Hace 14 años fueron asesinados dos estudiantes de la Universidad de Cundinamarca de Girardot

En medio del paro estudiantil, en la madrugada del viernes 10 de octubre, Indira Tapiero y Ricardo Hernández murieron. Este hecho permanece impune hasta nuestros días

Por: Leonardo Serrano
octubre 10, 2017
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Hace 14 años fueron asesinados dos estudiantes de la Universidad de Cundinamarca de Girardot
Foto: Universidad de Cundinamarca

Parte de nuestra generación, en paso por la Universidad de Cundinamarca asumió bellamente el promover una universidad participativa, solidaria con las comunidades e inspirada en el bienestar de las generaciones futuras. Ese fue el caso de Indira Vanessa Tapiero, estudiante de séptimo semestre de Enfermería y Ricardo Andrés Hernández, estudiante de décimo semestre del programa Administración del medio ambiente. En la madrugada del viernes 10 de octubre del año 2003 fueron cegadas sus jóvenes vidas en un hecho que permanece hasta nuestros días en la infame impunidad. Recuerdo las palabras amables de Indira con las personas, su alegría característica y el esfuerzo para avanzar en el programa de estudio. Ricardo, por su parte, era un poco más retraído, pero no menos activo, popular y generoso, próximo al título en su carrera.

El mes de septiembre fue de actividad mayúscula del estudiantado en la universidad, pero el mayor peso fue sobre la seccional de Girardot, quien por primera vez protagonizó las justas reclamaciones para mejorar las condiciones de la institución y de la educación púbica. Se sumaron a la seccional de Girardot, la sede principal de Fusagasugá y la extensión de Facatativá. El paro estudiantil generó un pliego estudiantil conjunto, al cual la administración se negó rotundamente, llevando casi a un mes de suspensión de actividades en la institución. Comisiones de estudiantes participaron activamente, discutiendo los temas, proponiendo y socializando en los distintos espacios, así como en las diferentes ciudades donde tenía presencia la universidad.

Hubo consultas internas del estudiantado para dar continuidad o suspender el paro. Incluso, en la mesa que se reunió con el rector para llegar a acuerdos, se permitió una representación de estudiantes que se manifestaron en contra del paro, con garantía de voz y voto. Se presentaron propuestas de reglamento estudiantil garantista, frente al reglamento estudiantil represivo. También, propuestas frente a los contenidos curriculares de los programas académicos, propuestas de proporcionalidad de la representación de estudiantes y de docentes en los diferentes organismos Estatutarios, frente a la descompensada e injusta mayoría que tienen los directivos en esos organismos. Así mismo, se solicitó la participación directa de la comunidad académica en la elección del rector; la contratación de docentes de planta dedicados a la investigación y a fortalecer los procesos académicos; la generación, ampliación y dotación de bibliotecas, así como laboratorios suficientes, y se hizo comisión técnica conjunta para la disminución de los costos pecuniarios y el tema de matrículas.

Al estudiantado en su proceso se le hizo diferentes hostilidades, desde la amenaza de iniciarles procesos disciplinarios, pasando por retirar el personal de aseo para aburrirlos con el tema de basuras (los estudiantes se hicieron entonces cargo de limpiar), auspicio de estudiantes contra el paro y el pliego, vigilantes asumiendo la tarea de informantes, señalamientos a los dirigentes estudiantiles, infiltración de agentes en la universidad, seguimientos y filmaciones por parte del DAS, retención y captura sin ninguna prueba de estudiantes por parte de la Policía.

Lo que se pensó como un final de forma amistosa llegó con el Consejo Superior (Máximo órgano de dirección y gobierno de la universidad), dándole la autorización al rector para acordar y firmar las solicitudes de los estudiantes. Se elaboraron y firmaron las actas, al día siguiente se socializó entre el estudiantado, así como en la comunidad académica. Acto seguido fue levantado el paro oficialmente.

El estudiantado presentó sus propuestas y cumplió su parte de forma inmediata, pero también conformó las comisiones respectivas para trabajar los temas de mediano y largo plazo. Los directivos incumplieron hasta nuestros días, cuando éramos ya una generación que salía de la universidad.

El rector se negó a hacer pronunciamiento oficial respecto al caso del cobarde asesinato de Indira y Ricardo hasta tanto las investigaciones de los organismos oficiales no dieran resultado.

Se hizo movilización estudiantil por la ciudad en rechazo de tan abominable hecho, exigiendo justicia y se rindieron los respectivos homenajes póstumos a nuestros queridos y recordados amigos.

Agradezco en nombre de nuestra generación a aquellos que espontáneamente o consecuentes con la comunidad estudiantil de la que hacen parte se adhieren a las necesarias y justas acciones de memoria histórica.

Al igual que en ese año 2003, hoy cumplidos 14 años, dedico la universidad pública a los estudiantes que demuestran el amor que sienten por su comunidad, sin ningún reparo, sin pedir nada a cambio. Quiero atribuirme la facultad de entregarles lo mejor de nuestros corazones a los hermanos mayores de todos los tiempos.

Lo digo sin complejos: Indira y Ricardo son hermanos mayores de la universidad pública de Colombia y de nuestro continente.

 

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