Hace mucho que no escribo..

Dice Stephen King que si quieres avanzar, debes escribir al menos dos mil palabras por día, pero olvida que la mayoría no vive ni siquiera parecido a él

Por: Luis Roberto Hernández
Mayo 09, 2019
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Hace mucho que no escribo..
Foto: Pixabay

Hace mucho tiempo que no escribo, no sé qué es volver a tomar un lápiz. No huelo de cerca su grafito, ni tampoco me pica la basura que deja al sacarle punta. No me preocupo por si soplan la cuchilla para que pierda su filo. Las minas y las tintas siguen intactas. Dos lapiceros se han estallado por dentro de mi maletín debido al movimiento que produce el trajín diario, se aburrirían de hacer cola y el transporte tampoco ayudaba. Las letras que algún día me acompañaron, ahora caminan junto a otras almas. Las teclas han borrado sus respectivos caracteres.

Miro al cielo y quisiera escribir algún verso, una estrofa, un estribillo, algo que me identificara con ese momento despreocupado por estar alejado de la escritura, no presto atención a los detalles de esta circunstancia. Me he enredado al navegar las profundidades de la web, me distraigo al mismo tiempo que trato de encontrar sobre qué contar sin llegar a la necesidad de ahogarme. He mezclado los géneros, los formatos, las ideas se me cruzan al azar; hoy inicio un párrafo, mañana ya no existe.

Los poemas que pudieron ser canciones se han perdido en los errores y aciertos de la vida. Quién sabe si pudiese arrancar de alguna manera como antes, motivaciones tengo y de sobra, pero también tengo obstáculos que no me permiten avanzar por las líneas que tracé y quiero adornar. El botón de suprimir y el borrador ahora son aliados, pero con reservas, sé que en algún momento me pueden jugar en contra.

Me siento frente a la pantalla, no le tengo miedo a la hoja en blanco, no me intimida la barra intermitente que me espera para plasmar mis pensamientos en un papel o un documento abierto. Las historias permanecen como atleta en pista de arranque, ansiosas hacen antesala de lo que pueda ser un gran relato luego del disparo de inicio que aún no se activa.

Tal vez sea que no encuentro un tema nuevo, pero no puedo dejarme ganar de ese pensamiento mediocre de que todo ya está hecho. ¡Me niego a caer en ese abismo! Debe haber algo innovador por descubrir o por demostrar.

¡Está bien! Se hace la copia o mejora de algo que ya estaba, pero esto sin querer se convierte también en algo novedoso para el público, puedo combinar dos notas de música diferente y sacar otra tonada a las que ya se conocen, de pronto pueda hacer lo mismo con lo que escribo, combinar y sacar lo mejor de mi creatividad o inteligencia, pero ¿cuál es el punto, incentivar, motivar o que logro con esto, podría posar de pretencioso, de prepotente o quizá allá afuera encuentre un impulso a no desfallecer con quién pose como mi lector? Puede que tenga juicios de valor frente a mi obra, actúe como espectador crítico, haga sus comentarios constructivos o hirientes, pero que también realice aportes al choque intelectual.

Tengo en cuenta las lecciones de Picasso para volver a tomar la pluma, la inspiración debe encontrarnos trabajando, pero a Pablo se le olvidó decir que era en lo que de verdad deseábamos y no en lo que nos tocó por desdicha. De qué sirve tener una profesión si por obligación y necesidad hay que aprovechar cualquier oportunidad laboral que se aparezca en frente así no se tenga la mínima idea sobre dicha actividad.

Dice Stephen King que, si quieres avanzar y tener tu obra lista, debes escribir al menos dos mil palabras por día, pero el papá de Carrie olvida que la mayoría no vive ni siquiera parecido a él con todas sus comodidades. Somos gente que debe preocuparse por responsabilidades, los sueldos que se reciben no alcanzan para concretar los sueños, que hay que ahorrar un largo rato para conseguirlos y en ese lapso, los que están alrededor nuestro se pueden llegar a cansar de esperar.

Estoy pendiente por volver a escribir, lo que fuera, un libro, una oda, un poema, algún guion aplazado que tengo refundido entre páginas, quisiera transformarlo en una historia narrada en imágenes, algo que me llevase de nuevo al éxtasis de una obra concluida. Transportar desde las letras a los planos mis historias y que la gente las pueda apreciar o destruir, puede ser ahora o en el mañana, solo es cuestión de tiempo y paciencia diría cualquiera, pero intervienen más factores para poder cumplir a carta cabal con este proceso creativo. Habrá que cambiar el lápiz…

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