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Héctor Abad Faciolince y su salida en falso contra Gustavo Petro

“Todo parece indicar que las elecciones que se aproximan caldearán los ánimos y llevarán al fanatismo a su máxima expresión”

Por: Juan Mario Sánchez Cuervo
Febrero 12, 2018
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Héctor Abad Faciolince y su salida en falso contra Gustavo Petro

Nadie puede negar que Héctor Abad Faciolince es un gran escritor. Yo mismo venero una de sus obras: El olvido que seremos. Pero ni su calidad literaria ni su importancia en el ámbito intelectual del país lo autoriza para que ataque velada, pero muy astutamente, las pretensiones políticas de Gustavo Petro. En el pasado despotricó de los maestros con altivez y soberbia; denigró del teatro, un género sagrado al que están ligadas todas las expresiones artísticas, particularmente la literatura; también defendió con argumentos contradictorios y enmarañados las corridas de toros…, etc. Con su última salida en falso se pasó. Sobre todo porque despotrica de Petro al citar las palabras del finado Carlos Gaviria, palabras que un ilustre difunto no puede respaldar. Tal vez la imperiosa necesidad de publicar cada ocho días en una columna de un periódico prestigioso, obnubile el buen criterio y la inteligencia y hasta el sentido común a la hora de escribir un artículo de opinión… pero el trino reciente en su cuenta de Twitter no tiene presentación, máxime que se enfrasca en un rifirrafe con un personaje público que se proyecta como un candidato serio a la Presidencia, lo que, como es obvio, levanta una densa polvareda. Aunque levantar polvaredas es lo suyo, típica actitud de un ego rimbombante, como cuando protagonizó peleítas con el señor Uribe, peleítas de farándula, por supuesto.

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En algún medio importante leí con asombro que Héctor Abad Faciolince era un hombre de izquierda. Nuestro brillante periodista y escritor no fue nunca de izquierda, ni lo es, ni lo será. No tiene mentalidad de izquierda, ni su actitud, ni sus escritos tienen el más leve olor a izquierda… ni de la moderada ni de ningún color. El mencionado trino lo ubica en el lado que le corresponde respecto a la dualidad izquierda-derecha, siendo muy respetable su decisión; y que asuma una u otra postura ideológica no lo hace ni mejor ni peor persona: es libertad democrática y punto.

Por otra parte, Héctor Abad es un consentido de los medios de comunicación, por eso todo lo que escriba, diga o haga dará de qué hablar, ¿privilegio o infortunio? Un poco de lo uno y de lo otro, creo yo. Pero que ahora este peso pesado de lo mediático se una a otras voces de la élite política y de los emporios económicos para generar desconfianza en el futuro de Colombia, en la eventualidad de que Petro alcanzara la presidencia, ya me huele a podrido. Colombia no se fue al abismo en doscientos años de “los mismos con las mismas”, ni con el terrorismo del narcotráfico y de todos los grupos al margen de la ley, ni con una corrupción sistemática y continua desde hace décadas. Entonces, ¿por qué suponer que un solo hombre, que actualmente lidera las encuestas, nos llevará al abismo? Al menos eso insinúan los voceros de las élites, cuando pronuncian el recontratrillado binomio que surge de mezclar el nombre de un dictador cubano con el de un expresidente venezolano, ambos fallecidos. Qué creatividad la de Héctor Abad: convoca el espíritu de un expresidente fallecido, y la de tanto prohombre que se llena la boca con ese detestable neologismo que pareciera más temible que el virus del ébola, el sida, la peste bubónica y el infierno mismo.

Todo parece indicar que las elecciones que se aproximan caldearán los ánimos y llevarán al fanatismo a su máxima expresión. Máxime cuando después de muchas décadas un candidato de izquierda se perfila como favorito. Por eso, la salida en falso de Abad Faciolince no aporta nada y más bien exacerba las pasiones en la antesala de la contienda electoral. La prudencia por parte del escritor y periodista hubiera evitado la reacción negativa de los petristas, los cuales ahora, en aras de la tolerancia, y el respeto a la opinión ajena deberían cesar en sus insultos y retaliaciones en contra del famoso escritor colombiano el cual, se acepte o no, le dejó al país, con El olvido que seremos, uno de los más bellos escritos en lengua castellana. A la necedad de alguien se debe responder no con agresividad, sino con categoría, gallardía y comprensión.

Por último, como si fuera un exorcismo medieval, renuncio al código del miedo que nos quieren meter por ojos, oídos, piel, boca y nariz. Y al virus del miedo, que es harto contagioso, si hay que tenerle respetico. Como también renuncio al temor de que este artículo que hago público me acabe de cerrar las puertas en los importantes periódicos, en las pasarelas intelectuales y académicas, y en las grandes editoriales de mi país, puertas y ventanas de acceso que de un tiempo para acá me son negadas: aquí hay “señores de los cielos” que quitan y ponen y eligen a dedo.

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