En un Congreso atrapado en corrupción, votar 114 Nuevo Liberalismo es apostar por gerencia real

En Colombia la política se volvió un concurso de frases. Y el Congreso, que debería ser la sala de grandes y estructuradas decisiones de la República, terminó convertido en escenario: mucho micrófono, ignorancia, poca hoja de cálculo; mucha indignación, poca ejecución; mucho “cambio”, poca gerencia y grandísima corrupción. La mayoría “va por lo suyo” que realmente les pertenece a los colombianos.

En este contexto, el oficio de opinar no puede limitarse a la crítica. Es legítimo denunciar errores; también es legítimo proponer alternativas cuando se identifican perfiles moralmente éticos y técnicamente sólidos. En un país atravesado por una corrupción estructural y por ignorancia legislativa costosa, guardar silencio frente a opciones idóneas sería una omisión cívica delicada. Por eso, tras revisar trayectorias y propuestas, asumo una posición clara: votar por Pedro Nel Ospina a la Cámara por el Nuevo Liberalismo, por Bogotá con el número 114, es hoy una decisión razonable si se busca elevar el nivel de honestidad y profesional del Congreso.

Un Congreso lleno de oradores, vacío de ejecutores

El problema de Colombia no es que falten discursos; es que faltan diseñadores de políticas públicas viables y autosostenibles con gran impacto social, y, además, un control político propositivo. El Estado produce normas con rapidez, pero no siempre con coherencia técnica ni capacidad de implementación. Esa brecha entre ley y realidad termina castigando al que trabaja, al que invierte y al que emprende.

Pedro Nel Ospina no llega al Congreso a improvisar. Su formación académica incluye un doctorado en economía, además de estudios en finanzas y administración pública que le han permitido combinar teoría y gestión. No es un político formado exclusivamente en la arena electoral; es un profesional que ha transitado por la academia, el sector financiero y la administración pública.

Ha tenido responsabilidades en la construcción y gestión de lo público en la creación y puesta en marcha como Colpensiones, la Dian y Bancafé, donde las decisiones afectan directamente a millones de ciudadanos. También ha sido presidente de grandes compañías del sector financiero y empresarial, experiencia que implica manejar estructuras complejas, equipos técnicos y presupuestos significativos bajo estándares de eficiencia y control.

Esa combinación, doctorado en economía, experiencia ejecutiva en empresas y gestión en entidades públicas y privadas es la clave, explica por qué votar por Pedro Nel Ospina a la Cámara por Bogotá por el Nuevo Liberalismo, número 114, no es un acto emocional sino una decisión informada.

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Igualar la cancha: sentido común económico

Su propuesta central, “Igualar la Cancha”, parte de una premisa básica: que los impuestos se paguen sobre utilidad neta y no sobre ventas brutas. Es decir, si no hay utilidad real, no hay impuesto. En un país donde pequeños empresarios tributan aun sin haber generado ganancias efectivas, esa corrección técnica tiene implicaciones económicas y morales profundas.

A ello se suman propuestas coherentes con una lógica de gerente: contratación por horas con seguridad social proporcional para formalizar empleo sin destruirlo; simplificación de trámites y reducción de cargas regulatorias para emprendedores; crédito de fomento respaldado en alto porcentaje por el Estado para enfrentar el sistema informal del “gota a gota”.

Y Colombia necesita más ajustes técnicos que proclamas emotivas.

Control político sin show

El control político serio no consiste en elevar el tono; consiste en elevar el estándar. Ospina propone una ley de trazabilidad del gasto público que permita seguir cada peso desde su inclusión en el presupuesto hasta su ejecución final, identificando responsables y beneficiarios.

En un país donde la corrupción prospera en la opacidad, la trazabilidad es una herramienta estructural. No es espectáculo anticorrupción; es arquitectura institucional.

Límites en tiempos de tentaciones

En momentos en que el país discute reformas profundas y se insinúan atajos constitucionales, resulta relevante que un candidato defienda límites claros. Ospina ha expresado no apoyar una asamblea constituyente y sostiene que la Constitución de 1991 ofrece herramientas suficientes si se ejecutan con rigor técnico desde el Congreso. También rechaza la reelección presidencial y cualquier extensión de períodos, defendiendo la alternancia como principio democrático.

En tiempos donde el poder tiende a expandirse, esa postura es una señal de responsabilidad.

La legitimidad de recomendar

Habrá quienes cuestionen que un columnista recomiende votar por alguien. Sin embargo, opinar implica evaluar trayectorias y, cuando corresponde, sugerir. En un mar de corrupción y de improvisación legislativa, señalar perfiles con formación académica sólida, experiencia ejecutiva y propuestas verificables no es militancia: es ejercicio democrático.

El Congreso mediocre le cuesta al país en reformas mal diseñadas, en informalidad persistente y en corrupción sin control. Si el Legislativo es débil, el Ejecutivo se fortalece sin contrapeso.

Por eso mi invitación final es directa y consciente: si usted quiere una Cámara con gerencia, con rigor técnico y con control político serio, votar por Pedro Nel Ospina a la Cámara por el Nuevo Liberalismo, número 114, es una apuesta por método en medio del ruido.

Colombia no necesita más retórica. Necesita gestión.

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