Opinión

Yo fui la celestina de Fernando Botero (II)

El sueño de hacer realidad la enorme donación al Banco de la República tiene una historia no contada sobre cómo se eligió el sitio para albergarla

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abril 14, 2018
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Yo fui la celestina de Fernando Botero (II)
Botero y Sophia vinieron a Bogotá y con calma visitamos todos los lugares posibles, para mi sorpresa, él prefirió el viejo edificio de la Hemeroteca

Una vez Miguel Urrutia y Fernando Botero hablaron. Comenzó el sueño a ser realidad con un fax del maestro donde especificaba su larga lista de cuadros de su colección que se llamó de Corot a Barceló para darle rango de tiempo. Acá empezamos a buscar cual sería el sitio más adecuado para albergarla. Para mí el sitio más bello era La casa de la Moneda y lo hice saber con rápida anticipación, cuando vinieron Botero y Sophia a Bogotá para ver el lugar y empezar el papeleo legal de la donación al Banco de la República. Con calma visitamos todos los lugares posibles y para mi sorpresa, Fernando Botero prefirió el viejo edificio de la Hemeroteca…

La historia de casa que alberga el Museo Botero comienza en 1733 cuando se construyó el Palacio Arzobispal que, como su nombre lo indica, albergaba a los obispos que llegaban a Santa Fe de Bogotá.

Los planos  arquitectónicos fueron realizados por Bartolomé Monroy Álvarez y en las crónicas la describen como una “casa austera y sólida que, como pocas en la ciudad, contaba con una chimenea”. Al costado, se construyó la Casa de la Moneda de donde vino el nombre de la Calle de la Moneda, la que hoy conocemos, numéricamente como calle 12.

Curiosamente, Pedro María Ibáñez cuenta en sus relatos que desde el comienzo las paredes de este Palacio Arzobispal, estuvieron colgadas obras de arte. Entre ellas había cuadros del pintor veneciano Tiziano, dos pinturas de español Murillo y otra del italiano Caraccio, de las cuales desconocemos sus destinos. Aunque es inexplicable su ausencia es un precedente halagador que hace más posible una conexión artística para el lugar.

 

 

Durante el siglo XIX esta casa fue centro de actos violentos. En una asonada conservadora en 1862, la casa fue parcialmente incendiada. 24 años más tarde fueron saqueados los archivos de la curia que guardaban las noticias de los impuestos, los recaudos de la Iglesia y otros secretos de la historia de la Colonia.  En el siglo XX, el palacio Arzobispal fue incendiado en la revuelta popular el 9 de abril de 1948, día que ocurrió el Bogotazo.

En 1955, el Banco de la República compró el terreno y reconstruyó el Palacio gracias a documentos y fotos de la casa original. Una vez terminado, fue alquilado a la Corte Suprema de Justicia hasta que en 1976 se convirtió en la Hemeroteca Nacional, Luis López de Mesa. Tras la destrucción del Palacio de Justicia en 1985 por la toma del M-19, el edificio  volvió a ser la sede de la Corte Suprema hasta 1990. Fecha en que la Subgerencia Cultural del Banco de la República comenzó a realizar sus exposiciones temporales de Artes Plásticas.

 

 

En 1995 y en vista del crecimiento y la importancia de la Colección de arte, el Banco de la República comenzó una nueva adecuación de espacios para exhibir sus obras. Para mí, esa casa parecía un tren con largos espacios de exhibición, pero ese fue el lugar seleccionado.

 

Se pidieron los planos y comenzaron los nuevos planes en donde Fernando Botero tenía carta abierta para su adecuación. Empezamos a pensar. Sophia y el maestro discutían todas y las mil posibilidades de cambios y en verdad, el lugar cambió rotundamente.

 

 

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