Hablemos de la paz que Colombia abortó

“La guerra azotó mi vida y la de mi familia, pero lo hemos superado. Tengo la convicción de que en algún momento el país experimente la paz que encontré después de 16 años”

Por: Viviana Rocio Ramirez Paez
marzo 04, 2019
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Hablemos de la paz que Colombia abortó
Foto: Pixabay

El profesor interrumpió la lección de matemáticas con un grito desesperado: ¡Agáchense! Eso fue lo único que alcancé a escuchar en medio de las balas y el ruido de la avioneta que anunciaba el enfrentamiento campal que duró más de dos horas. Mi papá me recogió en la escuela y nos fuimos para la casa donde mi mamá nos espera angustiada.

Llegamos a casa, papá tenía un compromiso cristiano al que tuvo que salir esa tarde, la zozobra del verdugo continuaba. Llegaron a buscarlo para matarlo, ya que según ellos era “miliciano”. La ira se desató en sus rostros al escuchar que no estaba. Ordenaron buscarlo hasta encontrarlo, pero como no lo hallaron decidieron huir, dejando a mi madre con sus cuatro hijos aterrorizados, paralizados, tanto que se le olvidó que cenábamos, solo encomendaba sus hijos y esposo a papá Dios.

Tres veces más lo fueron a buscar con el fin de acabar con su vida, pero nunca lo encontraron. A esto se sumaba no tener opción a la hora que llegaran nuevamente a casa y pidieran prepararles alimentos. Tocaba hacerlo temblando, con el corazón palpitando a mil de nervios. Al final, igual nos tocó salir porque lo amenazaron de muerte si no abandonábamos el lugar.

Mientras viajábamos de San Vicente del Caguán a Cartagena del Chairá, en el Caquetá, me enardecía la cobardía y la falta de paz dentro de sí mismos. Usaban a la población civil como escudo, acabando con los sueños y metas de tantos niños.

Dieciséis años después el recuerdo de esa época  todavía sigue presente casi diariamente. Hoy he despertado con nostalgia y múltiples pensamientos que retumban en mi mente: ¿qué es la paz?, ¿realmente vivo en paz o tengo paz? Me tomo la pregunta y reflexiono: ¿siento paz?, ¿al menos está en mi familia o quizás en Colombia? Al momento, mi otro yo responde: sí, Viviana, existe la paz e incluso es posible, pero necesitas reflexionar...

Alguien ha interrumpido mis pensamientos; sumida en mi diálogo, llegó a mis pensamientos sobre la paz la palabra aborto... claro, cómo no, si me encontraba enternecida. ¡Ah!, entiendo, pero me pregunto qué tiene que ver esta palabra con la paz. Ternura responde: lo entenderás más adelante, Vivi. Luego de dichas palabras surgió una frase muy conocida: nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

En cierta manera entendí, pero siento que me encuentro más pérdida; en sí Ternura sabe lo que dice, me decido a darle lugar y escuchar. Ternura continúa comentando y dice: "algunos políticos en su afán de ambición y poder han abortado la paz en diversas negociaciones que han llevado a Colombia a la crisis económica y de desesperanza, que por supuesto, sabiendo las riquezas de nuestro país en flora y fauna, como para hacerse los olvidadizos y darse de manilargos de destruirla y acabarla como si no fuera subsistencia para la humanidad, pero sí parece que se han olvidado que en este país 'violento' existen lugares hermosos, de paisajes bellos para divisarlos y dejarse llevar por su llanura, su gente alegre y carisma, además de esto pareciera que no saben el privilegio de ser parte del pulmón del mundo, la Amazonía la cual produce más del 20% de oxígeno en el planeta, ese es nuestro Caquetá".

Ahora me incluyo a opinar y tratar sobre el tema con Ternura, y vemos que muchas fuentes hídricas han desaparecido, otras están totalmente contaminadas a punto de desaparecer sencillamente porque la paz se abortó, tanto que han querido matar hasta la naturaleza. Una evidencia de esto es: en menos de dos años desapareció el río Sambingo por causa de las dragas. Tristemente Colombia está en el puesto 57 en el ranquin ambiental entre 194 países que hay en el mundo.

Ahora sí hablemos de paz... me dice Ternura. La paz que está dicha y firmada en papel, esa supuesta paz donde no hay una rendición total de armas, simplemente se cambiaron el nombre: ELN. Y en la paz del que “la hace la paga” lamentablemente no existe el perdón, menos la reconciliación. Ejemplo de ello, el carro bomba que dejó 21 policías muertos, incluyendo 62 heridos de la Escuela de Cadetes General Santander. Y otros muchos más de los cuales Colombia no se entera. Tanto desean esa paz de la cual sus bocas se jactan, aparentemente "añorada", que se olvidan de que lo único que han dejado ver es que son viles cobardes, que no conocen al menos el significado de paz. Es tanta la ignorancia que los ha llevado a abortar la paz de muchas personas inocentes e indefensas, pero bien dice el dicho popular “por pecadores pagan justos”.

¿Saben una cosa? Aún continúo aquí con mi corazón vivo, latente que grita quiero paz para Colombia, no más guerras ni muertos, no más masacres... quiero paz real para esta hermosa y única nación, pero especialmente para mi tierra bella: Caquetá. Queremos vivir en paz, rodeados de personas llenas de paz, no una falsa paz que hoy se muestra en los medios de comunicación, que sigue viva en las selvas y campos, reclutando jóvenes indefensos e inexpertos, llevándolos a combatir terminando de acabar con sus proyectos de vida, con la ilusión de ser personas ilustres dentro de la sociedad.

A decir verdad, siento como mi corazón se agita al escuchar esa voz que gritando aclama por esa paz que produce gozo, alegría, sonrisas, y permite respirar en plena tranquilidad, sin zozobra de ladrones. Y destruir esa paz que quieren arreglar con dinero, sin lealtad, transparencia, dejando para siempre las armas y la corrupción.

Llamo a Ternura y le expreso cuánto añoro la paz que inicia principalmente con crear credibilidad y confianza.

Pero, así como dijo Ternura, "nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde". Hoy puedo afirmar: verdad es, por lo tanto, no podemos permitir que esta Colombia, llena de riquezas, petróleo, flora, fauna, se destruya. Además de esto me dice Ternura: "esta Colombia llena de pasión, humanitaria, humilde, luchadora, que no ha sucumbido sino prevalecido a la guerra".

Después de todo, ¿qué respondes ternura?, ¿hay paz?

Sí, solo te invito que te traslades al tribunal de la verdad y la justicia para hablar de paz. Recordemos lo que dice Yokoi Kenji: "la disciplina tarde que temprano vencerá la inteligencia”. Esa disciplina y tenacidad, aparte de Dios, será la única que puede llevar a todos los colombianos a vivir y ser paz, porque más que un sueño u objetivo, dice ternura, es una necesidad que clama en las calles día a día, ¡no más mentiras!, ¡no más injusticia!

Hablemos de paz… Hagamos y seamos paz.

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