Hacia la construcción de un manifiesto por la ciencia colombiana

Es necesario crear un lugar de encuentro en el que entre todos podamos compartir nuestras miradas sobre qué significa ser investigador en este país

Por: JAIME ANDRES PEREZ-TABORDA
julio 01, 2020
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Hacia la construcción de un manifiesto por la ciencia colombiana
Foto: Pixabay

Inicio este artículo de opinión asumiendo las mismas responsabilidades que en su momento había dejado claras en el artículo titulado ¿Cómo está participando la academia en los grandes debates del país? publicado en este mismo portal en agosto 20 de 2019. Dejo nuevamente constancia que las opiniones expresadas aquí son mi responsabilidad como autor y no necesariamente reflejan la posición oficial de las instituciones y/o organismos en los que trabajo o represento.

En ese mes de agosto del año anterior a la pandemia, muchos compartíamos la sensación que la academia colombiana no estaba a la altura de los grandes desafíos que tenía el país. En ese momento la emergencia en Hidroituango, el puente Chirajara en la vía al llano o el Premio Nacional de Talento Joven María Juliana Ruiz (en honor a la primera dama de la nación) era lo que nos despertaba ese sentimiento que las cosas no iban bien en esa voluble relación academia-sociedad. Desde ese mes de agosto, ya se comenzaba a enunciar el nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación que debutaría el 24 de enero de 2020 [1] (con un presupuesto anual de $392.363 millones [2] distribuido como se ve en la imagen más abajo). El nuevo minciencias se presentaba como la respuesta definitiva a los reclamos de la sociedad en lo que se refiere precisamente a la Ciencia, Tecnología e Innovación del país. El presupuesto general para el 2020 fue de 271,7 billones de pesos [3] por lo que para el nuevo minciencias se destinó el 0.14% del presupuesto total de la nación para el 2020.

Imagen accedida el 27 de junio de 2020 [4]

La baja financiación que históricamente ha tenido la ciencia en Colombia refleja el menosprecio y el bajo nivel de importancia que como sociedad hemos dado al quehacer científico. Pero ahora, en una sociedad en la que el COVID-19 ha irrumpido y a su vez ha frenado en seco todo nuestro aparato productivo y de consumo, nos hemos encontrado de cara con una dolorosa realidad: nuestra supervivencia depende del pronto desarrollo científico de una vacuna para este nuevo SARS-CoV-2. Como sociedad solo queremos pensar en aquello que llaman la “nueva normalidad” y la sociedad pos-COVID-19. Queremos evitar los pasos intermedios en el que la ciencia a través del método científico llegue finalmente a las vacunas necesarias.

La pregunta es, ¿somos conscientes como sociedad que llegar a esta vacuna es solo posible si hemos invertido en décadas anteriores suficiente presupuesto en ciencia? Casi a la par que el país empezaba la cuarentena Minciencias anunció la Mincienciatón [5]. Una iniciativa que con $26.000 millones pretendía apoyar a proyectos de investigación sobre COVID-19. ¿Es esta la forma en que llevaremos la Ciencia en el país? ¿Así será el operar del ministerio cuando tengamos las consecuencias del cambio climático? ¿Actuar por reacción y no por planeación? Para quienes hemos escogido la carrera científica como una opción de vida, una de los grandes paradigmas que más nos cuesta comunicar son los tiempos de la ciencia. A diferencia de otros sectores de la sociedad en donde los tiempos se pueden acortar con inyecciones de presupuesto, los tiempos de respuesta de la ciencia son dependientes de factores difíciles de controlar como importación de equipos o insumos, contratación de personal, un ciclo retroalimentado dentro método científico… en fin. Grandes presupuestos significan equipos, insumos y salarios para personal científico. Pero no significa comprar tiempo y menos es una garantía de “obtener el producto por el que se ha pagado”.

Por supuesto que hay muchos puntos de vista y miradas sobre los temas de ciencia-sociedad y cómo estos se articulan. Iniciativas como la European Council of Doctoral Candidates and Junior Researchers de la que hice parte como representante por España entre 2013-14 han abordado estos y otros temas. Muchos nos hemos preguntado entre otros muchos temas sobre si es posible que en Colombia podamos llegar a tener una ley de ciencia que contemple entre otros:

1. Presupuesto estable, adecuado y acorde con los retos que como país tenemos en Ciencia, Tecnología e Innovación

2. No más becas para los profesionales. Si a contratos laborales en el caso de profesionales cursando maestría o doctorado con pagos de sus prestaciones sociales. Retener el talento joven formado y recuperar la diáspora de científicos colombianos en el exterior.

3. Meritocracia en la carrera investigadora y en la vinculación a la carrera docente dentro de las IES.

4. Participación activa de la academia en la toma de decisiones en temas tan trascendentales para el país como el fracking, glifosato, la gran minería, incluyendo la de metales preciosos, la deforestación para la ganadería, los medicamentos genéricos, las patentes con las farmacéuticas, la importación y/o el desarrollo de equipos biomédicos y un largo etcétera…

5. Integración de la ley de ciencia en la agenda política del país. Definición de unos ejes científicos claros que integren la academia con la realidad del país.

Recientemente, el pasado 5 de junio el Senado de la República aprobó el proyecto de ley 195, de 2019 [6], “por medio del cual institutos y centros de investigación reconocidos por Colciencias, estarán autorizados a obtener registro calificado de programas académicos de maestría y doctorado y se dictan otras disposiciones”. ¿Estamos preparados en Colombia para que los centros de investigación ofrezcan doctorados y maestrías? ¿Esto es lo que en realidad necesita el país? O esto responde a la necesidad de elevar la relación de 16 doctores por cada millón de habitantes que actualmente tenemos y que nos tiene rezagados en los rankings de la OCDE [7]. Mejores números, pero ¿la calidad?

Es necesario que como país construyamos una ley de ciencia en donde se desligue la ciencia de los vaivenes políticos y los ciclos electorales. Políticas científicas donde se prioricen los programas de formación de personal científico y en donde la inserción del personal científico formado sea sostenible en el mediano y largo plazo. No podemos permitir que continúen las malas prácticas de algunas IES en donde se ofrecen cursos de extensión como “estancia postdoctoral” asaltando a incautos que creen que un postdoctorado es un título académico más.

Son tantas preocupaciones que como sociedad tenemos al respecto que es precisamente por lo que comparto esa sensación de la necesidad de comenzar a construir un nuevo manifiesto por la ciencia para Colombia. Un lugar de encuentro en el que entre todos podamos compartir nuestras miradas sobre qué significa ser investigador(a) en Colombia. Ciertamente muchas iniciativas similares se han llevado a cabo en el país y en la región en el pasado. Algunas más exitosas que otras. Quizás la única diferencia de este nuevo ejercicio de catarsis es que estamos en otros tiempos; quizás ahora como sociedad si le demos el lugar que es debido a la ciencia.

Le trabajamos al #manifiestoporlaCienciaColombia [email protected]?

[1] Ley 1951 del 24 de enero de 2019

[2] La ciencia en cifras

[3]Decreto del Presupuesto General de la Nación

[4] La ciencia en cifras

[5] Mincienciatón

[6] Senado aprueba que centros de investigación ofrezcan doctorados y maestrías

7] Education at a Glance 2019 - OECD Indicators 

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