Opinión

Gente del común

Duane Hanson se dedicó a esculpir los mundos comunes de su sociedad. Los comportamientos, los gestos, vestuarios, la simplicidad absurda de vidas desgastadas por la soledad

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agosto 01, 2020
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Gente del común
Duane Hanson, Viajero, 1988

Duane Hanson hace parte de este repertorio humanos que hemos estado visitando en estos meses de peste. Las diferentes maneras como podemos acercarnos a una realidad y este artista norteamericano lo hace de verdad.

Como los podemos observar en los museos de cera donde inmortalizan personajes del mundo, presidentes, reyes y reinas, Hanson se dedicó a retratar los mundos comunes de su sociedad. Ver en ellos los comportamientos, los gestos, vestuario, accesorios, la simplicidad absurda de vidas desgastadas por la soledad.

Duane Hanson nació en Minnesota en 1925 y vivió casi toda su vida, en el sur de la Florida. Vivió en medio del movimiento Pop que iba en contra de la corriente absolutista de Expresionismo abstracto pero,  él llegó a proponer el Realismo del siglo XIX de su época. Eso sí, como el Pop sin tomar mucha distancia crítica de la sociedad de consumo. Pero acá, no se ve el consumo de las latas de sopa Cambell de Andy Warhol, sino que desde su cámara mira a los consumidores que después serán sus personajes  sin carne y hueso pero con el alma pegada a su cotidiano mundo. El norteamericano común y corriente.

 

Turistas II, 1988

El proceso de inventarse el aspecto de sus estatuas realistas, fue un trayecto difícil que le tomó tiempo en logarlo: utilizó varios materiales como fibra de vidrio, poliéster, policromado en acrílico hasta que llego en los años 60  a encontrar la manera de que sus seres estuvieran de acorde con esa las cualidades de la apariencia humana. Seres que sorprenden cuando uno se encuentra: son la irrealidad de la realidad en medio de de los museos, por ejemplo.

Robert Musil, el escritor austriaco que se alimentó siempre en la desesperanza y llegó llegó a su ensayo sobre “La estupidez” en donde concluye con sus reflexiones  donde asegura que “obra tan bien como puedas y tan mal como sea necesario”. En ese entorno tuvieron espacio los seres de Duane Hanson. Seres limitados a una vida interior pobre y con la virtud de no tener como objetivo nada más allá de lograr su cometido dentro de una sociedad autosuficiente como los son sus turistas en verano, retirados, dentro del esquema de la común comodidad de los tenis y las medias, el confortable pantalón corto comprado en rebaja, la camiseta deportiva o la camisa de palmeras y en donde el mal consumo se traduce en obesidad chatarrra. Y, estén a donde vayan son simple causa normal de sus mundos, porque el artista los saca de contexto, van solos o acompañados de la otra infinita soledad a la que están acostumbrados. La actitud del turista es casi siempre de agotamiento. Ver sin mirar, pero con el recurso de la memoria fotográfica que, para creérselo, se los mostrarán a los vecinos en una cena casual de hamburguesas.

 

La señora del supermercado, 2013

 Son seres tan híbridos como desinhibidos. Siempre cargando las bolsas de compras que dan el sentido a la vida común. Empobrecidos, sin la necesidad de conocimiento  y su sabiduría inmersa en el desierto donde solo queda consumo.

En el aeropuerto de Tampa, Orlando, hay un turista de Duane Hanson. Un hombre cansado tirado en el suelo, se acomoda con sus maletas baratas, con sus tenis en primer plano. Agotado, agobiado, despeinado y sucio hace parte de su repertorio y muestra todos los síntomas de que ha estado en la comarca en donde reina la uniformidad  de la sabiduría. El ser humano comprimido la sociedad a lo ha acostumbrado.

 

Mujer comiendo, 1971

Otra igual puede ser la Señora comiendo de 1971. Sola, en una cafetería cualquiera donde en la mesa tienen los utensilios invariables: el azúcar entre un mecanismo de vidrio que ahorra consumo, el servilletero que mide la hoja delgada que se usa,  el cenicero de vidrio –de aquella época dónde no existía en Epoc- y, ella sentada sola, acompañada de revistas viejas, con sus zapatos sucios y sus medias de siempre, sola, despreocupada y desarreglada come helado tras helado mientras lleva un reloj que cuenta las horas del presente, mientas el tiempo pasa en una inactividad insignificante.

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