"Hacer fila es de tontos y respetar los derechos de mamertos"

"En Colombia abundan los falsos revolucionarios que protestan dañando Transmilenio, se toman duchas de dos horas y contaminan las calles con los cigarrillos que se fuman"

Por: Sergio Buitrago Merchán
febrero 28, 2020
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Foto: Twitter @DIEGOVARON14

Hacer fila es de tontos, respetar las normas es de necios y hacer valer mis derechos y los de los demás es de mamertos. Es la triste realidad, si se le puede llamar así, del pueblo colombiano.

Antes de seguir, si gusta tener un abre bocas previo al siguiente texto, lo invito a escuchar la conferencia de Jaime Garzón realizada en 1997 en la ciudad de Cali, cuyo link está a continuación: https://youtu.be/uj4C4pHOLWY

Empecemos partiendo del dicho: "El vivo, vive del bobo". Este primer individuo abunda en las calles, para no irnos tan lejos, de Bogotá. Quien no ha visto ese hombre o mujer que heroicamente hace daño al sistema colándose en el transporte público y no respeta las filas. Un acto de protesta sumamente valeroso.

O quien no ha visto ese caudillo ambiental que ayuda a plantar árboles de plástico y poliestireno lanzando su basura a la calle. Belleza pura.

Estos y otros héroes del día a día conforman esta grandiosa liga de la justicia, la cual demuestra que tal vez Colombia, sea uno de los mejores, si no, el mejor vividero del mundo. Este es un país que ha pasado por conflicto interno, corrupción, escándalos graves en materia legal. Sin embargo, se dice que  es uno de los países más felices del mundo, y pese a lo que muchos pesimistas digan, puede sea así.

El colombiano del común, del demasiado común (independiente de estrato, sexo, orientación sexual, etnia, etc.) llamado iguazo según las sátiras del Siguiente Programa, vive cada día en un mundo cuasi perfecto, simplemente importándole el mismo y tal vez, su círculo social.

Esto afecta al resto de individuos externos, pero ¿es triste? No necesariamente; aunque nos cueste aceptarlo, tenemos un componente de vivos en mayor o menor medida, utilizado en ciertos espacios que inclusive son tan del diario vivir que se nos hace socialmente correcto.

También tenemos herramientas para aparentar supuesta empatía y sentimiento de protesta, tales como las redes sociales. Cada día que abrimos una encontramos miles y miles de rechazos y condenas hacia las injusticias sociales, políticas y ambientales que nos afectan. pero es en realidad hipocresía, una necesidad de lanzar a los demás la culpa y lavarse las manos haciendo de cuenta que esto no es mi asunto.

El pueblo colombiano tiene garras y colmillos para pelear en redes sociales y en el caso de algunos ridículos revolucionarios, (ojo amigo lector, considero justas la mayoría de causas sociales defendidas por la izquierda) para destrozar bienes públicos y privados. Pero son dulces conejitos cuando se trata de defenderse frente a los llamados vivos, que a diario sin problema alguno les pasan por encima y prefieren callar.

Abro un paréntesis para decir: no hay revolución más grandiosa que la que empieza por uno mismo. Defender a una línea política o a un caudillo, de cualquier partido, sin acciones de mejora de mi parte para demostrar mi discurso, me vuelve un iguazo más. Pelear por la deforestación en el Amazonas lanzando basura a la calle y tomando duchas de dos horas, tiene el mismo efecto. Hay que actuar con nuestras palabras como base, para que no se queden en eso.

Colombia es un país de vivos-bobos, vivos que facilitan destruir el poco orden que existe, y bobos porque padecen eventualmente de las consecuencias de sus acciones.

Esta es la "triste" realidad. Pero se hace tan rutinario el auto atropello que ya ni lo percibimos. Se nos olvidan las groserías de los vivos que quisimos enfrentar, nos asusta decirle a otro que está actuando mal, y lo que si es triste, es que la autoridad solo existe para echar chisme y estar metido en  WhatsApp.

Este es mi primer artículo en la plataforma, pido disculpas al lector si ha pasado penas intentando interpretar mi tesis. Fue necesario escribir esto porque estoy cansado de hacer filas y ver que llega otro a armar una fila paralela, de ver gente que contamina con tranquilidad, de ver falsos revolucionarios.

Quiero finalizar este artículo con lo siguiente: Colombia es uno de los  países más hermosos del mundo. Tenemos más área que Japón o España y seguimos siendo país tercermundista, aunque tenemos buenos profesionales y los recursos naturales. Tenemos todo para ser potencia, pero necesitamos un cambio total en nuestra forma de pensar, ricos y pobres. Buen día.

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