¿Por qué Germán Vargas Lleras no será Presidente de Colombia?

'Aunque se rumora que llegará a la Casa de Nariño en 2018, el Vicepresidente sufrirá un revés a medida que se acerque el período electoral'

Por: Carlos Andrés Galeso
julio 25, 2016
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¿Por qué Germán Vargas Lleras no será Presidente de Colombia?
Foto: Casa de Nariño

Germán Vargas Lleras es indudablemente uno de los futuros candidatos a la presidencia de la República de Colombia para el período 2018-2022. No obstante, algunas situaciones hacen previsible que la anticipada campaña política iniciada por el Vicepresidente sufrirá un revés a medida que se acerque el período electoral, eventualidades que no le permitirán alcanzar el poder absoluto que pretende ejercer desde el trono nacional.

Una de las principales razones que impedirán que Vargas Lleras sea el próximo jefe del Estado colombiano, es su extremada vanidad al creer que la chequera, el clientelismo, la maquinaria y la ingente contratación en programas e iniciativas de agua, infraestructura y vivienda, sean su base primordial para ubicarse en la Casa de Nariño. Lo anterior, porque a pesar de las obras urbanísticas y proyectos viales desplegados en todo el territorio nacional, si bien le han merecido una encomia reconocible, no menos cierto es que la población colombiana, particularmente aquella que coloca los votos, es decir la excluida, menospreciada, vulnerable y de pocas letras, es per se, amnésica, hipócrita e ingrata. Por tanto, será necesario erigir un gran andamiaje publicitario y ocupar una mesnada de líderes sociales [cuya mayoría se venden al mejor postor] para fungir como recordatorio en las comunidades sobre la labor «desinteresada» desarrollada por el loable funcionario.

Un segundo aspecto se vislumbra en un Vargas Lleras convencido de la genuflexión de los caciques, gamonales y politiqueros de la Costa Atlántica. La fidelidad que le aparentan los actuales mandatarios regionales es voluble y no es del todo confiable. No se olvide que reza un adagio popular que cita “el diablo es puerco”, y aunque el Vicepresidente hace cuentas con las estructuras políticas de las gobernaciones caribeñas plagadas por la filigrana de comprar votos el día de las elecciones, es recomendable que empiece acercarse a los ciudadanos, pues elegir presidente en Colombia no es del todo manipulable como lo simboliza históricamente una votación local. Admitiendo que la política costeña se caracteriza por el derroche de dinero, es preciso señalar que también va acompañada de carisma, y tal merced no es propia del Vicepresidente. Vargas no contará con la suerte de Santos, que por su cercanía con Uribe, muchos colombianos hicieron lo que la gran mayoría hace: votar por una mampara.

En la misma veta, el Vargallerismo no debe perder de vista, que aún no se conoce el guiño presidencial para determinada postulación y tal beneplácito santista podría inclinar la balanza en favor del subrepticio ungido. Asimismo, han de tener en cuenta que los hoy farianos se reintegrarán a la sociedad y por tanto ejercerán su derecho al voto en la próximas elecciones presidenciales; infiriendo que tal votación no irá con destino a Vargas Lleras.

A lo anterior hay que añadirle la veleidad de Vargas Lleras frente a los acuerdos de paz logrados en la Habana, el Vice se ha mantenido distante y su mínima participación en el proceso de paz advierte no estar interesado en el mismo. Aunque Cambio Radical esgrima un apoyo incondicional al Presidente Santos, es evidente que lo hacen más por el interés de la repartija burocrática y la distribución «non sancta» de recursos públicos para sacar avante el plebiscito que por reforzar la intención pacifista de procurar la desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Ahora bien, si durante las conversaciones de paz Vargas Lleras se ha mostrado ausente y con un exacerbado desasimiento, sería reprochable que en su prosapia campaña política de 2018 intentara con discursos demagogos ciertas mediaciones que coadyuvaran a finalizar el conflicto con este movimiento guerrillero.

De colofón, la arrogancia, irascibilidad y prepotencia que maneja Vargas Lleras para presentar los resultados alcanzados en el cumplimiento de sus funciones públicas aunado a los denuestos que hace a sus subalternos cuando no atienden estrictamente sus órdenes, estimando que tales actitudes infunden autoridad y respeto, lo convierten en un aspirante que alcanzará la segunda vuelta presidencial; sin embargo, al disputar la elección con la candidatura de la paz, será contundentemente derrotado.

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