferta de servicios público-privada, la situación de salud-enfermedad de la población y la demanda. Así, se podrá determinar el portafolio de servicios de salud más adecuado.

Así mismo, y de acuerdo con el modelo de salud actual, también se deberían determinar los modelos de atención, gestión clínica (institutos, centros de excelencia, centros de investigación) y de negocio, así como el carácter público, privado o mixto de los servicios.

Una vez se tenga clara la propuesta, se debe definir la vocación y uso de cada uno de los edificios del Complejo, considerando los requerimientos técnicos en cuanto infraestructura y tecnología, las normas de salud, patrimoniales y arquitectónicas, y los costos de su implementación.

Solo después de contar con todos estos elementos, se podrá decidir su rumbo y fijar una posición política basada en estudios técnicos y en el interés colectivo.

Conceptos sin sustento técnico

Para defender la demolición de la Torre Central, la comisión autonombrada determina categóricamente que “es evidente que no es viable el funcionamiento de un hospital”. Pero ¿cómo se puede determinar su viabilidad si la comisión no sabe cuál es el hospital que se necesita? Esa “evidencia”, sin sustento técnico, genera dudas sobre el interés de sus integrantes, quienes están tan alejados de la situación real del CHSJD que ni siquiera mencionan al Instituto Materno Infantil, parte integral del Complejo Hospitalario, que requiere de una intervención urgente.

Es tal su desconocimiento del problema, que ignoran la existencia de un edificio nuevo, anexo a la Torre Central, que está en perfecto estado y en donde funcionó el Resonador Magnético Nuclear (RMN). ¿La comisión cree que no es viable prestar servicios en este edificio? ¿También hay que demolerlo?

Llama la atención que en medio de este debate nadie haga referencia a que Bogotá, con cerca de 8 millones de habitantes, no tenga un resonador público de esas características, aunque en el CHSJD exista un edificio listo para ser utilizado con ese fin.

De otra parte, ¿cómo puede la comisión recomendar un hospital 100% público y al mismo tiempo continuar con el contrato que entrega la demolición, obra, administración y operación a un privado? Es claro que de seguir con el contrato, el hospital que se construya mantendrá la propiedad pública, pero los derechos de explotación, la administración y la operación estarán a cargo de privados. Por tanto, esta recomendación es contradictoria.

Finalmente, la urgente necesidad de reponer el hospital Santa Clara -que tiene un sector en estado de ruina y con riesgo de colapsar- impulsó a la Administración de Bogotá a la solución más fácil: reponerlo con las mismas características pero donde se ubica la Torre Central del San Juan de Dios, una vez esta sea demolida.

Sin ninguna explicación técnica, se decide esta alternativa con dos consecuencias muy graves para la red de prestación de servicios de Bogotá:

1) Se pierde la oportunidad de ampliar y mejorar la oferta de servicios de salud del Hospital Santa Clara que está completamente desbordada.

2) Se pierde definitivamente la oportunidad de recuperar la oferta de servicios de salud de la Torre Central del CHSJD.

En resumen, con una inversión cercana al medio billón de pesos se mantiene la misma oferta de servicios de salud y no se avanza en la solución del déficit hospitalario de la ciudad y del país, lo que significa, que continuarán los problemas de congestión, colas, demoras, calidad y barreras de acceso.

Lo más responsable en este momento es detener la demolición de la Torre Central del San Juan de Dios y evitar inversiones multimillonarias mientras no esté claro el proyecto del Complejo Hospitalario. Los costos que se pueden ocasionar producto de una mala decisión son muy altos y los valores patrimoniales no se recuperan.

La invitación para autoridades, interesados, opinadores y actores políticos es que ordenemos el debate y que por medio de un gran acuerdo, que refleje un nuevo pacto social basado en estudios técnicos y en el interés ciudadano, se defina cuál es el Complejo Hospitalario que más le conviene a la ciudad y al país.

Una vez se logre dicho acuerdo, se podrá definir el rol de cada edificio protegiendo los valores patrimoniales del Complejo, independientemente de su grado de conservación (2 o 3), ya que gracias a los adelantos de la tecnología, hoy es posible prestar servicios de salud con altos estándares de calidad y eficiencia en edificios nuevos y antiguos, como el caso del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, de Barcelona (España).

El problema de fondo respecto al futuro del Complejo Hospitalario San Juan de Dios es un asunto ético que pone en tensión cuánto se valora la vida, el patrimonio y los negocios.

[1] Recomendaciones a la ciudad sobre el Complejo Hospitalario “San Juan De Dios”.

[2] Tuit de María José Pizarro.

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